LA EMIGRACIÓN Y SU TRASCENDENCIA EN  LA  HISTORIA  DEL  PUEBLO  CANARIO (I)

                                                  

Andrés García Montes

 

    Después de vivir una larga emigración  (55 años) y haber efectuado unas limitadas investigaciones sobre el tema y ver los reducidos y simples espacios que nuestra mutilada historia le dedica, he sentido la obligación de hacer mi modesta aportación en este trascendental aspecto que condiciona nuestra historia en toda su extensión, pues nuestra verdadera y auténtica historia no podrá ser escrita ignorando la emigración, incluso, incluyendo los siglos  XIII y XIV, cuando los cultos, civilizados y muy cristianos europeos, nos hicieron el favor de cazar a nuestros aborígenes para venderlos como esclavos y así garantizarle un puesto en el cielo a sus paganas almas. Nuestra historia estará reducida e incompleta, mientras no seamos capaces de incluir las enormes aportaciones que nuestro pequeño pueblo ha hecho a la conformación de estas patrias americanas e incluso a la misma España, tal como tendremos la oportunidad de exponer mas adelante. Hay que afrontar el reto y enterrar los prejuicios culturales, al mismo tiempo que rescatar esa amplia parte de nuestra historia que los intereses y el insaciable ego de la metrópoli ha venido y sigue tragando sin reparo y sin medida.  Muchas arrecheras y amargos tragos he tenido que digerir en este largo periodo de emigrante, cuando los medios de comunicación y las autoridades venezolanas han destacado el importante papel que en el desarrollo agrícola y la producción de alimentos básicos han tenido los “españoles” de la última emigración. Hasta el más mentecato sabe en este país, que en porcentaje determinantes, eso ha sido obra del canario o isleño.

 

    La experiencia acumulada, las investigaciones limitadas efectuadas, el aprendizaje que he obtenido de las amplias investigaciones del inolvidable e incansable investigador palmero David W. Fernández, a quien me unió una gran y honrosa amistad hasta su lamentable muerte, me han dado un caudal de conocimientos sobre el alcance y proyección que la emigración canaria  ha derramado en lo que suelo llamar “Nuestra América”, pues estoy seguro que una historia muy distinta tendría el Pueblo Canario si no existiera la llamada América Latina. Pero esta visión sufrió una especie de explosión cuando tuve la oportunidad de conocer, intercambiar opiniones y leer, algunos trabajos de un matrimonio de incansables investigadores y estudiosos sobre el tema que estamos tratando. Me refiero al matrimonio constituido por el canario Bartolomé J.  Báez y la peninsular María del Pilar Rodríguez, ambos catedráticos de la Universidad Central de Venezuela, él como ingeniero y ella como bióloga. Es justo reconocer que las copias de los trabajos que generosamente me regalaron me parecieron exagerados, pues mi primera interpretación  fue que aquellos documentos expresaban mas un deseo que una realidad, aunque deseaba que aquello que allí leía fuese cierto. Tubo que pasar un buen tiempo, incrementar conocimientos y despojarme del peso de ciertos prejuicios culturales que el proceso colonial ha venido imponiendo al pueblo canario y de los cuales en mayor o menor grado soy portador, para poder evaluar en su justa dimensión la enseñanza de los mencionados documentos. La verdad fue surgiendo al comparar hechos históricos, fechas, relación entre los acontecimientos, etc., muchas veces he leído estos trabajos, hoy soy un convencido del conocimiento que transmiten. Justo es pedir públicas disculpas a estos excelentes investigadores ya que hace tiempo perdí contacto con ellos.

 

    Muchos de los datos que proporcionaré a mis respetables lectores los tomo de los documentos que generosamente me proporcionaron. El orden en que haré la exposición de los hechos lo determinará la cronología del  tiempo, comenzaremos por lo mas antiguo, siglos XIII y XIV y llamaremos emigrantes a todo el que, por cualquier causa, medio o deseo, abandonó el archipiélago, así que todos aquellos aborígenes que fueron cazados como animales y vendidos como tales en los mercados de esclavos, los que fueron llevados por la fuerza o abandonaron nuestra tierra en aparente voluntad u obedeciendo a las Reales Cédulas que el capricho o interés de la corona determinaba  y fueron llevados a poblar otras tierras, entran dentro del concepto emigratorio y pertenecen a la diáspora que nuestro pueblo lleva padeciendo hace no menos de siete siglos.

 

    El trasvase de aborígenes canarios a la Península Ibérica, bajo la condición de esclavos para incrementar su población, sus ejércitos, la hegemonía de un reino frente a otro, explotar el sucio y el repugnante negocio del esclavismo, etc., fue un hecho que se extendió por varios siglos. Es de hacer notar que por razones obvias este es un hecho celosamente guardado y silenciado por la metrópoli y también por nuestra mutilada historia.

 

    Según Franco Silva A. en su obra La Esclavitud en Sevilla a Fines de la Edad Media, la actividad esclavista comenzó a tener importancia en