HISTORIA DEL PUEBLO CANARIO (VII)
Andrés
García Montes
Comenzaré esta entrega
señalando que dos aspectos han venido distorsionando
El puesto que ocupa El
Libertador en
Entre el conjunto de aspectos
que se confabulan para crear las condiciones para que se diera la guerra por la
independencia del imperio español en América, salvo Cuba y Puerto Rico, dos
hechos destacan. El primero dado en el Siglo XVIII, cuando
El gran historiador Laureano Valenilla Lanz, muchas veces ignorado por su objetividad y
valentía, en su obra Cesarismo
Democrático nos dice: “cuando la sociedad se conmueva, cuando las trabas
sociales y políticas que contenían hasta cierto punto aquellos odios
desaparezcan, entonces se verá como surgen los instintos despiadados y la
guerra estallará entre aquellas clases como entre hordas salvajes.
Ante esos detalles que constituyen
la vida íntima de la colonia, desconocidos o desdeñados por casi todos nuestros
historiadores, cabe preguntar: ¿Quiénes eran en Venezuela, por una ley
sociológica perfectamente definida, los verdaderos opresores de las clases
populares? Serían acaso, los agentes
venidos de la metrópoli, que, según la propia expresión de los nobles, miraban
la provincia como una posada, contentándose con sufrir el mal por el poco
tiempo que habían de durar en ella; o aquellos que apegados al terruño, celosos de su alta
posición, dominando todas las corporaciones y ejerciendo todos los empleos los
tiranizaban, siendo ellos exclusivamente los llamados a ejercer las funciones
de alcaldes, corregidores, síndicos, justicias mayores, tenientes de justicia,
oficiales de milicia, recaudadores de impuestos, celadores del estanco y del
fisco etc., y componían la tropa entera de empleados municipales perpetuos y
electivos que reclamaba el complicado organismo administrativo de
Hasta aquí la larga cita que
por parecerme tan contundente la utilizo en su totalidad. Estos dos autores van
a ser citados con bastante frecuencia ya que son de los pocos que han
enfrentado esta realidad con valentía y objetividad.
A lo dicho bien pudiésemos
agregarle ¿Qué significado podía tener para la mayoría de esta
población sometidos a brutales y denigrantes tratos, castigados
salvajemente por cualquier cosa, embrutecidos por el degradante medio donde
eran obligados a vivir, la invitación a luchar por la libertad? Más confuso e
incomprensible cuando esa invitación se la formulaba el amo, el opresor. ¿Acaso
la más elemental reflexión no le conducía a la conclusión de luchar y
sacrificarse para tener el mismo amo? En última instancia, el que lo explotaba,
lo maltrataba, lo segregaba y despreciaba, quien lo castigaba y excluía a él y
a su familia no era
Para que el lector tenga una
idea más clara del trato que esa reducida y enferma casta social, conocida como
los mantuanos, le daba al grueso del pueblo venezolano, veamos su reacción ante
una petición que un grupo de familias mulatas (pardos) hiciera ante
Según el criterio de la élite
mantuana, únicamente la gente de su calidad y honor debían estar en la milicia,
ser sacerdotes, estudiar en
Para los mantuanos “, negarle
la gracia a los pardos es la única manera de conservar el orden y la cohesión
social.
La aplicación de
De concederse la calidad de
blanco a los pardos, los mantuanos dejarán de ejercer los oficios honorables y
los mulatos invadirán como hormigas los espacios y funciones públicas, hasta
que no haya gente blanca que pueda defender la estabilidad de régimen colonial,
frente a una gente cuya calidad la hace sospechosa de infidelidad y subversión.
Hormiguearán las clases de estudiantes mulatos.
Pretenderían entrar en el Seminario: rematarán y poseerán los oficios consejiles: servirán en las oficinas públicas, y de Real
Hacienda: tomarán conocimiento de todos los negocios públicos y privados:
seguirá el desaliento y el retiro de las personas blancas y decentes: animará a
aquellos su mayor número: se abandonarán éstos a su pesar y desprecio: se
acabarán las familias que conquistaron y poblaron con su sangre y con inmensas
fatigas
Para concluir, por si acaso
quedara alguna duda, veamos su alegato final para demostrar a
Si esta era la concepción,
como puede apreciarse, cargada de prejuicios, desdén, desprecio, racismo,
exclusión y odio, no es necesario devanarse los sesos para averiguar el trato
que les daban a esas mayorías sociales que con ellos convivían.
