Elías López:

"Los inmigrantes están en los centros de retención como delincuentes"

 

Afirma que en los cayucos pueden venir refugiados y se les debe dar la posibilidad de que se acojan al derecho internacional. Si no se hace, "deberían intervenir instituciones como el Defensor del Pueblo".

 

Elías López, jesuita palmero que cuenta en su haber con 14 años de experiencia en campos de refugiados en Tanzania, Ruanda, Burundi, Congo, Etiopía y Kenia, manifiesta que la política europea de inmigración es restrictiva y que los inmigrantes son tratados en los centros de retención como si fueran delincuentes.

 

 

DORY MERINO, Tenerife

Elías López, jesuita palmero que lleva más de 14 años trabajando en campos de refugiados en distintos países de África, señala que le preocupa mucho que se estén realizando repatriaciones de posibles solicitantes de asilo, así como el trato que se da a los inmigrantes en los centros de retención, "que parecen cárceles".

López ha estado unos días en Santa Cruz de La Palma , visitando a sus padres. En la actualidad trabaja en la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma. Esta organización católica internacional está en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos, según explicó Elías López, quien también ha desarrollado su trabajo en temas de derechos humanos en Bruselas -para JRS- y en el campo de la investigación para la paz en la Universidad de Lovaina (Bélgica).

Conocedor de la política migratoria europea, asegura que es "restrictiva".

Asimismo, señala que JRS "tiene la percepción de que en los centros de retención están los inmigrantes como si fueran delincuentes, porque viven como si estuvieran en una cárcel y se les penaliza por buscar un mejor nivel de vida". Además, indica que, en algunos lugares, "se les devuelve a sus países sin haber realizado una valoración personalizada para ver si son refugiados políticos, por si en sus país existe una amenaza para su vida". En su opinión, esta valoración está exigida de acuerdo al derecho internacional, "pero se realizan expulsiones sin tramitar el asilo".

Precisa que, desde la Convención de Ginebra (1951), tras la II Guerra Mundial, el concepto de refugiado ha ido cambiando, y ahora se ha ampliado a refugiado político, económico o medioambiental y también se incluyen los migrantes forzosos, "una realidad emergente a la que se está intentando dar respuesta".

Insiste en que los países desarrollados, como España, "deben usar las herramientas del derecho internacional, de acuerdo a las convenciones firmadas por nuestro país". JRS atiende también a los desplazados internos, personas que se van de su zona de origen sin cruzar las fronteras de su país. López dijo que realiza un trabajo similar al de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Afirma que en los cayucos pueden venir refugiados y se les debe dar la posibilidad de que se acojan al derecho internacional. Si no se hace, "deberían intervenir instituciones como el Defensor del Pueblo".

Elías López trabaja en investigación para la paz, "en la que influyen distintos bloques, los que tienen que ver con la reconstrucción material y otros con medidas psicosociales". Señala que reconstrucción y reconciliación son variables interdependientes. Pone como ejemplo, que muchas veces "se logra la reconstrucción material (casas para hutus y tutsis en Ruanda), pero las paredes y muros mentales y sentimentales que dividen a la gente no se desmantelan y al cabo de un tiempo, el conflicto vuelve a resurgir". Insiste en que hay que desmantelar el odio que los divide y sanarlos.

Este jesuita se muestra preocupado por las muchas guerras que hay en distintas zonas del mundo. Por ejemplo, citó el conflicto de Grandes Lagos, "que se ha llamado la tercera guerra mundial, por estar involucrados hasta 12 países africanos y donde han muerto unos cuatro millones de personas". Hace hincapié en que es un conflicto desconocido, "quizás porque esta gente cuenta poco en la economía mundial".

En este sentido, afirma que JRS en Bruselas "trabajamos en defender los derechos humanos y sabemos que en los millones de muertos están implicadas transnacionales norteamericanas, que operan en zonas de embargo, pero no lo han respetado y se ha producido tráfico de recursos naturales (oro, diamantes)".

No obstante, dice que existe un vacío legal y ninguna de estas empresas ha sido condenada. Por este motivo, "hemos intentado identificar a alguna de ellas, para ver si legalmente se les puede enjuiciar y condenar, pero, como es difícil, intentamos mejorar las leyes de control europeo, con el fin de atarlas en corto".

En su opinión, "lo ideal sería que La Haya pudiera condenar también a empresas, pero el Tratado de Roma no lo recogió, porque EEUU no quería que sus empresas fueran condenadas y se quedó para enjuiciar a personas individuales".

Este investigador detecta que se avista por dónde van a ir los conflictos en el futuro, "porque ya se dan dos variables muy importantes que pueden producir conflictos en poco tiempo: el extremismo religioso y el factor económico por la desertificación, debido al cambio climático, que impide que haya cosechas y agua para la población y los locales luchan por los recursos naturales locales".

El trabajo de JRS está íntimamente ligado a la misión de la Compañía de Jesús, es decir, promocionar la justicia del Reino de Dios en diálogo con otras culturas y religiones. JRS fue puesta en marcha en 1980 por el padre Pedro Arrupe, en ese momento Superior General de la Compañía de Jesús, como respuesta espiritual y práctica a la situación de los refugiados en aquel momento.

Debido al incremento de los desplazamientos forzosos en los años 80 y 90, JRS ha reafirmado su compromiso con los refugiados

 

Fuente: El Día