Un país libre, soberano y nuevo

 

Esperamos que no haya molestado a nadie la viñeta publicada en nuestro editorial del pasado domingo. En cualquier caso, refleja la realidad. Los canarios en Madrid sólo somos aves exóticas. Y continuaremos siéndolo mientras nuestros representantes políticos, de forma especial los que se califican a sí mismos como nacionalistas, no hablen claro en el Congreso de los Diputados, en el Senado y en la Moncloa. Y si no les hacen caso, deberían acudir a Bruselas y a Nueva York para plantear ante la UE en primera instancia, y ante la Asamblea de las Naciones Unidas después, que Canarias aspira a ser un país libre. Un sentimiento que ya ha dado a conocer en la ONU Antonio Cubillo.

 

Lejos de cualquier mala intención, la viñeta de nuestro editorial tenía por objeto recordarle a doña Ana Oramas y a don José Luis Perestelo que en Madrid no son nada ni nadie hasta que no proclamen nuestras aspiraciones de recobrar la libertad que nos fue arrebatada hace seis siglos. Porque, ¿de verdad están Ana Oramas, José Luis Perestelo, Paulino Rivero y toda la jerarquía del nacionalismo canario en el secreto de la liberación de esta tierra? ¿Saben algo ellos que no sepa el pueblo soberano? ¿Son ignorantes los canarios o lo son sus dirigentes?

 

Ojalá llegue el día, don Paulino, en que nos dé usted una sorpresa; en que ponga los "clorocos" sobre la mesa. ¿Cómo puede pensar, así como los señores y la señora que nos representan en las Cortes españolas, que podemos continuar así para siempre? ¿Cuánto tiempo más hemos de permanecer como una nación sometida a una Metrópoli con la que queremos mantener lazos afectuosos, culturales y comerciales, pero no la avasalladora dependencia que nos impone ahora? Dejen ya de engañarnos con la policía autonómica, la reforma del Estatuto y todas las machangadas a las que recurren los parlamentarios autonómicos para justificar sus generosos sueldos. Unos emolumentos, no lo olvidamos, que se incrementan cuando les parece oportuno, mientras el pueblo sufre la peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Lo único que deben hacer es proclamar la inaplazable necesidad de que Canarias sea un país libre, soberano y nuevo. Y decente, por supuesto. Y proclamarlo tan fuerte que lo oigan en Madrid.

 

No queremos ser monárquicos, ni socialistas, ni republicanos, ni conservadores. Nuestra aspiración es un liberalismo que respete las leyes, pero no las leyes coloniales que nos someten. Queremos ser un país libre como lo son los Estados Unidos, Malta, Cabo Verde, Isla Mauricio y tantas otras ex colonias europeas. Un estatus que no se puede alcanzar mientras sigamos pensando en tonterías. Necesitamos hombres y mujeres serios que conduzcan estas Islas hacia un futuro mejor. Los políticos actuales sólo saben enredarse en protestas estúpidas para justificar sus sueldos. Lo hacen los alcaldes y alcaldesas, los concejales y los parlamentarios déspotas. Gente que está podrida políticamente.

 

Por si faltaba algo en esta cadena de despropósitos, nos sorprende el presidente del Gobierno de Canarias con su oposición a que se privaticen los aeropuertos. Don Paulino, si los aeropuertos no han de ser canarios, si no han de estar gestionados al menos por la Administración canaria, mejor es que estén en manos de empresas privadas. Lo que no pueden es pertenecer a un país que nos coloniza. Eso, nunca. ¿Es que no le gusta a usted la libertad, don Paulino? ¿Es que le gusta la jaula por el alpiste que le dan y la lechuguita que le cuelgan para que vaya picando? Ya sabemos que la señora Oramas prefiere la cómoda cautividad para dedicarse a la política pura. De usted, señor Rivero, esperamos otra actitud. Convénzase, don Paulino: Canarias será una colonia y los canarios seremos siervos mientras no recuperemos nuestra soberanía. Comience a hablar donde debe hacerlo, para que el traspaso de poderes se produzca sin traumas, como muy tarde, en el año 2010.