Guste o no, el desconocimiento
de este factor, jugó su papel en el primer intento de independencia encabezado
por el Generalísimo Francisco de Miranda, en agosto de 1806, en
Dada la importancia del más
notable precursor de la independencia americana se hace necesario hacer una
ligera remembranza de su descollante biografía.
Francisco de Miranda nació en
Caracas el 28 de marzo de 1750. Hijo del canario Sebastián de Miranda Rabelo,
Cursó estudios en la misma ciudad y en 1771viajó a Madrid.
Al año siguiente ingresa al
servicio militar de España como Capitán del regimiento de Infantería de
Princesa. Su primera experiencia de guerra fue en Melilla contra los moros. En
1780 estaba en Estados Unidos de América enviado por España, para combatir por
su independencia contra Inglaterra, donde conoció a los principales dirigentes,
entre ellos al mismo George Washington. Participó en el famoso sitio y
rendición de
Debido a su espíritu rebelde,
libertario y anticolonial y sus opiniones a favor de la independencia de las
colonias españolas, es considerado enemigo de España y acusado de hereje,
siendo en consecuencia perseguido por los temibles Tribunales de
Su espíritu inquieto y
batallador lo convierte en un incesante viajero, es objeto de atenciones y
elogios en numerosos círculos intelectuales de Europa, su talla intelectual le
abre muchas puertas, entre ellas,
Se dice que el único nombre de
extranjero que aparece en el Arco de Triunfo en
Sólo hemos hecho un somero
esbozo de la personalidad de Miranda, poco nombrado y menos exaltado bajo la
estúpida creencia que podía restar brillo a la figura de Bolívar. Cuando hay
que asumir el hecho histórico, respetables historiadores e intelectuales no
logran explicar el comportamiento de Bolívar, atribuyéndolo a los más disímiles
aspectos. Quizás el más notable es la entrega de Miranda a los españoles
después de la caída de
Hagamos un recorrido
histórico. El 19 de abril de 1810,
Es bien conocido como el
Marqués del Toro fue el encargado de defender
militarmente la primera república, un inepto que lo que más le preocupaba era
exhibir su lujoso uniforme y su espada con empuñadora de oro y piedras
preciosas, en medio del narcisismo propio de esa egocéntrica nobleza. Después
de repetidas derrotas el mando del ejército le fue confiado a Miranda cuando
poco había que hacer. La situación hizo crisis cuando Puerto Cabello, la más
importante plaza, confiada su defensa a Simón Bolívar, se perdió. El
Generalísimo ante una crítica situación y lo más probable que por la causa
dicha, no podía reunir un ejército que pudiese enfrentar al de
El mismo día que pretendía
embarcar, muy temprano, es despertado por una comisión de la cual Bolívar
formaba parte y lo detienen, entregándoselo a los españoles quienes irrespetando
el tratado de capitulación lo encarcelan en las mazmorras del Castillo de
Los historiadores alegan que
el proceder de Bolívar se ampara o justifica porque en aquel momento a Miranda
se le consideró un traidor por su capitulación ante
Luego de estos hechos vendría
junto al manifiesto de Cartagena la extraordinaria hazaña conocida como
Uno de los aspectos más
polémicos de toda la obra de Bolívar fue el llamado “Proclama de Guerra a
Muerte”, este controversial documento lo emite El Libertador el 15 de junio de
Sin negar los objetivos
señalados pues la bestialidad y monstruosidad de los crímenes del colonialismo
no precisan de repeticiones o menciones. ¿Cómo desconocer que el documento va
dirigido a romper la estructura cultural creada por los prejuicios y linaje
clasista de las clases dominantes que obstruía la formación de un ejército
nacionalista y patriota?, ¿Cómo negar que la proclama intenta despertar una
conciencia nacionalista y patriótica en la gran masa del pueblo venezolano? Con
relación a lo último, estimo un grave error, que no es sólo de Bolívar, ha sido
siempre hasta nuestros días, al meter en el mismo saco a españoles y canarios.
Pero en este caso específico, ese error tuvo graves y fatales consecuencias,
pues en Venezuela, dada la gran descendencia que el canario tenía, la proclama
representó la gota que rebozó el vaso para que estallara ese hervidero de odios
a que hace referencia Herrera Luque. Una vez puesta en práctica la proclama se
destapó una persecución sin tregua ni medida contra numerosos canarios
bodegueros, agricultores, comerciantes, artesanos con numerosos nexos de sangre
y amistad con las grandes masas. Para la fecha, El Libertador era visto como un
mantuano más y estas masas no simpatizaban con los realistas, pero, por las
razones expuestas, si odiaban al mantuanaje. Con
razón el gran intelectual venezolano Juan Vicente González señala en una aguda
crítica a la proclama: “¿…Por qué, envolver en la
proscripción, a multitud de hombres laboriosos y de honestas costumbres, que
fecundan los campos, enlazados con los venezolanos, padres de compatriotas
nuestros… hijo del venezolano del español con una madre, esposa de aquel, ¿no
era terrible alternativa colocarle entre la patria y sus padres, parricida en
uno y otro caso? Hacer de la fe de bautismo un título de muerte, proscribir
padres, tíos, parientes ¿No era sembrar la discordia en las familias, romper
los lazos más santos, destruir el respeto, preparar los días que atravesamos?
