El Maestro
Agapito
De Cruz Franco
Comienza el nuevo curso escolar y no hay maestros. Ni
maestras. Han desaparecido casi todos entre los recovecos de las leyes de
educación. Los ha matado la empresa industrial en que se ha convertido el
Centro escolar. Se han ahogado en el laberinto de tuberías de la burocracia
administrativa con que el Estado ha poblado las aulas. Era una tragedia anunciada.
Y no es de extrañar, dados los peligrosos
antecedentes que tenía aquella figura educativa semilla de cultura y libertad.
Año 1960. Patxi Andion
cantaba: “Con el alma en una nube y el
cuerpo como un lamento, viene el problema del pueblo, viene el maestro. El cura
cree que es ateo, el alcalde comunista y el cabo jefe de puesto piensa que es
un anarquista”. Y continuaba el trovador: “Las buenas gentes del pueblo han escrito al “menisterio”
y dicen que no está claro cómo piensa este maestro. Dicen que lee con los niños
lo que escribió un tal Machado. Les habla de lo innombrable y de otras cosas
peores, les lee libros de versos y no les pone orejones”. Era el padre del
pueblo aunque en precarias condiciones: “Le
deben 36 meses del cacareado aumento y él piensa que no es tan malo enseñar
toreando un sueldo”.
Verano de 2007. Milagros
Luis Brito toma posesión como Consejera de Educación del Gobierno de
Canarias y afirma que hay que revalorizar al Profesorado. Es un tímido reconocimiento hacia aquella figura central y
entrañable de la educación, el Maestro, reemplazada por el Profesor, un eslabón
en la cadena de la enseñanza. El barco de la educación ha naufragado. En la
actualidad navegamos en el de la enseñanza, donde los agentes educativos se han
multiplicado: TV, electrónica, Internet, mundo global.
Manolo Marrero, del Secretariado
del STEC, dentro de ese cambio de roles en el docente le dejaba claro a
Septiembre de 2007. Comienza el nuevo curso escolar
con el problema heredado de la homologación, mas el escándalo de las
Oposiciones a Educación Infantil, donde
Hay que recuperar al Maestro
dentro de su dimensión en la sociedad actual donde la unidad familiar también
ha cambiado, adquiriendo
formas muy diversas y con problemas muy complejos. Pero
Cuando el nuevo curso escolar cobre vida
propia, por encima de problemas educativos y sistemas pedagógicos, los niños y niñas,
seguirán llamando Maestro y Maestra al principal agente de cambio en nuestra
sociedad. Aunque el poder legal los ha relegado a un lado, y convertido el
paisaje escolar en una empresa privada a su servicio, hay una esperanza. Ellos,
los niños, dicen siempre la verdad. Y son el futuro.