LA ENERGÍA, SU PRODUCCIÓN Y EL PETRÓLEO

 

Andrés  García  Montes

 

    En el crítico momento histórico que nos toca vivir, la única materia prima indispensable para producir todo tipo de bienes de consumo, para satisfacer las variadas y crecientes necesidades  de una sociedad humana en amplia y creciente expansión, se llama energía, así de importante e imprescindible es ese producto en la economía, el progreso y la paz social.

   

    Según datos recientemente publicados, el petróleo, el gas y el carbón, son los responsables de producir el 90% de la energía que se consume a escala planetaria y de ese total, el petróleo es el productor de entre el 40 y el 50%.

 

    Tal como lo indica el título, nos vamos a referir no únicamente, pero si fundamentalmente al petróleo, como principal productor de energía. Para que el lector tenga más elementos de juicio, necesario es un breve repaso histórico.

 

    Para finales del siglo XIX, comienzos del XX, se comienza a utilizar este producto como elemento importante en la producción de energía, el cual fue creciendo a medida que las exigencias de producción y desarrollo del capitalismo, al calor de nuevas y avanzadas tecnologías. La I Guerra Mundial y el avance tecnológico que introdujo, representó un gran avance en el consumo del petróleo, pero fue la II Guerra Mundial la que originó el salto a convertirse en el  Rey de la Energía, hasta el punto, que una de las estrategias centrales de Hitler, en la II Guerra Mundial, era impedir que el petróleo del Medio Oriente llegara a alimentar la maquinaria de guerra inglesa. Esta estrategia jugó central papel en imponer a Franco en España, pues era vital controlar el Estrecho de Gibraltar, para lograr ese objetivo. Así, los tanqueros al no poder navegar por el Mediterráneo se veían obligados a dar la vuelta al continente africano, ruta que les obligaba a navegar 20 o 30 días, en cuyo tiempo la gran flota de submarinos alemana los ubicaba y los hundía, no fue un capricho del azar que Alemania entrara en la guerra con la flota de submarinos más grande que el mundo había conocido, incluso, mucho se habló de bases en aguas canarias. Esto se vio fortalecido con lo que se ha  dado en llamar el salto tecnológico más grande que ha dado la humanidad efectuado en estos últimos 60 años, provocado por la feroz competencia entre Estados Unidos y Europa después de la II Guerra Mundial en la producción y conquista de mercados, alimentado por la carrera armamentista en la Guerra Fría. Este escueto recuento pone de manifiesto no solo el que el petróleo se  ha convertido en el responsable de producir cerca del 50% de la energía que a nivel mundial hoy se consume, sino también algo muy importante, el que una  mayoría de la tecnología existente en nuestros días, esté adaptada a su consumo.

 

    Para poder comprender el acelerado agotamiento  del recurso petrolero, necesario es añadir a lo ya expuesto, un hecho que ha tenido y sigue teniendo repercusiones catastróficas y que se acerca peligrosamente a un desenlace apocalíptico para la humanidad, tal como veremos.

 

    Para 1845 ya Federico Engels, en su conocida obra Socialismo Científico decía que el capitalismo entraba en crisis de diez en diez años, es fácil entender la base de esta afirmación. Como es bien conocido la economía en el Sistema Social Capitalista no camina si no hay ganancia, lucro, pues bien, en los miles de millones de transacciones que a nivel mundial se hacen en diez años, la ganancia centra el capital cada vez en menos manos, centralización que reduce el patrimonio y capacidad de compra de grandes masas consumidoras, esto va agudizándose con el paso del tiempo, hasta que hace crisis, ésta se manifiesta en la contracción del mercado por la reducida capacidad de consumo de la masa compradora, mientras el aparato productivo tiende a producir más a mayor velocidad por el avance tecnológico, presentándose la crisis cuando el sistema productivo produce más que la capacidad de consumo de el mercado. Esto impone la reducción de la producción, lo que genera millones de desempleados, hambre, miseria, crisis financiera, inestabilidad social y política, etc., en otras palabras, crisis. Estas crisis se conocen con el nombre de Crisis de Superproducción. La historia se encarga de demostrar la verdad de la afirmación de Engels, que mucho tuvieron que ver con las dos llamadas Guerras Mundiales. Recurramos a hechos ampliamente conocidos. La  I Guerra Mundial se inicia en 1914, en medio de una fuerte crisis de superproducción entre otros males, concluye en 1918, veinte millones de muertos, amén de indecibles sufrimientos y desdichas, solo sirvió para resolver la crisis de superproducción unos 11 años, pues para finales del 1929, estalló la bien conocida depresión de 1929 – 30. A comienzos de la década del treinta se crearon los sofismas de los  Planes Keynesianos, que la burguesía los presenta como el gran genio de la economía por aquellos paliativos que con buena visión keynes aconsejó al presidente de los Estados Unidos, pues vio con claridad  que la economía no camina sin inversiones y como los inversionistas privados no invierten en tiempos de crisis por la simple razón que no hay garantía de ganancia, aconsejó al presidente de los Estados Unidos que el estado tenía que asumir el papel del inversor, para que la economía caminara. Eso fue lo central del milagro que en dicha época se diera una ligera recuperación de la economía  principalmente norteamericana. Pero pronto se derrumbó, al estado capitalista por su propia estructuración, no poder asumir el  papel de sustituir a las inversiones privadas y públicas, tal como lo denota el estallido en 1939 de la II Guerra Mundial. Hoy se quiere olvidar que esa crisis jugó papel decisivo en que muchos atormentados por la larga crisis, vieran en el fascismo la solución de los males largamente sufridos, creando las condiciones propicias para la guerra. La contienda terminó en 1945, con un trágico saldo de mas de 50 millones de muertos, amén de los sufrimientos y tragedias espantosas, más las ruinas y pérdidas, pero todo ese espantoso cuadro solo resolvió el problema de superproducción por diez o doce años, pues para el lustro de 1955 al 60, se volvió a presentar, pues como ya se explicó, ese  es un mal que genera el mismo sistema y ante su presencia, el espectro de la III Guerra Mundial se levantó ante la humanidad. Pero hechos disuasivos se habían incorporado al proceso evolutivo de la humanidad. La Unión Soviética consolidó su poder de superpotencia al desarrollar las armas atómicas y alcanzar un desarrollo equiparado con el de Estados Unidos, creando así un  equilibrio en el poder internacional, al mismo tiempo que las mortíferas armas termonucleares podían ser trasladadas a cualquier lugar del planeta en veloces cohetes, así ya no era posible que los que se beneficiaban de estas catástrofes, disfrutaran de una dulce vida en Estados Unidos, mientras los pueblos se mataban y sufrían en Europa, para después venir como dulces angelitos a incrementar sus  abultadas fortunas en la reconstrucción de lo destruido por la guerra, así que estos dos aspectos, entre otros, no solo libraron a la humanidad de la III Guerra Mundial, ya que el Capitalismo no conoce otra medicina para curar sus crisis de superproducción sino la guerra, su dialéctica es destruir para luego construir y vivir un efímero periodo de paz y aparente progreso que concluye con la reconstrucción, tal como hemos visto en el vivido proceso de las dos mal llamadas Guerras Mundiales.

