Ciudadanos con identidad propia

 

Las explicaciones del diputado de Coalición Canaria Luis Mardones, para justificar su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado para 2008, siguen sin convencernos. Al contrario, nos preocupan. Si hace ocho días calificamos de incomprensible que se hubiera desmarcado de la disciplina de su formación en esta materia, los argumentos esgrimidos posteriormente, en los que culpa a CC de haber "arrinconado el pragmatismo" que siempre ha caracterizado a esta formación y que durante varios lustros le llevó a dar sustento en Madrid al partido que estaba en el Gobierno, son insuficientes. A juicio de Mardones, "CC ha dado un giro evidente por su pacto con el PP que le ha llevado a tomar posiciones de enfrentamiento con el PSOE y a adoptar un discurso soberanista que es muy diferente de los planteamientos sensatos y constitucionalistas que ATI (Agrupación Tinerfeña Independiente, partido mayoritario en CC) había mantenido siempre".

Según se desprende de sus propias palabras, después de 30 años dedicado a la vida política, el diputado de CC aún desconoce cuál es el verdadero sentido del nacionalismo, lo cual, como ya hemos apuntado, es preocupante. Y eso que rechazamos su principal argumento, pues no creemos que en estos momentos ATI esté defendiendo posiciones soberanistas. Que debiera hacerlo. Si alguien tiene dudas, le recomendamos que repase la entrevista publicada el pasado domingo en este periódico al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, quien en ningún momento apuesta por liberar a las Islas del yugo de la metrópoli, sino de mejorar las relaciones Canarias-Estado.

CC ha elegido un camino equivocado, como bien recalcamos hace siete días al advertir que el nacionalismo de salón no tiene futuro. Es necesario pasar a la acción, pues esta forma de hacer política de ni chicha ni limoná tiene difícil arranque y comprensión en un Archipiélago sometido y además atemorizado. Contrasta la actitud de Coalición Canaria, al igual que la de otras formaciones del mismo ámbito ideológico, con el sentimiento de la población, que pese a permanecer soterrado, cada vez es más evidente, pues ha llegado un momento en el que es muy difícil ocultar las ansias de ser libres; de ser nosotros mismos.

En la calle se percibe el sentimiento de un pueblo que era libre, vivía pacíficamente y con su orden institucional y que se vio subyugado por unos conquistadores que cambiaron sus conductas, pero que no pudieron acabar con el alma canaria, que perdura hasta nuestros días. Un pueblo que, pese a todo, se ha relacionado con europeos, españoles continentales y sudamericanos a través de las migraciones.

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¿Qué persigue el nacionalismo? La nacionalidad. Esto es lo que no acaban de entender algunos políticos que se jactan y se benefician por pertenecer a formaciones de este corte, pero limitan su actividad a colgar el diploma en la pared de su despacho y colocarse encima la manta esperancera, que es el caso muy conocido de Luis Mardones y la perpetua manta esperancera que llevaba –¿ya no?– en el maletero de su coche para, lo pensamos ahora, engañar en las romerías. Ese no es el nacionalismo que puede hacernos personas dignas, no sometidas ni a políticos ni a fuerzas de ningún tipo.

Del mismo modo que miles de canarios, defendemos poder exponer con medios pacíficos y diplomáticos –no como hicieron otros hace seis siglos– nuestras aspiraciones, quiénes somos y, lógicamente, deberíamos ser. Es decir, la acción ante las organizaciones competentes que nos darían la razón y la libertad.

No ocurre lo mismo con ese nacionalismo descafeinado al que nos referíamos antes y que sólo quiere ese título para pasearse por los salones de la Corte y lucrarse allá y aquí. Hace falta, pues, pasar a la acción para conseguir lo que todo pueblo, por justicia, merece: ser libre. Más en el caso de Canarias, cuyos "amos políticos y administrativos" se encuentran a unos 2.000 kilómetros de distancia.

El camino para conseguirlo está claro, a pesar de que a algunos les cueste verlo: aprovechar la reforma del Estatuto de Autonomía. Pero no de la misma forma que se hizo la última, que no pasa de ser una infamia al mantener en su texto lo que en esta Casa hemos denominado las tres grandes mentiras: el "gran", el orden alfabético y el actual diseño del escudo de Canarias. […]

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El nuevo Estatuto debe ser distinto para poder creer en él, pues aunque el pueblo admita por la fuerza lo que le propongan, la razón lo rechazará. En primer lugar, repetimos, se deben eliminar las tres grandes mentiras y, después, incluir sólo dos o tres artículos más que marquen el camino para el diálogo y la negociación con el Estado de cara a lograr la soberanía. En definitiva, debe ser el preludio para que Canarias se convierta en un país soberano.

Mientras se elabora y aprueba, con urgencia, el Gobierno de Canarias, apoyado por Cabildos y otras instituciones del Archipiélago, debe hacer la gestiones políticas y diplomáticas necesarias ante la ONU, la UE, la OTAN y todos aquellos organismos nacionales e internacionales que sean necesarios para lograr tal fin.

¡Qué bonito y qué gran día será aquel en el que el canario sea un ciudadano con identidad propia, no un español de segunda, tercera o cuarta clase, objeto de curiosidad, tolerado por los españoles de verdad, como ocurre ahora mismo! En estos días estamos viendo cómo Malta, un país pequeño, un país menor que La Gomera, va a entrar a formar parte de la zona euro, porque se trata de una nación, inferior a Canarias en posición geopolítica, recursos propios y riqueza, pero, sin embargo, insistimos, una nación.

Si el Gobierno y el Parlamento de Canarias mantienen su objetivo de elaborar un Estatuto como el anterior, sólo conseguirán atarnos más y peligrosamente desde el punto de vista político y administrativo al Estado, algo que las Islas no quieren, al menos la mayoría de ellas, porque Canaria se siente satisfecha siendo y actuando como el virrey que respaldan PP y PSOE, es decir, Madrid.

Somos partidarios de la unidad nacional, porque hasta por su forma geográfica España es la que es y no debe ser un remedo de los Balcanes. Somos partidarios de la unidad española continental, no incluyendo a Canarias, claro está, ya que es un país muy alejado. Igual que Cabo Verde de Portugal.

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Un anhelo. ¿Por qué el partido de fútbol jugado anteayer en Las Palmas se denominó Canarias-Angola? ¿Por qué no se tituló España-Angola? ¿Canarias no es España? ¿Angola, antigua posesión portuguesa no es desde hace poco una nación y Canarias una simple autonomía española?

 

Editorial del periódico El Día, 30-12-2007