ELECCIONES, NACIONALISMO,

PARTICIPACIÓN Y ABSTENCIÓN (I)

Francisco Javier González

Algunos compañeros me han solicitado, por la muy cómoda vía de los correos-e, mi opinión sobre los resultados que el nacionalismo ha obtenido en estas elecciones españolas, opinión que, puesto que hice una clara llamada al voto a las opciones que presentaban como divisa la independencia y la vía socialista de desarrollo ulterior, me veo en la necesidad -y el deseo- de compartir con los compañeros de lucha. La realidad es que este último proceso electoral no solo me añade nada nuevo a lo que ya he expresado sino que, bien al contrario, me reafirma en las tesis que sostuve tras las anteriores elecciones españolas, por lo que, igual que hice en el artículo pre-electoral (“El independentismo y los procesos electorales”)[1] autoplagiaré, actualizándolo, lo que en ese 2004 publicaba porque, en realidad, poco o nada ha cambiado después de aquel análisis, incluyendo los recursos del “voto útil” y del ”ojo que viene la derecha” (como si no estuviera ya asentada firmemente entre nosotros). Así, se ha repetido por enésima vez el hecho de que, ante cada nueva convocatoria electoral, surgen voces del nacionalismo que propugnan la ABSTENCIÓN, sobre todo de personas u organizaciones que consideran que la situación colonial de Canarias no tiene ni encaje ni solución en un proceso electoral metropolitano. Entiendo que esta actitud tiene fundadas raíces históricas y poderosas razones en que sustentarse, pero discrepo en cuanto a su utilidad para afrontar el problema de la ruptura de la dependencia política de Canarias con el Estado Español mediante la lucha política, incluyendo cualquier proceso de descolonización que se quiera -y pueda- plantear.

Creo que el nacionalismo patriótico de liberación (aclaro, una vez más, que uso ese término para evitar la interesada confusión semántica que sobre el nacionalismo ha introducido el españolismo regionalista de la CC) ha adolecido frecuentemente de capacidad de análisis, lo que nos ha llevado a actuar con el corazón y a base de grandes dosis de voluntarismo, dando como resultado una falta de recursos tácticos realistas que ha hecho que nuestra presencia política y nuestra influencia social real se vea hoy bastante mermada respecto a la que tuvimos hace años. Por eso, una tarea ineludible que tenemos en la actualidad es la de clarificar los conceptos que nos permitan sentar los fundamentos tácticos y prever los resultados prácticos de las actuaciones políticas a emprender, en una etapa que hay que clasificar como de necesaria reconstrucción de las organizaciones imprescindibles para el objetivo estratégico de la liberación nacional y social. Con ese ánimo pretendo abordar la relación entre nacionalismo y procesos electorales, en que mi experiencia personal me ha enseñado que esa cuestión de la relación entre el nacionalismo y las elecciones y, en consecuencia, de la dicotomía Participación/abstención está muy lejos de ser resuelta, y se presenta con renovada fuerza en cada nueva convocatoria, ocasionando cada vez dolorosas fracturas, que en el pasado han sido irreparables, dentro del espacio político nacional-popular. Por esa razón creo ni el 14 M del 2004 ni el 9M del 2008 marcan ninguna raya temporal que limite este repetido debate en que todos debemos participar para avanzar.

PRECISIONES SEMÁNTICAS:

Como cuestión previa creo importante que aclaremos la terminología a utilizar. Parto de que no hay ningún concepto aséptico y mucho menos en cuestiones políticas. Por eso, racionalmente, precisemos todos la terminología usada por cada cual y el alcance que le damos.

 Aunque el Diccionario de la R.A.E recoge como acepción pronominal de ABSTENCIÓN la de "privarse de alguna cosa", la primordial es "No participar en algo a que se tiene derecho, p. ej. en una votación" . Cuando hablamos, pues, de abstención electoral la identificamos -y así lo hacen la mayoría de los estudios electorales, sociológicos y políticos- con el hecho de que un ciudadano, que tiene el derecho a hacerlo, no deposita su voto en la urna en un proceso electoral determinado. Abstenerse es por lo tanto, simple y llanamente, el hecho de no votar cuando se tiene ese derecho, independientemente del porqué del hecho, haciendo así del concepto de "abstención electoral" el antitético del de "participación electoral". Basándose en este concepto es fácil entender que si bien la cuantificación de la abstención electoral es sencilla (diferencia entre ciudadanos censados y votos emitidos), dada la enorme cantidad de circunstancias que pueden determinarla, su estudio cualitativo es de una extrema complejidad, con multitud de trabas metodológicas y técnicas para analizar las variables que intervienen y para sacar luego las correspondientes consecuencias políticas.

Esta complejidad explica que, incluso en la nomenclatura conceptual, no haya acuerdo entre los autores para designar las clasificaciones y las distintas partes diferenciales en que pueda dividirse la abstención electoral. Esto nos obliga a definir previamente los términos a utilizar y a precisar su alcance conceptual, pues aquí impera lo del diferente librito de cada maestrito. Como ejemplo, y por su carácter de canario y prestigioso catedrático de la ULL, cito los términos que emplea D. Juan Hernández Bravo de Laguna en su libro “Las elecciones políticas en canarias 1976-1986. Para él, el hecho de no votar constituye una abstención electoral pasiva, que subdivide en "abstención pasiva técnica" y "abstención pasiva no técnica", reservando el término de abstención activa para el voto nulo y el voto en blanco, nomenclatura esta de la que difiero totalmente y que no me parece ni acertada ni aceptable, aunque pueda entender la concepción política, que no técnica, que la inspira. Por mi parte, intentaré clarificar la que creo más correcta que será, en todo caso, la que emplee en este análisis.

