Nuestros principios frente a quienes nos atacan
[…] EL DÍA sigue su línea de concienciación nacionalista basada
en factores como el patriotismo y el entendimiento del alma canaria, ese sentimiento
que no se ha extinguido con el paso de los siglos, a pesar del castigo que
sufrieron los aborígenes; al contrario, cada vez se recuerdan más los orígenes
y cómo sobrevivió el espíritu de aquellos hombres. Pues bien, ante estas
nuestras razones, los políticos de Las Palmas y sus falanges en Tenerife el
único argumento que esgrimen son las amenazas, más o menos veladas, los
fiscales, la policía, las descalificaciones... Incluso políticos de altura se
prestan a esa estrategia. Y bien saben nuestros lectores que aquí odiamos las
tácticas de amedrentamiento que parten de políticos y
periodistas y que recuerdan los tiempos de represión que ellos dicen denostar
tanto, los del Caudillo.
Personalmente, la
cabeza de la empresa editorial de EL DÍA siempre ha seguido las pautas
marcadas por Leoncio Rodríguez, el fundador víctima de una dictadura que le
arrebató su periódico en 1939, y que siempre cantó a la defensa de Canarias
dentro de una línea política de prudencia, y no se ha desviado de ellas. En
esta Casa hemos pasado por duros avatares con los distintos periodos políticos
que se han sucedido desde entonces y hasta sufrimos el secuestro de la
publicación por culpa de una opinión ajena. Fallecido el fundador, en 1955, y
reinando en el periódico determinado director al servicio de Falange, José
Rodríguez, su actual editor y director, inició el rescate del periódico, de su
línea y su independencia profesional, sufriendo por ello amenazas y hasta una
orden de prisión, que, afortunadamente, no pasó de la retención en un despacho
de abogados. Pero consiguió que los que habían despojado a los herederos de su legítimos derechos al control sobre su empresa cedieran y
devolvieran el poder.
A partir de entonces
se inicia una lucha por dar prestigio al periódico y ha sido la época de José
Rodríguez, como gerente, editor y director –sobre todo, lo segundo–
la que ha servido para dar ese impulso, ayudado por sucesivos colaboradores
–excepto uno que intentó suplantar su figura ante los poderes públicos y ante
la sociedad en general–.
De manera que EL
DÍA siempre ha sido un medio que rezuma
patriotismo en sus páginas, tanto en las épocas duras como en las
"maduras". Esta Casa siempre fue "conservadora", es decir,
estuvo por el respeto a la familia, el trabajo, la religión, el orden... ese
tipo de valores que cada vez se llevan menos y, sin embargo, son esenciales en
la vida de las personas. Y, en paralelo, el periódico siempre estuvo pendiente
de aplicar los avances de la tecnología en prensa y mimando su política social,
hasta el punto de que se puede decir que practica un socialismo humanista (que
no tiene nada que ver con el de corte político que se impone desde Las Palmas
en y contra Tenerife). No ha habido otro norte que este que decimos.
EL DÍA y la familia que lo compone se sustentan en
profesionales del periodismo, en gente arraigada desde generaciones en el mundo
de la prensa, sin conexiones ni intereses extraños al mismo, como el de la
construcción, la hostelería o cualquier otro tan respetable como el que más, pero
ajenos por completo a los intereses de los medios de comunicación. Sectores,
por cierto, que siguen hoy tratando de controlar el capital de los medios de
comunicación en Canarias y, muy particularmente, en Tenerife.
Cierto periódico que
defiende a su isla, aunque tenga poco que defender, digamos que actúa con amor
a su tierra, ha publicado estos días un suelto haciendo algunas afirmaciones
falsas y, por lo mismo, ultrajantes para esta Casa. Dice que se va "el
corazón" de EL DÍA. Y esto lo habrá dicho porque un redactor mimado
por nosotros no se resigna a ser cola de león y quiere ser cabeza de ratón.
Allá él, joven impaciente que no ha sabido esperar. Allá él, lo va a tener
difícil porque será manejado por amos que no pertenecen al mundo de la prensa.
A ver qué trato tendrá que aguantar. Y lo peor es que en su ambición ha
arrastrado a otro redactor, que, éste sí, sabe escribir –el ambicioso no– y a un empleado de talleres. Los tres, afortunadamente,
son prescindibles, porque el espíritu que anima esta empresa y su fuerza de
trabajo continúan incólumes, y ése es el verdadero
corazón de este periódico. Por tanto, lo que ha publicado ese medio canarión no es más que su recurso al pataleo porque quiere
atenuar su fracaso tratando de herir a un competidor que, en estos momentos, lo
supera en número de lectores.
Y ahora una aclaración
que ya ampliaremos: EL DÍA seguirá siendo prudente en su línea y no se
siente obligado por nada ni por nadie; lo que sí hace es respetar todas las
opiniones ajenas que aparecen en sus páginas sin que eso signifique que las
suscribe. Por tanto, si Antonio Cubillo u otros escriben artículos, allá ellos
con sus opiniones. Aquí las aceptamos todas, a no ser que ataquen frontalmente
nuestra línea de defensa de esos valores que antes definíamos como
"conservadores". Por supuesto, EL DÍA también sigue una línea
nacionalista. Es lo que cree que le conviene a Canarias en estos momentos y
estimamos que, por no tener suficiente fuerza esta ideología en la actualidad,
Tenerife y otras Islas están bajo el dominio político de Las Palmas y sus
dirigentes. Este periódico quiere revertir esa situación de opresión, para que
la armonía reine entre los canarios de todo el Archipiélago. Recordamos lo que
hemos dicho otras veces: aquí hay mucho nacionalista de diploma y manta esperancera, pero sin un planteamiento serio a medio plazo,
que es la soberanía. Conseguida, por supuesto, por vías pacíficas,
exclusivamente políticas y diplomáticas, y conservando unas excelentes
relaciones con España, la metrópoli que dicen algunos, y, por supuesto, con
Europa, América y África, continentes a los cuales debemos buena parte de
nuestra cultura. Lo que no es de recibo es que cualquier chisgarabís de Madrid
venga a gobernarnos en nuestra casa, a decirnos lo que tenemos que hacer, bien
sea por la vía de la política, bien por la del periodismo. Simplemente porque
no queremos ser ciudadanos de segunda, aunque se nos dé el título de comunidad
autónoma. Queremos conservar nuestra identidad insular, atlántica, con esa
mezcla de razas y culturas, pero unificada por el paso del tiempo en una propia
y distinta al resto del Estado. Y, sobre todo, queremos ser libres, política y
administrativamente.
*
Extracto Editorial de
El Día, 23-10-2007