Por la vía del diálogo civilizado

En los últimos editoriales y comentarios hemos subrayado que, al igual que la lluvia fina va calando poco a poco, en Canarias cada vez está más extendida la necesidad de desprenderse del yugo que atenaza al pueblo desde la conquista. Un pueblo que vivía tranquilo, con su estructura y libertad, y que tras sufrir un sangrante atropello, fue casi exterminado. Decimos bien, casi exterminado, pues quedó una semilla, transformada en la civilización actual en un sentimiento de recuperación de la soberanía ante el sometimiento al poder político y administrativo español. De la sumisión a Madrid o, peor, a los caprichos y despotismos políticos a unos partidos que nos son ajenos […]

El miedo a represalias, delaciones, prisiones y, en algún momento, al garrote vil o al pelotón de fusilamiento, impidió durante mucho tiempo, gracias a monarquías absolutas sucesivas, repúblicas, nefastas dictaduras, el estricto silencio impuesto por Franco y, ahora, a una saducea democracia, impidió, decimos, que este sentimiento se convirtiera en una expresión libre y feliz de un pueblo que vio cómo las corazas y armas de hierro de los conquistadores eran superiores a las utilizadas por los guanches en su defensa, pobres infelices que sólo disponían de palos y piedras.

Lamentamos tener que escribir de estas cosas, pero queremos que Canarias recupere por la vía pacífica su soberanía ante cualquier opresor; por la vía del diálogo civilizado con la capital de la Nación dominante, Madrid; con la capital de Europa, Bruselas, y con la organización que trata de armonizar el mundo, la Organización de Naciones Unidas (ONU), ubicada en Nueva York. Esa, y no otra, es la vía.

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Hoy nos motiva la propia limitación de nuestras aguas, cuestión a la que se ha referido en numerosas ocasiones nuestro colaborador dominical Ramón Moreno, y que recientemente abordaba en las páginas de este periódico el presidente de la Plataforma por el Mar Canario, Antonio de León, quien advertía de que "en Canarias deberíamos estar muy preocupados de cuál será la delimitación de los espacios marítimos que rodean a las Islas, y con carácter especialísimo, el concepto que le den a las aguas interiores". A su juicio, "de establecerse hoy la mediana con Marruecos, las Islas Canarias serían jurídicamente interpretadas como circunstancias especiales dentro de la plataforma continental de Marruecos. Esto conlleva que la ZEE (Zona Económica Exclusiva) marroquí llega hasta Punta de Teno, tragándose las aguas interiores entre Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura. En un futuro, Marruecos puede solicitar la ampliación de su plataforma continental de las 200 hasta las 350 millas, lo que llegaría a tragarse la totalidad de las aguas interiores de las Islas, el límite alcanzaría más allá de la isla de El Hierro".

No cabe duda de que el Derecho Internacional Marítimo concede a Marruecos unos derechos sobre el mar, pero éstos se regularían de una u otra forma dependiendo de si Canarias es un país soberano o una colonia de un Estado europeo. Partiendo de esta premisa, ¿por qué Canarias es una región o una autonomía? ¿A cuenta de qué?

Las Islas quieren conservar su lengua, cultura..., pero también desean desarrollar una estructura derivada de su propia naturaleza y que a sus habitantes se les conozca en el mundo como canarios, no como españoles, porque no están en España, en el Continente europeo.

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EXISTE UN PELIGRO, que se exacerbó en los primeros años de la Transición, provocado por las pretensiones que tiene Marruecos sobre Canarias, que permanecen latentes. Al igual que en diferentes momentos se ha planteado el cogobierno o la cosoberanía de Ceuta y Melilla, ¿por qué no sobre Canarias? ¿Quién levantará la mano en ese momento? No hay que olvidar las buenas relaciones que mantiene el Reino alauí con Estados Unidos y la amenaza del terrorismo islámico, argumento suficiente para que los norteamericanos se plieguen a los deseos de Marruecos. Es decir, si no actuamos ahora, irremediablemente seremos marroquíes y españoles. Retamos a que se nos convenza de que esto es imposible.

Tal y como apuntan los mejores analistas, el único modo de evitar este riesgo es que Canarias recupere y detente su soberanía, pues ningún país soberano puede ser absorbido por otro. El mundo, la ONU, la OTAN, no lo permitirían. ¿No es una razón de peso para que el Gobierno y el Parlamento de Canarias se pongan manos a la obra?

No se trata de un chantaje al Estado, como ha sugerido el diputado regional socialista y secretario de Política Autonómica, Santiago Pérez, en una de sus divagaciones mentales. Ni tampoco se puede ceñir sólo esta demanda a CC. Detrás de la misma se encuentran muchísimos canarios, todos, cuyo principal anhelo es el de ser libres.

Quizás Santiago Pérez debería recordar o saber, tal y como escribió el pasado jueves en EL DÍA Juan Jesús Ayala, que "el derecho de autodeterminación es hoy no sólo una norma de derecho internacional, sino también un derecho humano que los Estados están obligados a respetar. Así se expuso en la ONU, y España, como miembro de la misma, lo ratificó y se refleja en la vigente Constitución de 1978, en su título I y en el artículo 10-2: Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificadas por España".

"Por lo tanto –coincidimos plenamente con Ayala– no puede ni debe ser motivo de escándalo que los pueblos, Canarias lo es si así lo decide y lo cree conveniente, puedan ejercer cuando les plazca ese derecho fundamental. Y con ello lo que se pondrá de manifiesto no será nada del otro mundo, sino, simplemente, qué tipo de relación política se pretende con el Estado español, cuál con la Unión Europea y qué con América y África". Un país, no lo olvidemos, que está a 1.500 kilómetros de distancia del Continente europeo, en el que se integra España. Un país que no es una "región ultraperiférica". Porque, ¿qué es y qué significa y qué vale este título? ¿Qué somos siendo ultraperiféricos?

También debería hacer memoria Santiago Pérez, porque como afirma Juan Jesús Ayala, "es bueno a veces recordar la historia, sobre todo la del PSOE, que en su momento se definió como autodeterminista, defendiendo a ultranza la libre determinación de los pueblos que integran el Estado español".

Incluso su correligionario Pascual Maragall –así nos lo recordó el pasado martes en las páginas de este rotativo el alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo– manifestó lo siguiente en su toma de posesión como presidente de la Generalitat de Cataluña: "Nosotros somos una nación. ¿Qué queremos decir con esto? Queremos decir que tenemos identidad nacional, que tenemos personalidad propia, que tenemos lengua, cultura y derecho civil propios. Que quede claro. Y también hemos dicho que queremos tener un futuro compartido con los pueblos de España". Palabras que son perfectamente extrapolables a Canarias, pues aunque no tengamos una lengua propia –sí la tenían nuestros antepasados–, sí tenemos una identidad propia que necesitamos desarrollar, para llegar a ser nosotros mismos: canarios, no falsos españoles o híbridos de españoles.

En este sentido, recomendamos el último párrafo del artículo de Juan Jesús Ayala: "Porque los pueblos no han caído en la desmemoria y lo que hay que hacer, si sus pretensiones un día son estas o aquellas, es que ni se las estrangule ni se las confunda. Lo que sería bueno para todos, ya que estamos hablando de libertad, que es ni más ni menos, la piedra de toque y la más pura esencia de la democracia".

Editorial de El Día, 27-04-2008