Debemos partir de la realidad. Si la abstención se contabiliza como ya hemos dicho -y no hay otra forma de hacerla- como diferencia entre ciudadanos censados con derecho al voto y ciudadanos que ejercen ese derecho, habrá que considerar que entre esos "abstencionistas" no todos han pretendido serlo. La abstención, para tener validez sociológica y política, tiene que tener carácter voluntario por lo que tenemos que considerar los que no han votado, no porque voluntariamente así lo hayan decidido, sino porque les ha sido impuesto por circunstancias ajenas a esa voluntad (problemas censales, incapacidad, enfermedad, desplazamientos, condiciones meteorológicas....). Estaríamos ante la abstención forzosa, que generalmente se designa como abstención técnica. Aunque la cuantificación de esta abstención no es sencilla por la variedad de los factores que la determinan la realidad es que, salvo los problemas censales que la informática ha ido reduciendo, tiene tendencia a mantenerse casi constante y puede ser cifrada, para países con un grado de desarrollo comparable al del Estado Español en, aproximadamente, un 10% del censo electoral. En la realidad, solo en regímenes totalitarios se dan casos de abstención menor de ese 10%.

Cuando un ciudadano, que no tiene traba alguna que le impida el ejercicio de su derecho al sufragio activo (voto), no acude sin embargo a depositar su voto se produce la abstención voluntaria que puede, también, ser resultado de múltiples causas que originan diferentes categoría o clases de la misma. Esas causas pueden dividirse en dos grandes grupos: A) Causas psicosociológicas, y B) Causas políticas. La abstención que he denominado "psicosociológica" englobaría a los grupos marginados por el sistema social, con nulo interés por el acontecer político que, por lo mismo, no votan en ninguna circunstancia. La movilización de estos grupos marginados por el sistema solo se produce en momentos de crisis que pongan en cuestión al propio sistema y, desde luego, en esos casos no lo hacen mediante el ejercicio del derecho al sufragio ni activo ni pasivo. Por lo tanto, y aunque voluntaria, debe ser considerada como abstención pasiva a contabilizar junto con la técnica. El resto de la abstención debe ser considerada como abstención activa de carácter fundamentalmente político.

LA ABSTENCIÓN POLÍTICA ANTISISTEMA

Definida, como hemos hecho, la "abstención activa" como la de aquellos ciudadanos que, aún sin tener ningún impedimento legal, físico o psicosociológico, no ejercen su derecho al sufragio activo, hay que reconocer que ese acto voluntario de abstenerse puede estar determinado por multitud de factores que van desde los psicológicos, como las actitudes individuales frente al sistema, a los estructurales, los socioeconómicos y los político-institucionales. Ahora bien, a poco que profundicemos en todos estos factores y analicemos su incidencia relativa en el acto volitivo de la abstención, llegamos a la conclusión de que la "abstención activa" es fundamentalmente una abstención política.

Dentro de esta, una primera clasificación sería la que agrupe a un cierto abstencionismo que es, en realidad, una manifestación antisistema, producto de una reflexión política más o menos consciente. En efecto, acudiendo de nuevo al Diccionario, encontramos que el DRAE recoge los términos "abstencionismo" y "abstencionista" como "la doctrina y práctica de los abstencionistas" y como "partidario de la abstención, especialmente en política", que si combinamos con la acepción de "doctrina" como "conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo" supone, al menos a juicio de la hispana Academia, la existencia de un corpus teórico que sustenta la praxis de la abstención al nivel de ideología.

Este sustento ideológico a que me refiero parte de la realidad de que, con carácter general, los sistemas democráticos formales se autodefinen como "representativos" en base y función de un sistema electoral que permite, al menos teóricamente, el voto libre, universal, personal y secreto, mediante al cual el ciudadano elige a aquellos que ostentarán, durante un período determinado, la potestad legislativa y el poder ejecutivo o las parcelas del mismo que correspondan a la elección en cuestión. No estoy, al menos ahora, cuestionando la bondad o perversidad del sistema sino intentando resaltar el hecho de que el sufragio activo conlleva esa delegación del "poder que reside en el pueblo" en manos de unos supuestos "representantes" del mismo que lo administran en nombre de quienes los han votado, de quienes han votado a otros que no han logrado esa representatividad, y en nombre también de quienes se han quedado en casa sea por la razón que sea. Una vez realizada la elección no hay revocabilidad para esos cargos electos y, teóricamente, solo se les podrá exigir responsabilidades políticas mediante un nuevo sufragio que los reafirme o los aparte del cargo representativo ya que, en la práctica, incluso para delitos flagrantes cometidos en el ejercicio del cargo, la lentitud del aparato judicial y las trabas burocráticas inherentes hacen inviable su deposición por cualquier procedimiento legal -y de estos casos tenemos, desgraciadamente, muchos recientes ejemplos en nuestra insular y asirocada “clase política”- y mucho menos si se trata, simple y llanamente, de incumplimientos de los programas o de las promesas políticas que plantearon para ser elegidos. Son contadas las Constituciones que, como la de la República Bolivariana de Venezuela (Art. 77 y 233), recojan la posibilidad de la revocación popular de los cargos electos, y mucho menos los que la hayan llevado a la práctica como hizo el Presidente Hugo Chávez con el “Referéndum revocatorio” del 15 de agosto de 2004. Este sentimiento de "inutilidad" del voto ante el aparato de poder es la base de la justificación de la abstención antisistema, que es, sin duda, la expresión más radical de la

Gomera a 12 de marzo de 2008

[1]El independentismo y los procesos electorales