EDUCACIÓN, CARNESTOLENDAS Y CARNAVALADAS
Adolfo
Padrón Berriel *
El tiempo corre muy deprisa y el calendario
nos arrastra sin dar opción a digerir
vivencias. Atrás quedó el desgastado espíritu navideño con el que cada
hijo de vecino ha fundido alegremente sus tarjetas de crédito, para que nos
asalte, sin aviso y por la espalda, “Don
Carnal”.
Según algunos historiadores, el origen de
la lujuriosa fiesta se puede remontar, 5.000 años atrás, hasta tiempos de egipcios y sumerios, pero es en el esplendor del Imperio Romano donde encuentra
sus mayores influencias: unas celebraciones en honor al dios Baco, el dios del vino, en las que estaba permitido,
durante unos días, que ciudadanos y esclavos compartieran como iguales toda
suerte de desenfrenos, incluidas las ridiculizaciones y los desagravios de los unos
hacia los otros. Al fin y al cabo el desenfreno es inconsciencia y, de su mano,
desmemoria: ¡Cuántas transformaciones de
Fue, precisamente en plena resaca
carnavalera, hará en breve un año, cuando los sindicatos del sector educativo
decidieron unir sus fuerzas para
reclamar al Gobierno de Canarias la que durante más de una década venía siendo
una demanda creciente entre el
profesorado: el reconocimiento de su trabajo al mismo nivel que a sus
homólogos en otros sectores de
Pero, ¿de qué polvos vienen estos lodos?
Recobremos, con permiso, la memoria:
Corría el año 1.991 cuando se aprobó, siendo
Lorenzo Olarte Cullén presidente del Gobierno
Canario,
Ese mismo año, tomaría el relevo
presidencial un reeditado Jerónimo Saavedra. Un tal José Antonio, de cuyos
apellidos no quiero acordarme, asumía las riendas de
Poco le duró la reedición a D. Jerónimo
porque, en la primavera del 93, tras una moción de censura, una “mesa de
partidos” entre los que se encontraban diversas agrupaciones insularistas, se
alzaba como mayoría suficiente para configurar lo que se presentó como la “alternativa
nacionalista canaria”. Éste sería el comienzo de la era ATI-Coalición Canaria.
José Mendoza sería el primer Consejero de
Educación nacionalista. De procedencia sindical y asamblearia, generó
optimistas expectativas entre la profesión docente; pero pronto se produciría
el desencanto y con él una cierta esquizofrenia en el movimiento sindical más
reivindicativo que dio como fruto su disgregación. Es en este momento cuando el
movimiento del profesorado, muy fuerte años atrás, comienza a perder fuelle y
algunas centrales sindicales, hipotecadas con las administraciones, renuncian al
sindicalismo más reivindicativo para ofrecerse como “conseguidores”:
Premisas como “negociar es ceder”, “más vale pájaro en mano,…”, “hay que ser
razonables y no caer en maximalismos”, etc., eran argumentos recurrentemente
utilizados para justificar acuerdos poco presentables.
Mendoza sería sucedido por José Miguel
Ruano, hoy Consejero de Presidencia, a quien le fue encomendado desarrollar una
política de recortes (Ruano “manos tijeras” le apodaron) destinada a corregir
el agujero financiero que ese mismo gobierno había generado en el mandato
anterior. Rápidamente se comprobaría, que más que una medida puntual, se
trataba de la puesta en práctica, sin temores ni complejos, de toda una
concepción ideológica sobre la gestión
de los Servicios Públicos. Al grito de “más madera, esto es la guerra”, que
diría Groucho Marx, los
sucesivos gobiernos someten a Canarias a un paulatino desmantelamiento de lo
público mientras cada vez más recursos se desvían al sector privado, aumentan
los conciertos y las competencias de las administraciones comienzan a ser
transferidas a “fundaciones” de
gestión externa.
En educación, esa política de recortes se
ha traducido en un empeoramiento de las
condiciones laborales del profesorado, pero también en una disminución
de la calidad educativa y en un preocupante aumento del fracaso escolar,
habiendo quien afirma que no se trata de una torpe gestión, sino de una
estrategia para conseguir el desprestigio social de la red pública y justificar
así el crecimiento de la red concertada a pesar de saber, a ciencia cierta, que
sólo los centros públicos garantizan una asistencia universal y no segregadora
de nuestros niños y jóvenes.
Parece, cuando menos curioso, que la
llamada alternativa nacionalista canaria, a modo de versión tropical de
los “Iluminatis
de Baviera”, en su planificación del “Nuevo
Orden” haya obviado que la estructura social canaria es una de las más frágiles
y, por ende, altamente dependiente de la existencia de unos servicios públicos
sólidos, con suficientes recursos presupuestarios y bien organizados.
En estos años, mientras tanto, frente a
la racanería presupuestaria, frente al endurecimiento
de las condiciones laborales, frente a los rápidos cambios sociales…, el
profesorado ha salvado los muebles asumiendo cada vez más tareas, más roles y
más precariedad y todo ello aderezado con un menor reconocimiento social y, lo
que es aún peor, administrativo.
Resulta una verdadera carnavalada que
este gobierno repita con sorna que cualquier negociación sobre la
reivindicación de homologación debe ir ligada a “mejoras del sistema
educativo”. ¿Cómo casa ese discurso con el desarrollado por el actual Vice consejero, Gonzalo Marrero,
cuando manifestaba al Comité de Huelga que la educación no estaba en los
primeros lugares entre las prioridades de este gobierno? Según él, las
encuestas revelan que la sociedad canaria anda más preocupada por otros
asuntos, como la seguridad o la inmigración. -Seguramente, lo que le quita el
sueño a todo hijo de vecino, es saber si por fin tendremos Policía Autonómica-.
Mayor carnavalada resultan, si cabe, las
declaraciones de nuestra entristecida Consejera al reconocer que el profesorado
canario había rechazado su truculenta oferta de “Nuevo Marco Retributivo”.
¿Jornada triste para quién, Milagros? ¿Para la enseñanza? -Más bien para un
gobierno que menospreció a sus docentes pensando que podría acallar sus voces a
cambio de unos diezmos y que encima asumirían toda la responsabilidad sobre la
calidad del sistema-.
Un año, después de iniciada esta lucha,
con “don carnal” suelto, tiene Don Paulino una oportunidad de enderezar el
rumbo y demostrar que realmente se apuesta por potenciar la calidad de los
servicios públicos, con políticas presupuestarias adecuadas y medidas concretas
que palien la actual situación. Hablemos si se quiere de pactos sociales y
esfuerzos comunes (hasta ahora todos los hemos puesto de este lado); pero él
(no en vano, fue docente), su gobierno y
los trabajadores de la enseñanza, sabemos que eso nada tiene que ver con
lo que toca: corregir el agravio retributivo al que se nos viene sometiendo ya
de forma histórica.
¡Felices carnestolendas,
presidente!, pero no olvide que, irremediablemente, llegará enseguida la
cuaresma.
Las Palmas de G.C. a 1 de febrero de 2008.
*
Delegado
de Personal de EA-Canarias y miembro del Comité de Huelga de