El nacionalismo de salón no tiene futuro
La alusión que
hizo, recientemente, en Cuba el presidente canario, Paulino Rivero, a los
"cinco siglos de historia" del Archipiélago resulta elocuente para
entender el concepto de nacionalismo que tienen hoy muchos políticos de las
Islas que se autoincluyen en esa línea de pensamiento: para ellos, al igual que
para el resto de los partidos políticos, todo empieza en estas islas con la
llegada de los conquistadores y lo anterior no cuenta. Ésa fue la
"perla" conceptual que dejó nuestro máximo representante político en
esa otra perla que es Cuba, la del Caribe.
O Coalición Canaria se
decide ya a definir el alcance de su nacionalismo o perderá también las
próximas elecciones y se la llevarán por delante los nacionalismos de
conveniencia, como el de
"Para dar visos
de legalidad a la española, a la ficción político-jurídica que es
Canarias, España necesita imperiosamente de esa necesaria colaboración.
Un instrumento coercitivo que, en dura ortodoxia colonialista y pura praxis
política aplicables, se convierte en un entreguista,
sumiso y denigrante colaboracionismo con la metrópoli; protagonizado,
precisamente, por las formaciones apoltronadas en el ninguneado
Parlamento de Canarias".
"España precisa
–ahora y en el futuro– de la encubridora cobertura
política de los partidos citados; ya que, desde el momento en que le falten
esos apoyos, el Estado español lo tendrá muy negro en todos los foros
internacionales. Máxime cuando en el año 2010 concluye, inexorablemente, el
plazo establecido por mandato de Naciones Unidas para finalizar el proceso
descolonizador en todo el mundo".
"El llamado
Gobierno de Canarias (expresión inequívoca de la voluntad popular) no
quiere, bajo ningún concepto, la soberanía de nuestro Archipiélago. ¡Esa es la
jugada maestra! Es más, los colaboracionistas de turno no tendrán ningún reparo
en repetir, como loros, lo que sus amos en Madrid les indiquen; y ahí radica la
ignominiosa indefensión político-jurídica de Canarias. ¡O el pueblo canario se
sacude de una vez de encima el síndrome del colonizado y destierra sus
miedos atávicos, o dejará de existir como tal!".
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Siguiendo con los articulistas, no nos valen las ironías con las que
otros se refieren al Estatuto especial para Canarias al que tantas veces hemos
aludido en estas páginas editoriales como el que necesita elArchipiélago
–que no región– en estos momentos. Un Estatuto que
contemple que la capital canaria debe estar en una isla que no puede ser otra
que la de mayor superficie y más poblada. Ese texto sería provisional como paso
previo hasta que se constituya un país soberano. Pero, hasta que llegue ese
momento, Canarias debe funcionar administrativamente
con el modelo que ha sido la envidia de otras partes del Estado. Porque creemos
que España debe permanecer unida, pero
Dentro de ese modelo
administrativo del que Canarias debería sentirse orgullosa, hay que destacar el
papel de los cabildos y, este año, en especial, el de Tenerife, que supera
todas las expectativas presupuestarias, para colocarse como la administración
local más pujante, con un 30% más de dinero que el de Canaria, como consecuencia
de una gestión más juiciosa e inteligente, y no de favores recibidos desde el Gobierno
autónomo, como han dicho allá enfrente. Baste recordar que el propio
vicepresidente del Ejecutivo actual, un defensor a ultranza de Las Palmas, su
tierra natal, ha reconocido que, desde hace bastantes años, la inversión por
habitante en los sucesivos presupuestos autonómicos ha sido mayor en su isla
que en Tenerife. Lo que pasa es que aquí se han emprendido una serie de
proyectos y asumido servicios que implican enormes desembolsos,
dinero que el Cabildo ha conseguido a través de otras administraciones, con el
siempre difícil juego de los convenios y la negociación política. Y para
muestra ahí están la absorción de Titsa, antes
propiedad del Gobierno de Canarias, y la creación del tranvía. […]
Extracto
del EDITORIAL de El Día,
23-12-2007