No podemos esperar; Marruecos acecha

Con frecuencia hemos hablado de los nacionalistas teóricos. Son personas respetables, algunas muy amigas de esta Casa, que dicen luchar para que Canarias tenga el reconocimiento que se merece en el mundo y para que nosotros, los isleños descendientes de un pueblo masacrado por el invasor español, rindamos a nuestros ancestros el homenaje que merecen. Sin embargo, a la hora de la verdad no dan el paso decisivo de reclamar la soberanía para Canarias. Con su apocamiento le hacen el juego a los odiosos enamorados de la españolidad. En un mundo como el actual, constantemente cambiante, no sirve de nada dar pasos de Pulgarcito; hay que avanzar con zancadas de Gulliver.

Entre esos teóricos del nacionalismo cabe citar a Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife. Lo consideramos un hombre sensible con las realidades de nuestro Archipiélago que, sin duda, calla muchas más cosas de las que le gustaría decir. No obstante, a estas alturas no podemos seguir con medias tintas. Hemos de hablar claramente sobre el peligro que tenemos enfrente de nuestras costas. Marruecos considera que Canarias es una parte de su territorio, y se está armando. El intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri dijo en su día, con gran acierto, que las islas pertenecen a los continentes. Y así como las Malvinas son una parte indiscutible de Argentina, las Canarias pertenecen por una mera cuestión geográfica al continente africano. Es decir, a Marruecos. Ahora bien, ¿podemos consentir que un pueblo que existía en libertad antes de que Marruecos fuese un país, caiga en las garras de Mohamed VI en su delirio de completar el mapa del Gran Magreb? Triste destino el nuestro en caso de materializarse esa posibilidad. Sombrío homenaje también el que le haríamos a nuestros antepasados los guanches, si no pusiésemos cuantos medios están a nuestro alcance para evitar esta anexión.

Afirma, y acierta en lo que dice, Juan Jesús Ayala al destacar que Marruecos está llenando sus arsenales ayudado por dos países. Uno de ellos, Francia, económica y militarmente superior a España. El otro, Estados Unidos, la mayor potencia mundial. ¿Qué puede hacer el débil Gobierno de Zapatero ante una situación semejante? Sencillamente, nada. Llegado el caso, España no podrá librarnos de Marruecos, aunque quisiera hacerlo. Algo que tampoco está claro, porque con la pusilánime política exterior de Madrid todo es posible. Una vez que Ceuta y Melilla estén en manos marroquíes -acierta de nuevo Juan Jesús Ayala en sus planteamientos-, el monarca alauí fijará Canarias como su siguiente objetivo. De eso, que no quepa ninguna nuda. Ni tampoco de que España, presionada por franceses y norteamericanos, nos entregará como entregó el Sáhara en 1975. Es decir, de la forma más vergonzosa posible y con una gran calamidad sobrevenida para el pueblo saharaui.

La única forma que tenemos de evitar esta anexión es constituirnos inmediatamente en un país libre y soberano. Ni Marruecos, ni ninguna otra nación de la tierra sería capaz de invadir un país independiente, pues tal atropello le supondría enfrentarse a toda la comunidad internacional. Decimos inmediatamente porque existe un mandato de la ONU para liberar los territorios colonizados antes del año 2010. Si los canarios no aprovechamos esta oportunidad, será Marruecos quien lo haga en beneficio propio.

En definitiva, nos corresponde recuperar la soberanía que teníamos antes de la brutal conquista española. Esa es razón más que suficiente para que los nacionalistas dejen de ser teóricos de la política -o practicantes de la política pura en las Cortes españolas-, para reclamar nuestra libertad en Madrid, en Bruselas, en Nueva York y en donde sea menester. Pero también pesa sobre nosotros una espada de Damocles: la ambición del rey alauí. Cualquier devaneo en este momento supone una peligrosa pérdida de tiempo.

Editorial El Día, 17-06-2008