El nacionalismo de salón no tiene futuro

La alusión que hizo, recientemente, en Cuba el presidente canario, Paulino Rivero, a los "cinco siglos de historia" del Archipiélago resulta elocuente para entender el concepto de nacionalismo que tienen hoy muchos políticos de las Islas que se autoincluyen en esa línea de pensamiento: para ellos, al igual que para el resto de los partidos políticos, todo empieza en estas islas con la llegada de los conquistadores y lo anterior no cuenta. Ésa fue la "perla" conceptual que dejó nuestro máximo representante político en esa otra perla que es Cuba, la del Caribe.

O Coalición Canaria se decide ya a definir el alcance de su nacionalismo o perderá también las próximas elecciones y se la llevarán por delante los nacionalismos de conveniencia, como el de la Nueva Gran Canaria de Román Rodríguez y el Centro Canario Nacionalista de Ignacio González, que acaban de unirse para concurrir juntos a las urnas en marzo, aunque se trate de una contienda de carácter estatal. Sí, dentro del conglomerado del nacionalismo "oficial" de Canarias hay algunos teóricos que, desde las páginas de los periódicos, exponen, proponen, indican por dónde debería ir este movimiento político; qué objetivos debería marcarse a corto plazo y cuáles son los logros que más urgen, pero no pasan de eso, de la retórica sin acción. No se atreven a proponer acciones concretas. Otros, en cambio, al menos señalan los problemas de base que hay que remover antes de embarcarse en una auténtica estrategia nacionalista de alcance. Es lo que hacía nuestro colaborador Ramón Moreno el domingo pasado en su artículo "La necesaria colaboración", del que entresacamos algunos párrafos:

"Para dar visos de legalidad a la española, a la ficción político-jurídica que es Canarias, España necesita imperiosamente de esa necesaria colaboración. Un instrumento coercitivo que, en dura ortodoxia colonialista y pura praxis política aplicables, se convierte en un entreguista, sumiso y denigrante colaboracionismo con la metrópoli; protagonizado, precisamente, por las formaciones apoltronadas en el ninguneado Parlamento de Canarias".

"España precisa –ahora y en el futuro– de la encubridora cobertura política de los partidos citados; ya que, desde el momento en que le falten esos apoyos, el Estado español lo tendrá muy negro en todos los foros internacionales. Máxime cuando en el año 2010 concluye, inexorablemente, el plazo establecido por mandato de Naciones Unidas para finalizar el proceso descolonizador en todo el mundo".

"El llamado Gobierno de Canarias (expresión inequívoca de la voluntad popular) no quiere, bajo ningún concepto, la soberanía de nuestro Archipiélago. ¡Esa es la jugada maestra! Es más, los colaboracionistas de turno no tendrán ningún reparo en repetir, como loros, lo que sus amos en Madrid les indiquen; y ahí radica la ignominiosa indefensión político-jurídica de Canarias. ¡O el pueblo canario se sacude de una vez de encima el síndrome del colonizado y destierra sus miedos atávicos, o dejará de existir como tal!".

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Siguiendo con los articulistas, no nos valen las ironías con las que otros se refieren al Estatuto especial para Canarias al que tantas veces hemos aludido en estas páginas editoriales como el que necesita elArchipiélago –que no región– en estos momentos. Un Estatuto que contemple que la capital canaria debe estar en una isla que no puede ser otra que la de mayor superficie y más poblada. Ese texto sería provisional como paso previo hasta que se constituya un país soberano. Pero, hasta que llegue ese momento, Canarias debe funcionar administrativamente con el modelo que ha sido la envidia de otras partes del Estado. Porque creemos que España debe permanecer unida, pero la España peninsular y Baleares; los argumentos para la unidad no cabe aplicarlos a un conjunto de islas situadas a unos dos mil kilómetros de distancia del resto del territorio.

Dentro de ese modelo administrativo del que Canarias debería sentirse orgullosa, hay que destacar el papel de los cabildos y, este año, en especial, el de Tenerife, que supera todas las expectativas presupuestarias, para colocarse como la administración local más pujante, con un 30% más de dinero que el de Canaria, como consecuencia de una gestión más juiciosa e inteligente, y no de favores recibidos desde el Gobierno autónomo, como han dicho allá enfrente. Baste recordar que el propio vicepresidente del Ejecutivo actual, un defensor a ultranza de Las Palmas, su tierra natal, ha reconocido que, desde hace bastantes años, la inversión por habitante en los sucesivos presupuestos autonómicos ha sido mayor en su isla que en Tenerife. Lo que pasa es que aquí se han emprendido una serie de proyectos y asumido servicios que implican enormes desembolsos, dinero que el Cabildo ha conseguido a través de otras administraciones, con el siempre difícil juego de los convenios y la negociación política. Y para muestra ahí están la absorción de Titsa, antes propiedad del Gobierno de Canarias, y la creación del tranvía. […]

Extracto del EDITORIAL de El Día, 23-12-2007