La colonia para desterrados que
disfrazaron de comunidad autónoma
Acaso la
incompetencia manifiesta en el trabajo,
acaso las ansias de disimular los fracasos propios, acaso la querencia a un
orden de las cosas del que obtienen claras ventajas, lleva a diferentes
plumillas de los medios de comunicación del Archipiélago a arremeter
continuamente contra las ideas de EL DÍA. Por supuesto que tales "escribidores" tienen todo el derecho del mundo a
criticar, a exponer su parecer discordante, porque afortunadamente vivimos en
unas Islas donde existe la libertad de expresión, una libertad que confiamos se
extienda en breve a todas las facetas de la realidad, incluida la política y la
administrativa. Pero la situación se torna de otro color cuando tales
aprendices de periodistas, porque eso es todo lo que han llegado a ser si
muestran tal actitud, traspasan las más simples normas deontológicas
para atacar directamente, de forma harto injusta, a la persona del editor y
director de este periódico, cuya trayectoria profesional se encuentra avalada,
mal que les pese a algunos, por la total apertura de las páginas a las ideas
políticas de diferentes tendencias. Las pruebas son contundentes; basta con
revisar la hemeroteca para comprobar que a lo largo de los últimos treinta
años, tras el retorno a la democracia, EL DÍA ha acogido en sus páginas
a conservadores, democristianos, socialistas, socialdemócratas, centristas,
liberales, comunistas o nacionalistas. Ahora, sin embargo, se le niega desde
otros medios el derecho a expresarse libremente, a enumerar sin ambages unos
argumentos contundentes a favor del logro de la soberanía de Canarias dentro de
un marco de total entendimiento económico, cultural, lingüístico y sentimental
con España, país a cuyos habitantes apreciamos todo lo que se puede apreciar a
quien se considera un hermano, pero del que consideramos que ha llegado el
momento de escindirse. Se trata sencillamente de llevar a su conclusión el
proceso de descolonización de los territorios españoles de ultramar, que quedó
interrumpido a principios del siglo pasado por diferentes avatares en la
política internacional, principalmente las dos grandes guerras y
Pero da la
impresión de que las ansias de libertad molestan a algunos, máxime cuando se trata de godos, que no
peninsulares, a quienes la práctica del periodismo en las Islas, en este caso
concreto al frente de un medio de comunicación que jamás ha levantado cabeza,
un eterno segundón que se ha acostumbrado a serlo, parece haberles imbuido de
un falso halo de canariedad que muestra sus miserias cada vez que alguien saca
el tema de la libertad del Archipiélago, de la descolonización en definitiva. Y
no se trata tan solo de responsables de medios nacidos fuera de las Islas, sino
también de otros, otro en este caso, a quien, a pesar de haber visto la luz en Canarias,
cabe atribuirle el estigma de godo, porque no sólo se empeña en atacar a todo
aquel que exprese una opinión diferente a la suya, sino en hacerlo sin atender
las más sencillas reglas de la educación democrática y del sentido común. Si
los responsables de la empresa en la que presta sus servicios no se esmeran en
poner límites a tamaño personaje, por lo que se ve experto en felonías, lo más
probable es que a dicho medio le ocurra lo que al anterior, que se consolide en
el ingrato papel de eterno segundón. Porque seamos sinceros: quienes han
reaccionado de forma exacerbada e insultante contra las tesis soberanistas de EL
DÍA, unas ideas por supuesto criticables dentro de un escenario donde prime
el respeto, han sido godos en la más amplia acepción del término, es decir,
peninsulares o isleños para quienes España debe seguir estando por encima de
Canarias, para quienes lo que se decida a dos mil kilómetros de distancia debe
seguir determinando la vida de dos millones de personas, de dos millones de canarios
de todo origen y pensamiento. Nada tiene de malo ser godo salvo en aquellos
casos, tan abundantes en el mundo periodístico y económico, en los que tales
creencias se disfrazan de una supuesta canariedad pobre basada en argumentos
folcloristas y costumbristas, tal es el defecto, de igual forma, de diferentes
representantes del independentismo africanista. Desde estas páginas, sin
embargo, defendemos un proyecto serio basado en el reconocimiento de la
soberanía como paso previo a la profundización en las relaciones con
Son esos mismos
godos quienes se empeñan en cantar las excelencias de un texto, la reforma del Estatuto de Canarias, que,
parafraseando la denominación que se dio al aprobado por las Cortes de Cádiz,
cabría llamar "
Sólo con esas
modificaciones se abonará el terreno para que germine un archipiélago soberano
donde prime la justicia y la igualdad, donde una determinada isla, Canaria, no ejerca de virrey español. Y es que por mucho que se intente
disfrazar al Archipiélago de comunidad autónoma, jamás será una más, y ni
siquiera lo es su movimiento nacionalista, al que seguro que no se refirió el
pasado fin de semana el admirado escritor Mario Vargas Llosa al cargar contra
los nacionalismo excluyentes. A los continentales se referiría. El objetivo del
nacionalismo canario no es excluir, sino cambiar, sumar el sentido común y la
razón histórica a un Estado al que le ha salido mal la jugada de querer pasar a
las Islas por lo que no son, una región más del entramado administrativo
español. No hace tanto tiempo que el Gobierno nacional recluyó al General
Franco y a otros inquietos militares en Canarias, ni del destierro de Miguel de
Unamuno en Fuerteventura y de otros políticos en El
Hierro. Tales ejemplos muestran a las claras qué consideración se ha tenido
hacia las Islas desde el resto de España, un rango de colonia alejada que,
lejos de aminorarse, se ha incrementado en las últimas décadas. El año 2010
debe traer el punto y final a ese dislate jurídico que supone la consideración
de Canarias como una comunidad autónoma española, un absurdo absoluto ante el
mundo civilizado y sensato, y libre. Si el Gobierno de Canarias no trabaja ya
en las gestiones ante los diferentes organismos internacionales, sencillamente
está incumpliendo con su deber.
* Extracto del
editorial de El Día, 7 sep 2007
http://www.eldia.es/2007-10-07/tenerife/tenerife2prn.htm