La solución está en nuestras manos

 

 En alguno de los editoriales publicados recientemente hemos advertido a nuestros lectores de los peligros que ame­nazan a Canarias mientras siga sometida a un Estado situado a miles de kilómetros y no logre su soberanía. Uno de ellos venía perfectamente reflejado por Ángel Isidro Guimerá en su colaboración dominical de la pasada semana, en la que analizaba una información publicada el 21 de enero por Luis María Ansón en su nuevo periódico digital, acerca de las ne­gociaciones que España mantiene con Marruecos sobre Ceuta y Melilla.

 

   "Zapatero está dispuesto a negociar la cosoberanía de Ceuta y Melilla", afirmaba el veterano periodista citando a "fuen­tes próximas al Palacio Real Marroquí". Una determinación la del presidente del Gobierno que, según Guimerá, podría hacerse realidad si el PSOE gana las elecciones el 9 de marzo, pues "el Palacio Real alauí pondría en marcha la hoja de ruta, que implica en principio la cosoberanía hispano-marroquí de Ceuta y Melilla, donde ondearía la bandera de ambas nacio­nes".

  

   ¿Qué temor pueden tener los canarios ante esta situación? La respuesta nos la da Guimerá en el mismo artículo: "España ya entregó el Sahara. Si hacemos lo mismo con Ceuta y Meli­lla, ¿qué ocurrirá? Muy fácil: todos los moros fijarán su mirada en las Islas Canarias, una reivindicación igualmente histórica de Marruecos. En conclusión, detrás de Ceuta y Melilla, venimos nosotros". No anda descaminado el abogado y también concejal de Ciudadanos de Santa Cruz. Al contrario. De todos es conocido que el monarca alauí posee un mapa en el que el Archipiélago aparece dibujado con el mismo color que su propio reino.

  

   La mejor forma de im­pedir que se lleve a cabo semejante desmán es que Canarias sea un país libre y soberano. Si en lugar de unas islas sometidas, lo cual es ilógico e injusto, por mil razones, fueran soberanas y libres, no ten­drían nada que temer, pues estarían no sólo bajo el manto protector de Es­paña, sino de la ONU, la OTAN y la UE, entre otros organismos internaciona­les. Ese día el Archipiélago respiraría tranquilo, sería dueño de su destino, de sus aguas y de los posibles hidrocarburos que se pue­dan encontrar en ellas. Mientras dependa política y administrativamente de Madrid, no hay nada que hacer y el peligro marroquí continuará latente.

  

   Sólo de esta forma, con la libertad de poder decidir por nosotros mismos, podremos conjurar el peli­gro de que Marruecos ter­mine por anexionarse el Archipiélago. ¿Qué país ataca hoy en día a otro que es libre y soberano, y está protegido por los organis­mos internacionales? Úni­camente si el territorio está sometido, como ocurrió en 1961 con Goa, colonia portuguesa que India in­corporó por la fuerza a sus territorios, o con la República Oriental de Timor Oriental, ahora mismo independiente, pero que previamente fue portuguesa y más tarde formó parte de Indonesia. Hoy el mundo no tolera anexiones a la fuerza de países libres; sí, en cambio, de territorios sometidos a una metrópoli situada a miles de kilómetros.

 

 

   ¿Comprenden ahora nuestros lectores por qué tanto em­peño de EL DÍA en defender un nuevo estatus para Cana­rias? Además, la soberanía pondría fin al virreinato de Las Palmas que le han concedido los partidos estatales PP y PSOE y la pasividad de los "nacionalistas" actuales, cuya voz en Madrid no sirve para nada, no se escucha; y a su desmedi­da ambición. El Archipiélago contaría con una sola capital -no compartida en dos ridiculas y absurdas provincias- que estaría ubicada en la isla con mucha mayor superficie y peso específico, más población y mejores condiciones naturales; es decir, Tenerife. ¿Cómo podemos seguir viviendo con la amenaza de Marruecos encima y sometidos a unos políti­cos instalados en la Península que siempre tiran para Las Palmas, cuando la solución está en nuestras manos? Ojalá que no tengamos que oír de nuevo la melopea del Estatuto de Autonomía de Canarias, sino que se inician las gestio­nes con el Gobierno del Estado y las Cortes y otras instan­cias internacionales para obtener otro Estatuto, o lo que sea, de soberanía, de país libre de ataduras políticas y adminis­trativas.

 

   Hace unos días apuntamos algo en lo que no han caído los políticos que nos malgobiernan y sólo piensan en man­tenerse en el poder, en sus propios intereses e, incluso, en sus ambiciosas jubilaciones. Además de potenciar el turismo, no con parches, ni siquiera talento, sino con inteligencia, que es más inteligente, y recobrar el sector primario (agricultura, ganadería, pesca...) deben apoyar la industria, pero siendo conscientes de que ante la falta de materias primas han de apostar por la de transformación y de las nuevas tecnologías, al igual que han hecho otros países más pequeños y con menos recursos que Canarias. Pero hay más, pues junto al sol, la playa y los bellos parajes de los que pueden disfrutar todos aquellos que visitan seis de las siete islas -hay una que carece de estos atractivos y lo que tiene es artificial o robado- se encuentra el comercio. La primera fuente de riqueza del Archi­piélago es su situación en un enclave estratégico, en un lugar de paso entre tres continentes, único en el mundo.

 

Y si alguno tiene dudas de que además de distantes -un país alejado no continental- somos distintos, que pregunte por qué se paga un plus de residencia a los funcionarios del Estado que vienen a las Islas.

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ALGO SIMILAR ocurriría con el plátano, el cultivo más importante de este Archipiélago, que estaría más protegido si Canarias fuera un país libre y soberano que decide por sí mismo. Así lo apuntaba recientemente en un artículo publi­cado en EL DÍA el abogado Antonio Cubillo, a raíz de los temores mostrados por el presidente de Asprocan, Manuel Lorenzo, ante el anuncio de que a partir de este año la UE iba a dar libre acceso sin limitación de cantidades a los pro­ductos agrarios de los países del área Africa-Caribe-Pací-fico (ACP), incluyendo la banana.

Ajuicio de Cubillo, "lo más correcto para salvar nuestra agricultura es entrar dentro del grupo de países de los ACP, con lo que nos abrirían las puertas de todos los mercados europeos y podríamos desarrollar al máximo nuestra agri­cultura, que si esto no sucede, desaparecerá en pocos años. Claro -añadía- que todavía no somos antigua colonia, sino territorio africano colonizado, sin soberanía propia, y, por tanto, no podemos pertenecer al grupo de países indepen­dientes de los ACP".

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