Dada las características que
El destacado escritor, ya nombrado,
Juan Vicente González lo llama: “El primer jefe de la democracia venezolana”
agregando que: “penetró muy hondo en las entrañas de nuestra revolución”.
El caudillo que dirigió esta
guerra civil en Venezuela fue el asturiano José Tomás Boves,
de quien se dice llegó muy joven a Venezuela y sufrió en carne propia los
vejámenes del mantuanaje al prestar servicios
domésticos, luego pasó a ejercer el contrabando en cuya vida azarosa templó su
espíritu para asumir lo que fue después. En esa vida conoció y se hermanó con
los canarios, pues casi todos los altos jefes de su victorioso ejército fueron
canarios. Este hombre logra el caudillismo al redimir a los esclavos de la
servidumbre, siendo el primero en luchar por la igualdad de las castas,
elevando a lo zambos y mulatos de su ejército a las altas jerarquías militares,
gozó de una popularidad inmensa y era recibido por las masas con obsequios y
aclamaciones. Su principal bandera de lucha fue su desprecio y rechazo a las
castas dominantes, permitiendo a las masas desamparadas y a sus soldados
repartir las riquezas del mantuanaje entre ellos.
Esta fue la más espantosa
guerra civil que ha conocido el llamado mundo hispanoamericano. Doscientos
veinticinco mil muertos, desaparecidos, es el saldo estimado de una guerra de
clases signada por la venganza. “No hay crimen ni maldad que no se ejecutase,
ni pueblo, ni ciudad que no escapase al rigor más vesánico. Ni los lugares
sagrados fueron capaces de contenerlo en sus desmanes: miles de víctimas fueron
asesinadas sobre los mismos altares” según el decir del Dr. Francisco Herrera
Luque. Es ilustrativo lo que escribe el Arzobispo Coll y Pratt: “Mi espíritu se
conmueve y mi alma no puede soportar el peso de tantos males. El hurto, la
rapiña, el saqueo, los homicidios y asesinatos, los incendios y devastaciones,
la virgen violada, el llanto de la viuda y del huérfano, el padre armado contra
el hijo…, y cada uno buscando a su hermano para matarle; los feligreses
emigrados; los párrocos fugitivos, los cadáveres tendidos en los caminos
públicos, los huesos que cubren los campos de batalla y tanta sangre derramada
en el suelo venezolano: todo esto está en mi corazón”. Las atrocidades
cometidas en la toma de Valencia con las familias mantuanas describen el odio y
los deseos de desquite y venganza de aquellas masas cuya agresividad de siglos,
acumulada y reprimida, encontraba una válvula de escape. Otro aspecto a
destacar es la gran tragedia que representó la trágica huida a Oriente de la
población de Caracas ante la proximidad de las tropas de Boves.
El 7 de julio de 1814 una multitud estimada en mas de veinte mil personas huyen
hacia Oriente, en los 23 días que duró la penosa marcha muchos fueron los que
murieron, otros enfermaron y el trauma tardó en borrarse.
Así José Tomás Boves y los jefes que lo acompañaron, casi todos canarios o
descendientes de canarios, en la historia escrita e influenciada por las castas
dirigentes venezolanas, han pasado a ser los autores más odiados de esta
historia, acusados de realistas, monstruos y asesinos. Sin embargo, ¿Cómo
desconocer y menos desmentir que esas atrocidades, sin posible justificación ni
defensa, eran las tormentas que cosechaba el mantuanaje
después de siglos de estar sembrando vientos? Es bueno aclarar que los
nacionalistas no se quedaron atrás en el cumplimiento de
El historiador Laureano Valenilla Lanz, en su obra Cesarismo Democrático nos dice: “en los inmensos crímenes
atribuidos exclusivamente a España, la mayor responsabilidad, corresponde sin
duda alguna a los realistas venezolanos y a los españoles y canarios que como Boves, Yáñez, Morales, Roseta, Calzada, estaban
establecidos en el país desde hacia largos años, ejerciendo los mismos oficios
de las clases bajas y participando naturalmente de sus instintos y sus pasiones
“pero la razón política ha venido influyendo… para creer que en la lucha por la
independencia sólo participaron dos tendencias, la de los americanos y la de
El mismo autor prosigue: “Boves, Yáñez, Morales, Rosete,
Puig, Antoñanzas, Zuazola
execrados por la leyenda y por la historia, no fueron ni más tenaces ni más
valientes, ni más crueles, ni más perjudiciales a la causa de
El conocido historiador
Restrepo, llega a asegurar que en los grandes ejércitos de Boves
“nunca hubo más de 160 españoles”.
