El ejemplo de Andorra, válido para Canarias
En un artículo
publicado el jueves[1-05-3008] en las páginas de Economía, exponía nuestro
colaborador Antonio Tejera Reyes un interesante
ejemplo de soberanía económica en un país diminuto, Andorra. Legalmente es un
principado donde cogobiernan España y Francia, pero,
en la práctica, es una nación más con capacidad para decidir sus fuentes de
ingresos, sus instituciones políticas, sus leyes y hasta su política exterior.
Pues bien, si Andorra, mucho más pequeña que Canarias y encajada en la frontera
de dos grandes Estados, como son el francés y el español, tiene derecho a esa
soberanía y, además, puede vivir por sí misma -y con un buen nivel de vida, por
cierto-, cuánto más podría reclamar este Archipiélago gobernarse por sí mismo
estando a
Y, volviendo al
aspecto económico de la soberanía, un político español que acaba de dejar un
altísimo puesto en los organismos financieros internacionales, a su paso por
Santa Cruz de Tenerife, cuando se le pidió opinión al respecto, dijo que él
creía que Canarias podía ser económicamente autosuficiente. Lo que añadimos
nosotros, y en eso coincidimos con lo que reclamaban los sindicatos este
Primero de Mayo, es que hay que ir hacia otro modelo económico. No se puede
seguir toda la vida con las mismas ideas y con el turismo casi como única
fuente de ingresos. Ese sector tiene el futuro garantizado mientras no cambien
el clima y las temperaturas y el sol casi permanente que disfrutamos a diario,
así que dediquémonos a pensar en nuevas formas de desarrollo. Y, de paso, no
vendría mal una renovación generacional en quienes dirigen tantos y tantos
foros económicos en Canarias, muchos de los cuales están acomodados y no sirven
para los nuevos tiempos. Finalmente, ¿por qué esta tierra, con los recursos que
posee, suficientes para mantener a su población, ha sido siempre tierra de
emigrantes, aunque ahora acoja a los que vienen de otros países? Pues porque no
se han administrado adecuadamente esos recursos, porque han primado el
caciquismo y la mala administración. Pero eso se puede cambiar.
Fuente: El Día,
3-05-2008