Un estatus especial para Canarias, pero de transición

Paulino Rivero contestó anteayer, [23-04-08] en el Parlamento autonómico a una pregunta de la oposición que pretendía que el presidente aclarase los planteamientos que han hecho recientemente otras figuras de Coalición Canaria (CC) en torno a la soberanía del Archipiélago. Rivero intervino con buenos planteamientos, porque habló de un estatus especial para las Islas, aunque, en realidad, la pregunta de los socialistas iba dirigida a que CC se posicionara sobre el independentismo, y no es por ahí por donde iban quienes hablaron, que lo hicieron de soberanía y de Estados libres asociados, que, en rigor, no es lo mismo que independencia. Pero el presidente se contuvo, limitándose a hablar de estatus especial para las Islas dentro de la Constitución.

Empezó bien Paulino Rivero, porque sería impensable que, a estas alturas, se hable de estatuto, que es algo diferente, y que tengamos que sufrir debates parlamentarios interminables en torno a un texto muerto para acabar otra vez como estamos ahora, es decir, con un Estatuto de Autonomía de sumisión al Estado español, que ni siquiera sabe defender a las islas por igual de la hegemonía que intenta imponer una de ellas. ¿Por qué perder el tiempo con esos caminos que no conducen a ninguna parte? […]

Lo ha dicho claro el presidente: él es un autócrata -y, por supuesto, un demócrata- que no se deja influir en sus decisiones por lo que digan los medios de comunicación, lo cual nos parece bien. Pero mucho mejor nos parece que, al menos, nos escuche. Porque, cuántas veces hemos dicho en estas páginas lo mismo que él viene a admitir ahora: que Canarias necesita un estatuto especial, uno de transición a la soberanía, para que algún día sea un país más con asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El concepto de estatus se nos antoja similar al de estatuto, es decir dentro de la Constitución, y ésta fue aprobada por la mayoría de los españoles, que, naturalmente, no iban a renunciar a seguir poseyendo su colonia. Y si alguien dice que Canarias no es una colonia, que nos lo demuestre. ¿Qué nos dicen, por ejemplo, del comportamiento de virrey de Rodríguez Zapatero cuando viene, o del virreinato en que han convertido los partidos estatales la isla de Canaria y, particularmente, la ciudad de Las Palmas?

Días atrás dijimos que el debate sobre la soberanía está en la calle. Ahora puntualizamos que ello es así desde que acabó la Conquista, porque los vencidos no han dejado de abominar desde entonces de los vencedores, de los que se defendieron como pudieron. Pero, claro, eran los palos y las piedras contra el metal y las armaduras. Y desde entonces, las Islas han sido un llanto a causa de la opresión; un país que estaba habitado por gentes pacíficas y con su propia organización familiar y social fue masacrado en un holocausto que se mantiene, aunque la víctima esté en "cuidados paliativos", pero no deja de ser un enfermo al que se somete mediante trampas político-jurídicas para mantener el dominio foráneo sobre una tierra que quiere recobrar su identidad, respirar en libertad. Canarias no se siente española, sencillamente porque no está en España. Fue sometida por los Reyes Católicos y por Juana la Loca, primero, y, después, por monarquías absolutas, por dictaduras, repúblicas y hasta por una democracia que no se puede decir que haya hecho justicia; no mientras este archipiélago sea una posesión española. Lamentamos tener que acudir a la historia, dramática, para explicar los razonamientos a una situación actual, pero es que resulta necesario que la generalidad de la población comprenda que éramos un país que vivía feliz y al que no se le respetaron lo que hoy conocemos como derechos humanos.

Así que Canarias exige, sin más trámites políticos y administrativos, ni de ninguna otra índole, ser soberana, aunque manteniendo vínculos con la nación española, bien como hacen los países de la Commonwealth con el Reino Unido, bien como Estado libre asociado, es decir, lo que, en su momento, aconsejen los constitucionalistas, pero siempre con plaza y bandera en la ONU. ¿Quién puede decir que España tiene derecho sobre Canarias? Nadie, y siempre diremos que su conquista fue un genocidio.

Paulino Rivero no ha cometido ninguna imprudencia, sólo ha dejado traslucir lo que significa ser nacionalista. Lo que pasa es que, como la fuerza se impone sobre la razón, habla con prudencia, pero ha venido a pedir, más o menos, lo mismo que nosotros: la libertad para su tierra. Todo, por supuesto, por la vía pacífica, la del diálogo; nadie tiene nada que temer. El que sí tiene que temer es Rivero: a los infiltrados, a los del virreinato, que temen que Las Palmas, con la soberanía del Archipiélago, pierda su actual preponderancia; y también a los perritos que ladrarán desde la prensa y que se le echarán encima. Pero la Historia le dará la razón a él y a ellos los condenará. Lo único que tenemos que objetar a la declaración del presidente es que se quedara corto. No se trata de pedir más competencias al Estado, sino de exigir todas las competencias. Es decir, la soberanía. De una vez.

Editorial de El Día, 25-04-2008