Falta la soberanía
Qué distinta imagen la
mostrada por el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, en su entrevista
con el titular del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero. Esa sí es
la foto adecuada, y no la que captó un reportero durante el encuentro del
máximo mandatario canario con su homólogo Camps.
Nunca debe comparecer un canario ante nadie con la cabeza gacha y el gesto
tímido. Pacíficos, sí; resignados a la derrota, jamás.
Decíamos en nuestro
comentario del viernes que Paulino Rivero debería haber aprovechado la ocasión
no para pedir dinero, como lo hizo –y lo aplaudimos por ello–, sino para
plantear la inaplazable soberanía de Canarias. Una soberanía que no precisa
referéndum de autodeterminación, como propugna Ibarretxe
en el País Vasco, porque las Islas ya eran un territorio libre e independiente
antes de la inicua conquista española. Por eso nunca hemos hablado de
autodeterminación y de referéndum. Insistimos: ya éramos libres e
independientes, y estábamos separados, antes de que se produjese el vil
genocidio del pueblo guanche. Somos los herederos de aquellos valerosos
aborígenes, cuya estructura social y familiar fue allanada por las huestes
invasoras. Por otra parte, nos referíamos en nuestro comentario del lunes a la
conveniencia de establecer relaciones respetuosas con Madrid, de forma que el
nuevo Estatuto de Autonomía para Canarias contemple la transición hacia la
soberanía plena de estas Islas. Ningún otro documento –lo manifestamos ese día
y lo reiteramos ahora– es admisible ni respetable. Nuestras
aspiración es alcanzar la soberanía de forma pacífica, dialogada e inteligente.
Nuestra forma de proceder dista mucho de las soluciones que proponen los
pesimistas por encargo y los nacionalistas teóricos. Los primeros se empeñan en
hacernos creer que resulta inviable una nación canaria debido, principalmente,
a nuestra carencia de recursos. Falso. Estas Islas cuentan con una envidiable
situación estratégica y tienen, además, el mejor recurso al que puede aspirar
una nación: un pueblo laborioso y emprendedor, que ha dado sobradas muestras de
su valía en todos los territorios a los que se ha visto obligado a emigrar. Una emigración que no hubiera sido necesaria si
las Islas las hubiesen administrado a lo largo de su historia personas
autóctonas, capaces de entender el alma canaria, y no peninsulares rapaces sin
más objetivo que saquear sus riquezas y marcharse con ellas. La versión
colonial del "coge el dinero y corre".
En cuanto a los
nacionalistas teóricos, nos permitimos recomendarles que dejen de enredarse en
planteamientos absurdos, y se centren en lo único importante para esta tierra: soberanía,
soberanía y soberanía. De la misma forma que Cristo pedía a sus seguidores que
primero buscasen el Reino de Dios y su Justicia, pues lo demás se les daría por
añadidura, nosotros decimos, con la cabeza alta y las ideas claras, que si
buscamos primero la soberanía y la devolución de lo que nos fue robado
sangrientamente, todo lo demás lo obtendremos como recompensa añadida a
nuestros esfuerzos. Porque un nacionalista que no aspire a la soberanía, a la
libertad para su pueblo, puede ser un nacionalista de conveniencia, pero no un
auténtico nacionalista.
Necesitamos, no nos
cansamos de repetirlo, savia nueva; hombres y mujeres con capacidad para
liderar a este pueblo en el camino hacia las metas más sublimes. La primera de
ellas, ocupar un puesto con nombre y bandera propios en los foros
internacionales. Conformarse con menos, como lo hace la viciada clase política
que nos gobierna, es traicionar al pueblo canario.
Decíamos también el
lunes que, una vez transformada en nación, Canarias puede
desarrollarse lo suficiente para afrontar sin temor cuantas crisis económicas
se desaten en este mundo. Esta idea terminará imponiéndose por lógica y por la
fuerza de la realidad. Sabemos que los obstáculos son muchos, pero el tiempo
apremia. Hemos de hacer valer ante las Naciones Unidas nuestra humillante
condición de pueblo colonizado, y hemos de hacerlo antes de que expire la fecha
establecida por
Existen sobradas
razones para ser libres y soberanos. La primera de ellas es el respeto que le
debemos a nuestros antepasados. Seres valerosos que lucharon en muchos casos
hasta la muerte para que el invasor no mancillara con su presencia esta tierra
hasta entonces afortunada. Por lo tanto, nos obliga la historia. No obstante,
aunque no existiese ese inexcusable deber con los guanches, debemos ser
soberanos cuanto antes para poner coto a las amenazas de un vecino rapaz:
Marruecos pretende usurpar nuestra libertad y convertirnos en vasallos de
Para Rabat, Canarias
forma parte del Gran Magreb. ¿Quién puede defendernos
de las pretensiones moras? ¿España? Posiblemente, no. Llegado el caso, Madrid
cederá ante los marroquíes, como ocurrió en 1975 con la descolonización del
Sáhara Occidental. Para la metrópoli sólo somos un lugar distinto y distante,
donde venir unos días a tomar el sol. Cuando les convenga, nos dejarán
abandonados. Esta situación no ocurriría si fuésemos una nación soberana, a la
que nadie podría invadir sin enfrentarse a los demás países del planeta. Por
eso nos conviene más iniciar sin demora las necesarias conversaciones con
Bruselas, de forma que se nos empiece a reconocer en los foros universales como
un pueblo colonizado que aspira a su libertad. Eso siempre será mejor que tener
que pactar con Marruecos nuestra soberanía.
Deberían alegrarnos
nuestros aciertos en lo que hemos pronosticado. Sin embargo, nos apena que todos los malos augurios de EL DÍA terminen por
materializarse. Por eso nos permitimos aconsejarle una vez más, don Paulino,
que tenga cuidado. Es usted no sólo un político sagaz, sino también nuestra
última esperanza. La nuestra y la de este sufrido pueblo canario que ahora,
después de soportar en silencio seis siglos de oprobiosa dominación, empieza a
levantar su voz.[…] Nos ha dado usted una gran alegría con esa postura firme y
tajante en su entrevista con Zapatero. No le ocultamos que ese regocijo nuestro
sería aun mayor si en vez de dinero hubiese pedido la soberanía para Canarias.
Hágalo de una vez; hágalo sin temor, pues es usted una persona valiente y un
canario digno.
Extracto
de