Cargados de evidencias
Las últimas
decisiones adoptadas por el Gobierno
presidido por José Luis Rodríguez Zapatero y los anuncios efectuados por
algunos de sus ministros recientemente vienen a acentuar aún más la desangelada
situación en que se encuentra Canarias con respecto al Estado[español].
El hecho de que las Islas se vayan a quedar con las migajas en el reparto de
los Presupuestos Generales del Estado de 2008 y que el titular de Economía y
Hacienda, lejos de rectificar, pretenda modificar algunos artículos de
Ya hemos repetido
hasta la saciedad que no se trata de romper de forma brusca con el
Estado[español], sino de apoyarse en aquellos medios que están a nuestro
alcance para que se haga justicia con estas Islas, situadas a
Algunos se han jactado
hasta la saciedad en censurar este planteamiento, que critican por
descabellado, pero lo cierto es que cada vez hay más canarios que se suman a
esta demanda y que no tienen ningún reparo en cuestionar la realidad actual de
las Islas respecto a sus relaciones con el Estado. Así, en los últimos días
hemos podido leer en otro medio de comunicación de las Islas como abiertamente
se decía que "Canarias es, desgraciadamente, una insostenible
colonia", debido a "una impuesta presencia española en nuestro
Archipiélago, sustentada por la parafernalia del aparato del Estado que opera
en Canarias; presente, por otra parte, en todos los estamentos de nuestra
sociedad, e infiltrado en casi todos los partidos políticos nacionalistas. Y
con la argucia de ir modificando el modelo político-administrativo; situación
que es apuntalada mediante el decimonónico y ya periclitado de "soberanía
política" (subterfugio legal para dar validez a la apropiación de
territorios, práctica muy común en aquella época), contrario y opuesto al
criterio emergente de "localización geográfica" consagrado en el
Derecho Internacional contemporáneo. Y para obviar este precepto, que obliga a
la potencia colonizadora, España esgrime ese manido "pretexto
constitucional", consistente en seguir afirmando que "Canarias es
española"; cantinela que no se sostiene en pleno siglo XXI, ¡se diga lo
que se diga, o se pongan como se pongan!"
No estamos solos y, al igual que la lluvia fina va calando poco a
poco, este sentimiento de rechazo a una situación del todo injusta cada día es
más evidente, aunque determinados alcahuetes prefieran hacer oídos sordos y
taparse los ojos. Cierto es que el comportamiento de determinados políticos de
la metrópoli, en lugar de aplacar este disgusto lo está acrecentando. Uno de
los ejemplos más sangrantes es el del vicepresidente segundo y ministro de
Economía y Hacienda del Gobierno de España, Pedro Solbes,
quien no satisfecho con haber ninguneado a Canarias en la negociación de los
Presupuestos Generales del Estado de 2008, donde las Islas no alcanzarán ni
siquiera la media de la inversión estatal, ha anunciado ya que está barajando
la posibilidad de cambiar
¿Cómo se puede
calificar este dislate del hombre que maneja las cuentas en el Gobierno de
Zapatero? En una primera valoración podría definirse como una auténtica
tomadura de pelo, pero si vamos un poco más allá, nos daremos cuenta de que la
actitud del ministro de Economía y Hacienda, que pasa por ser una de las
personas más sensatas del Ejecutivo socialista, refleja la poca importancia que
para el Estado tienen las Islas. Y eso no se puede consentir. Se diga lo que se
diga o se pongan como se pongan. Aquí o allá. No hay que olvidar que esos
artículos que el señor Solbes pretende eliminar
tienen como principal finalidad garantizar que la lejanía e insularidad de
Canarias, que la convierten en región ultraperiférica de
¿A qué estamos
esperando para solicitar lo que nos
pertenece y quitarnos de encima el yugo de un Estado que nos sigue tratando
como a una colonia situada a miles de kilómetros? Es hora de que los partidos
llamados nacionalistas justifiquen que lo son de verdad; no, como hemos dicho
otras veces, de diploma y manta esperancera. Y en
este sentido reproducimos un párrafo del artículo del presidente del Partido
Nacionalista Canario en Tenerife, Juan Jesús Ayala, publicado el pasado sábado
en EL DÍA bajo el título "El nacionalismo o la nación como
meta". Según el citado autor, "…la verdadera enjundia del nacionalismo
es mirar hacia delante, hacia el futuro. De ahí que la meta de cualquier
nacionalismo cívico sea ésa, la construcción de un territorio como nación. Se
sabe de las acechanzas y traiciones que han tenido a lo largo de su existencia
los pueblos para hacerse a sí mismos. No cabe duda de que el primer paso tiene
que ser la consecución de un autogobierno, lo que, a pesar de las promesas de
los que dirigen la política desde más allá, se trunca, se desvirtúa y se
adormece (ahí el ejemplo del varapalo que se le ha dado desde Madrid al
Estatuto de Canarias). Pero la realidad de los pueblos es más tozuda que los
que intentan que sea todo lo contrario".
Todo un decálogo,
tanto para los que presumen de ser nacionalistas como para aquellos que no lo
son pero están de acuerdo con que es necesario cambiar el estatus actual de
Canarias. Lo apuntamos en el Editorial publicado hace una semana, el tiempo
apremia y hay que aprovechar la oportunidad que la actual coyuntura nacional e
internacional nos ofrece para buscar una fórmula que satisfaga los anhelos de
un pueblo que se siente humillado con la conducta de un Estado colonial.
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Lo hemos repetido casi a diario, es distinto ser peninsular que ser godo.
El primero trabaja por y para Canarias, nos comprende y forma parte de nuestra
familia. Otra cosa es el godo, que sólo piensa en sí mismo y en sacar el máximo
provecho de las Islas, sin importarle nada lo de aquí. Esto los canarios lo
comprenden, salvo los perros que ladran porque EL DÍA está muy alto y ellos
están y son bajos. Entre ellos cabe destacar a tres, pedantes, petulantes,
estúpidos y fracasados, que han ocupado cargos de responsabilidad en algunos
medios de comunicación y que ahora se dedican a acusar de racista, xenófobo,
independentista y muchas cosas más a este periódico. En esta Casa hemos
soportado a un par de ellos y afortunadamente ya no están con nosotros porque
no los queríamos. Otros siguen en la profesión porque sus empresas, nobles y
honradas, no han podido deshacerse de ellos. Son periodistas godos. Sí, godos,
con las cinco letras.
Ante ciertas acusaciones queremos dejar claro un aspecto. En una cosa si
somos independentistas, en que somos independientes. EL DÍA no pertenece a
ninguna empresa ajena a este sector. Ahí sí que somos independientes y podemos
decirlo con la cabeza muy alta porque los lectores saben que nuestras páginas
están abiertas a todo tipo de opiniones, al igual que por razón, historia y
ansias de libertad, tenemos la independencia suficiente para expresar que
queremos ser nosotros mismos, personas dignas y libres. Por ello, insistimos en
que ser nacionalista no es tener un diploma u ocupar un escaño, sino es un fin,
la soberanía. A eso aspiramos, de forma pacífica y dentro del plazo que ha
señalado el mandato universal a aquellos países que dependen política y
administrativamente de la metrópoli para que puedan ser libres. Y, por tanto,
seres humanos y dignos, no sometidos a presiones, ni a mandos ejercidos desde
muy larga distancia. Ser libres, nosotros mismos.
Extracto del
Editorial de El Día, 21-10-2007