Vallenilla Lanz, en su citada
obra, afirma que: “los realistas distinguidos, españoles y venezolanos, no
creyeron jamás en que Boves, Morales, Yáñez y las
hordas que le seguían defendieran honradamente la causa del Rey y desde los
primeros días… comprendieron los verdaderos móviles de aquella guerra de
exterminio”.
Este espantoso genocidio tiene
una especie de culminación y lo describo así, porque la guerra siguió su curso
por varios años más. Con la muerte de Boves en
Pero ese sangriento proceso
habría logrado organizar a buena parte de aquel pueblo, principalmente a los
indómitos jinetes llaneros que tan determinante papel jugarían después en el
desarrollo de la guerra. Todo parece indicar que estos terribles hechos era el
costo que tenía que pagar la sociedad venezolana para corregir la terrible
deformación que el mantuanaje y su oscurantismo y
prejuicios había introducido. Pues fue la caída de
La caída de
“Bolívar subraya que no han
sido las armas españolas, sino los venezolanos, conducidos por José Tomás Boves, quienes han hundido
Otro aspecto significativo es
que después de la caída de
Estos importantes actos
denotan la enseñanza y su asimilación por parte de las castas dirigentes que
eran las que dirigían la lucha contra el coloniaje y que a no dudarlo
influyeron en el surgimiento de un caudillo que supo aglutinar a muchos de los
seguidores de Boves, un hombre criado en Los Llanos,
que conocía la idiosincrasia, usos y costumbres de sus habitantes, trajo
principalmente a los aguerridos jinetes llaneros a las filas de los patriotas y
así se dio el contradictorio hecho que aquellos que comandados por Boves y sus oficiales cometieron toda clase de atrocidades,
fueron decisivos en ganar la batalla en el Campo de Carabobo el 24 de junio de
1821 que selló la independencia de Venezuela, al grito de ¡Viva
Se hace necesario decir que el
canario Francisco Tomás Morales, que quedó al mando del ejército a la muerte de
Boves, hizo carrera en el ejército español a la
muerte de éste, llegando al grado de
Mariscal de Campo y fue el encargado de firmar, en su condición de Capitán
General del ejército español en Venezuela, la capitulación definitiva de los
ejércitos coloniales el 3 de agosto de 1823, después que se dio
Se hace imprescindible
destacar la contradicción en que cae la historia oficial influida por los poderosos
intereses del mantuanaje, que con otro discurso y
ropaje sigue vigente hasta nuestros días. Basta oír el lenguaje que utiliza para
definir a las masas populares frente a los cambios que está introduciendo
La contradicción histórica está
referida a que estos ejércitos comandados por José Antonio Páez y, como ya se
dijo, organizados y dirigidos por Boves y sus
oficiales, fueron acusados de bestiales asesinos por sus acciones en los años
de 1813 y 1814, pero elevados a la categoría de héroes por su determinante
participación en la última parte de
Veamos como el
varias veces citado historiador Laureano Valenilla
Lanz, en su obra Cesarismo Democrático
aborda esta contradicción, refiriéndose a los componentes de ese ejército dice:
“Ellos encontraron al pasarse a las filas patrióticas el más completo olvido de
sus fechorías. Los grados militares que alcanzaron bajo las banderas realistas
en los días tenebrosos de
En otro párrafo sostiene: “Ya
veremos como aquellos hombres se convierten de degolladores en héroes
legendarios; y como al servicio de los caudillos patriotas, desplegando las
mismas energías, el mismo valor, la misma ferocidad; arrastrados por los mismos
incentivos de sangre y de pillaje y por el mismo entusiasmo fanático que cuando
corrían a agruparse en torno a la lanza invencible de José Tomás Boves, contribuirían a la noble empresa de crear naciones
recorriendo en triunfo medio continente, desde el Orinoco hasta los márgenes
mismos del Río de
Este prestigioso historiador
concluye con este significativo párrafo: “Con este criterio apoyado en un hecho
rigurosamente histórico, no es aventurado afirmar que si el mismo Boves
hubiese permanecido al servicio de
Para quien tenga dudas sobre
la realidad aquí expuesta en la obra ya citada, oigamos a José Antonio Páez,
quien va a decirnos como sus brillantes centauros, eran exactamente los mismos
“degolladores y asesinos” que comandados por Boves,
Yáñez, Morales, Rosete, Puig, Antoñanzas,
Zuazola, Ceballos y otros oficiales, - repito -, eran
en su mayoría canarios o descendientes de éstos.
