ELECCIONES,
NACIONALISMO,
ABSTENCIÓN
Y PARTICIPACIÓN (Y II)
Francisco Javier González
Si en la reflexión
anterior, válida para cualquier territorio, introducimos el carácter
nacional canario, esta tendencia a la "abstención
antisistema" se debe ver reforzada por la consideración de que los
representantes a elegir lo son para funciones o puestos que, al emanar
directamente de la legalidad colonial, están sometidos a la misma, por lo que
las dudas sobre la eficacia de esos representantes frente al problema central
del nacionalismo -que es la ruptura de la relación de dependencia-, aumentan
geométricamente para este tipo de abstencionismo, estimulada además por la
permanente llamada a la abstención realizada por algunos sectores del
nacionalismo anticolonialista aún en los casos en que otros sectores, incluso
claramente independentistas, se presentan a las elecciones aunque sean
autonómicas y/o locales. La abstención antisistema pasa así a convertirse
en abstención anticolonial.
Este enfrentamiento
entre sectores del nacionalismo patriótico de liberación por la dicotomía
irresuelta de participación/abstención siempre ha sido muy fuerte. Hablo
como testigo de excepción ya que, en la etapa en que fui Secretario General del
FREPIC-AWAÑAK, se acordó en dos ocasiones (1987 y 1991), en debates
desarrollados en Congreso o en Conferencia General, acudir a las Elecciones
Locales y Autonómicas y, en ambos casos, el acuerdo causó fracturas considerables
de partes importantes y valiosas de la organización, propiciando el nacimiento
de plataformas marcadas por el signo del abstencionismo anticolonial
como fue el caso, por ejemplo, de la ya hoy olvidada PUA, aparte de la sangría
de militancia que siempre sucedía tras un proceso electoral ante la escasez de
resultados que, aunque perfectamente previsibles, no eran fácilmente asumidos
por la parte de la militancia -sobre todo juvenil- que, a pesar de las
advertencias previas, íntimamente mantenía expectativas de resultados más
acordes con el esfuerzo personal y colectivo realizado. Para las elecciones
Legislativas españolas no logró el FREPIC resolver el debate hasta el año 96 y,
aún así, fue a costa de presentarse solo en las Canarias orientales y provocar
una severa ruptura interna.
Aunque los aspectos
cuantitativos serán el objeto de la parte final de este análisis de la relación
del nacionalismo con las elecciones y, más específicamente, con la abstención
frente a las mismas, es conveniente introducir ahora algunas cuantificaciones
que sirvan de apoyatura a esta tesis que mantenemos de la permanente existencia
de una abstención de carácter fundamentalmente anticolonial. Evidentemente,
si consideramos que, salvo el carácter colonial, son más o menos similares las
causas y condicionantes de esta abstención antisistema en la metrópoli y
en la colonia, el "plus abstencionista" que deriva del
carácter anticolonial tiene que incidir en los procesos electorales de forma
permanente.
Aunque podría hacerse,
me parece excesivamente simplista el atribuir la diferencia entre niveles de
abstención en España y en Canarias a esta abstención anticolonialista ya
que existen más factores diferenciales a considerar en la comparación de la
abstención entre Canarias y España, como haremos oportunamente, por lo que me
limitaré ahora a la exposición de aquellos datos cuya explicación más coherente
pasan por admitir su carácter anticolonial. Así, en las sucesivas nueve
convocatorias a Elecciones Legislativas celebradas en el Estado Español entre
1977 y 2004 (ambas inclusive), la media de la abstención en España ha sido del
26,07% mientras que la habida en Canarias asciende al 32,73%, lo que arroja una
diferencia de +6,7 puntos respecto a la española. Estas diferencias permanentes
-que supera los 8 puntos en las tres últimas convocadas (1996, 2000 y 2004)-
son debida exclusivamente a causas políticas ya que, incluso las que
dependen de factores coyunturales o estructurales son de índole política y, en
un gran porcentaje, son una expresión antisistema.
Dado que las
decisiones políticas que más influyen sobre el modus vivendi cotidiano y que
condicionan el desarrollo de cualquier país tienen origen estatal, es lógico
que el interés del ciudadano por las elecciones legislativas del estado al que
pertenece sea siempre superior a las de carácter local, ya que la participación
electoral crece proporcionalmente al posible beneficio que el ciudadano espera
alcanzar con los resultados. Esta es una constante que, con mayor o menor
relevancia, se repite en todos los estados gobernados mediante democracias
formales, y el Estado Español no es una excepción en este sentido. De aquí
deducimos que, si la tesis de abstencionismo anticolonial que sostenemos
es correcta, sería lógico esperar que la diferencia existente entre la
abstención en las diferentes elecciones que se celebran en el estado Español
(Generales o Legislativas; Locales y Europeas) sea distinta en España y en
Canarias y, en efecto y a mi juicio, los datos corroboran estas
consideraciones.