 

    Tal como se ha dicho no era posible condenar a la humanidad al holocausto de una III Guerra Mundial, pero el problema de superproducción estaba presente, creando crisis y profundizándole peligrosamente y  reclamando una solución,  ante tal realidad el sistema encontró una salida dirigida como es lógico  al mercado, pues solo el incremento del consumo podía reactivar la estancada economía. ¿Pero como incrementar el consumo en unas masas empobrecidas con una cultura dirigida al ahorro que les inducía a gastar lo menos posible para poder afrontar el crítico mañana que casi siempre se había presentado envuelto en las sombras de las limitaciones? El sistema comprendió que había que eliminar entre otros aspectos a estos dos formidables adversarios, así se explica que comience aplicando una figura ya conocida pero muy poco utilizada, en vez de las ventas al contado que casi era la única existente, se comienza a generalizar las ventas a crédito, que como es bien conocido no es más que darle el producto al consumidor antes de pagarlo, esto le permitió la ampliación del número de consumidores que con el tiempo y al generalizarse la práctica, creció en forma exponencial. A este primer paso se sumó el ataque al modelo cultural para adaptar los patrones de conducta del consumidor a las exigencias del mercado y destruir la concepción que éste tenía sobre el ahorro, para la fecha ya se había propagado la enseñanza de Joseph Goebels, ministro de propaganda de Hitler y su célebre frase con la que pasó a la historia. “Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”, a lo que se le sumó los espectaculares avances tecnológicos de los medios de comunicación. Nació así, La Sociedad de Consumo, que ha jugado y aun juega decisivo papel desde hace 40 años aproximadamente. A lo dicho hay que sumarle en que la feroz competencia en la conquista de mercados  e incremento de ventas y ganancias, que enfrentó a Europa y a los Estados Unidos. Generando una carrera de cómo producir más, más rápido y a más bajo costo, para conquistar mercados en una desleal competencia, determinó que se hicieran profundos estudios del comportamiento del hombre dentro del proceso productivo, elevando así a categoría universitaria dos profesiones tenidas hasta la fecha por inferiores, me refiero a la Administración y la Contabilidad que mucho han contribuido y siguen contribuyendo en este proceso.

 

    La Sociedad de Consumo ha permitido vivir a la humanidad en una muy relativa paz, en estas tres o cuatro últimas décadas, pues a un alto precio, tal como vamos a ver, le ha venido dando respuestas cada vez con mayor dificultad a esa enfermedad crónica del capitalismo  llamada  Superproducción, que en la década de los 70 y 80 del pasado siglo alcanzó su cumbre con las grandes ganancias, que permitió la centralización del capital y premió con grandes excedentes a los pulpos que le explotaban, lo que permitió la reactivación de la economía con buenas tasas de crecimiento en el lapso de su auge. Por cierto, el turismo masivo, parte del cual ha llegado y sigue llegando a Canarias, mucho le debe a este hecho. Pero al consumir miles de millones de toneladas de materias primas para construir todo tipo de cachivaches para vender a los alienados consumidores, mediante el robo y el saqueo de los recursos naturales a los países mas débiles, el arrojar a la basura bienes de consumo cuando aun le queda mucha vida útil, producto de la destrucción cultural de la sociedad sometida a ese bombardeo propagandístico que  han convertido a los seres humanos en un simple y enajenado consumidor o peor, en un producto de consumo. La creciente necesidad del sistema de un mercado devorador de la producción para evitar caer en las crisis de superproducción, acompañado del ansia desbordada de acumular riqueza y centralizar el capital, ha inducido al Sistema Social Capitalista a centrar su atención en la formación y adoctrinamiento de un consumidor cada vez más manipulado y alienado, a tal punto que el conocido experto y gran intelectual Ignacio Ramonet, dice: “Se domina mejor si el dominado permanece inconciente. