La voz de un canario auténtico

 

Los políticos canarios que se consideran a sí mismos nacionalistas, y que se presentan como salvadores de esta tierra para esquilmar al pueblo y conseguir sus votos con burdos engaños, deberían sentir vergüenza de que otros isleños, obligados a emigrar, tengan que decirles lo que deben hacer. Es el caso de Juan Pérez Lorenzo, miembro del Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario, para quien el verdadero nacionalismo canario sigue muy vivo en Venezuela, pero no en el Archipiélago. Sostiene este noble patriota, en una entrevista publicada por nuestro periódico el pasado domingo [1], que Coalición Canaria sólo defiende los intereses de unos pocos, sin apartarse del Estado español. Acertadas palabras.

También coincidimos con Pérez Lorenzo cuando afirma que "en Canarias no hay nacionalismo, y eso es algo que tenemos que tener muy claro. Por un lado, han insultado la inteligencia de nosotros, y, por otro, habrá gente cuya estructura intelectual es muy permeable, pero todos sabemos que el fin último del nacionalismo es constituir una nación, fundar una nación o dotar a una nación de Estado. Malamente, unas personas que se autodefinen como canarios, españoles y europeos pueden ser nacionalistas. En todo caso, Coalición Canaria es un partido regionalista y hasta localista, porque es un partido político que, quizás, defiende el statu quo de Canarias o de ciertas personas que económicamente funcionan en Canarias, pero sin apartarse del Estado español. En Venezuela se tiene otra perspectiva de los canarios: para, por y desde Canarias. Y aunque, si bien es cierto que hay gente que se considera española desde el punto de vista afectivo, primeramente son canarios antes que españoles". Y si los obligan a elegir, sólo canarios, añadimos nosotros. Sin embargo, no es esta la actitud de nuestros nacionalistas, cuya defensa de estas Islas se limita a planteamientos teóricos, a postergaciones timoratas o a irracionales enamoramientos de la españolidad de estas Islas. Por eso tiene que venir un canario de fuera a leerles la cartilla. Si tuvieran dignidad, dimitirían ahora mismo.

También hacemos nuestro el planteamiento de Juan Pérez Lorenzo cuando se pregunta "¿qué podemos pensar de una organización política que se dice democrática, pero que ha advertido y ha dejado patente en todos los medios de comunicación que para su próximo congreso queda terminantemente prohibido hablar de soberanismo? ¿Eso es democracia? Eso es totalitarismo político; partidocracia. Las élites políticas y partidarias están interesadas en rotar en los puestos políticos. Eso es lo que les interesa". Con la circunstancia agravante de subirse los sueldos mientras la crisis arroja al hambre a miles de familias canarias, como han hecho los diputados y diputadas del Parlamento de Canarias. Una institución cada vez más repudiada por el pueblo que, además, mantiene la infame mentira del "gran" para Canaria -la isla más desangelada de todas; la vergüenza del Archipiélago-, el orden alfabético para que Tenerife ocupe el último lugar en vez del primero, como le corresponde por su importancia, y la igualación a las demás de su tamaño en el escudo, también en contra del uso tradicional y legítimo.

Qué distinta visión tendrían los canarios de este hoy inútil Parlamento si en vez de seguir engañando al pueblo con la reforma de un inservible Estatuto, se reuniese en sesión plenaria y manifestase, sin temor alguno, que estas Islas no quieren continuar como esclavas de quienes las colonizaron hace seis siglos; que queremos mantener los lazos con España, pero en las condiciones de una nación soberana que se relaciona, de igual a igual, con un país libre.

Lejos de esta digna postura, los políticos nacionalistas sólo piensan en su propio bienestar. Por eso están dispuestos a doblar la cerviz ante los partidos estatales, con los que pactan lo que conviene para no verse privados de las migajas que les echan en Madrid, donde sólo están para hacer política pura. Ni ellos merecen ser canarios, ni Canarias se merece unos políticos como ellos.

Editorial de El Día, 22-07-2008

 

[1] Crisis e independencia