A nivel del Estado
Español, por las razones explicadas, la participación es siempre mayor en las
Elecciones Generales que en las Locales, incluso cuando se realizan conjuntamente
como en 1979, disminuyendo aún más esta participación cuando se trata de
Elecciones Europeas aún en el caso en que, como en 1987, se celebren
conjuntamente Europeas y Locales. Examinemos ahora esas diferencias entre el
comportamiento electoral entre España y Canarias ya que las cifras son
reveladoras como apoyo a nuestra tesis del abstencionismo anticolonial. En
efecto, las medias de abstención en España para Generales
y Locales en los períodos señalados de
El análisis de las Elecciones
Europeas nos llevaría a consideraciones similares. La media de abstención a
esos procesos europeos en el Estado Español es del 38,7%, porcentaje que en
Canarias se eleva al 44,7%, apareciendo de nuevo los 6 puntos de diferencia que
ya habíamos observado en las Legislativas entre España y Canarias (+6,7%).
Inclusive en aquellos casos, como en 1987, en que las Elecciones Europeas se
celebran conjuntamente con las Legislativas españolas se mantiene el diferencial
entre España y Canarias que, en el caso concreto citado de 1987 es de +6,6%.
Idéntica explicación puede tener la diferencia de casi un punto por encima que,
generalmente, presenta el voto nulo entre Canarias y España en los procesos
electorales, probable expresión de un anticolonialismo militante que no rechaza
al sistema democrático formal, ya que es una experiencia común a los que
participan en los recuentos electorales en nuestra patria la papeleta
sobrescrita con mensajes independentistas.
Podría utilizarse unas
elecciones de especial significado como fue la de 1982 -por la circunstancia
del entonces reciente golpe de estado del 23F- que son las elecciones en que se
da la más alta participación en toda la historia electoral del Estado Español
tanto en España como en Canarias. En aquellas especiales circunstancias la
mayoría de las objeciones "antisistema" de apoyatura para la
abstención perdieron significado ante la defensa del sistema democrático frente
al fascismo puro y duro. La única objeción al proceso electoral, aunque también
minimizada, era justamente la anticolonial, por lo que los porcentajes
diferenciales en esas circunstancias tienen especial validez para evaluar el
núcleo más duro del anticolonialismo. Las cifras en este caso fueron de un 20,1%
de abstención en España y del 23,9% en Canarias, con +3,8 puntos respecto a
España a los que habría que sumarle una diferencia de +0,9 en el voto nulo,
dando pues un total diferencial del 4,5%, probable abstención anticolonial en
aquellas complicadas circunstancias políticas que afectaban tanto a la
metrópoli como a la colonia
Especial relevancia
para este análisis tienen también las Elecciones Generales de 1979, por la
participación en las mismas de una parte importante del nacionalismo y los
resultados que obtienen, ya que
En esos comicios del
79 de los 58.953 votos que obtiene
En las recién
celebradas del 9 de marzo no hay variaciones substanciales en la tónica
descrita. La abstención total del Estado Español fue del 24,68 mientras que la de Canarias se elevó al 32,42
%, esto es 7,74 puntos porcentuales por encima de la española. Si al dato
añadimos que en Euzkadi la izquierda abertzale practicó una abstención activa,
incluso con llamamientos al boicot, lo que hizo elevarse 10 puntos la
abstención en ese territorio (del 25,03 en 2004 -similar a la de España- al 35,10% en este 2008), para tener una
visión más realista de la situación debemos considerar solo la abstención en
España (esto es, el Estado salvo Euzkadi y Canarias) que, estudiada así, baja
al 23,72 %, lo que significan 8,7 puntos
de diferencial con Canarias.
Especial significación tiene también contrastar el dato de que un boicot activo
en un territorio tan concienzudo como Euzkadi logra una diferencia de 10,03
puntos sobre su cifra anterior y, aún así, solo con un diferencial de 2,68%
sobre la abstención en Canarias, donde no solo no hubo campaña por la
abstención sino que funcionó a la perfección entre el electorado progresista y
de izquierda el señuelo del “miedo a la
derecha” que, para colmo, en nuestra patria conocemos bien por funcionar
codo con codo con el españolismo regionalista de CC.
Dado que el
colonialismo fue primero, cabe destacar que esta renuencia al voto como
resultado de una situación mantenida en el tiempo, es tan vieja como las
votaciones. Así, de las tres Elecciones Generales que se celebraron en el
Estado Español con la 2ª República (1931, donde solo votaban los hombres
mayores de 23 años, las de 1933, boicoteadas por
Al menos a mi juicio,
y a la vista de los datos aportados, tenemos que considerar como mucho más
importante la abstención política en Canarias que en la metrópoli.
Adelantando un cálculo empírico para una conclusión parcial nos daría que del
promedio de casi 34 puntos en que se sitúa la abstención en Canarias ante las
Elecciones Generales españolas, si restamos los alrededor de 10 puntos que
significa la abstención técnica o forzosa nos queda, de forma sostenida en el
tiempo, aproximadamente un 24% de abstención política activa, de la
que un mínimo de entre un 7 y un 10% hay que considerarla como
específicamente anticolonial.
Una conclusión realista de este análisis es que la izquierda anticolonial
en Canarias tiene un campo propio de entre
Fuentes: Elaboración propia a partir de datos oficiales de
Canarias a 12 de marzo
de 2008