“Resolví -dice Páez- poner en
práctica la resolución que había tomado en Mérida de irme a Los Llanos de
Casanare para ver si desde allí podía emprender operaciones, apoderándome del
territorio de Apure y de los mismos hombres que habían destruido a los
patriotas bajo las órdenes de Boves, Ceballos y Yáñez…”
Más adelante prosigue: “a
consecuencia del buen tratamiento que di a los prisioneros dejándoles la
libertad necesaria para desertar, si querían y regresar a sus casas, …tuve la
satisfacción de que antes de un mes volvieran a mis filas muchos de ellos, pues
casi todos eran venezolanos… la noticia
de la generosidad para con los prisioneros y el auge de la victoria, se
difundieron por todos los pueblos de Barinas y Apure y los habitantes, que
antes nos tenían en mala opinión a los
patriotas por la conducta cruel de algunos de sus jefes, se persuadieron de la
justicia de nuestra causa y halagados por la lenidad de nuestra conducta con
los vencidos, principiaron, aunque lentamente, a reunirse a mis filas para
llegar a ser más tarde el sostén de la independencia”.
“Bolívar se admira –continúa Páez– no tanto de que hubiese formado aquel ejército, sino
de que hubiese logrado conservarlo en buen estado y disciplinado, pues en su
mayor parte se componía de los mismos individuos que a las órdenes de Yáñez y Boves habían sido el azote de los patriotas…”
En la misma obra leemos: “Los
llaneros que mandaban Páez, Zaraza, Monagas y otros jefes republicanos –dice
con mucha exactitud el historiador Restrepo– eran los
mismos en gran parte y de igual raza de los que asumieron en 1813 y 1814 Boves, Morales, Yáñez, Rosete;
tenían, pues los mismos vicios y la misma insubordinación”.
Por si acaso faltaba algún
dato sobre el papel que jugó
¿Cómo desconocer que el más elemental
análisis conducía a ese pueblo a determinar que la lucha era contra el imperio
español y en consecuencia, su mención en la proclama era al menos comprensible?
Otra cosa eran los isleños. Bien definidos y por primera y creo que única vez,
no metidos en el mismo saco. Este dato lo proporciono en la quinta entrega,
entre el 70 y 75 por ciento de la población venezolana tenía descendencia o
ascendencia canaria que, por ser súbditos de una colonia de la metrópoli
española, eran mirados y tratados con el mismo desdén, desprecio e
indiferencia, que los indígenas y esclavos negros, indios, mestizos, manumisos
o libertos, no obstante de ser blancos, así que arriba de los nexos sanguíneos
la identidad se acentuaba por la igualdad en la relación social. No hay otra
forma que explique y soporte un análisis profundo que dé una respuesta
satisfactoria a los complejos hechos que enterraron a
Guste o no, hay poderosas
razones para concluir que este noble y hermoso país sería diferente sino
hubiese existido un pueblo obligado a ser emigrante y utilizado de acuerdo a
los intereses y conveniencias de su colonizador. El pueblo canario ha jugado y
juega papel importante en la formación y consolidación de la noble, humilde y
generosa, sociedad venezolana, cuyas identidades llenan muchos espacios. Que la
historia actual de Venezuela no registra o mejor, ignore este hecho, no debe
extrañarnos, ya lo hemos dicho, esas castas dominantes que aún siguen
imponiendo sus criterios e intereses no pueden aceptar que, en sus delirios de
grandeza y pureza de sangre, entren unos colonizados, que según su concepción
son: brutos, analfabetas, de muy bajo nivel social, tímidos, introvertidos,
entre otras lindezas, por muy blancos, por muy respetuosos, trabajadores y
honrados que sean, los blancos pobres y de orilla, es vergüenza y si se arriman
mucho, manchan. Eso sí, los necesitamos y los explotamos, ya que sin la riqueza
que su trabajo crea ellos no tendrían los privilegios de que gozan.
Esta versión puede ser
aceptada o rechazada, para los que creemos en esta versión, nos ampara la
historia, para los que la rechazan que discutan y llamen embusteros y
mentirosos a los hechos históricos.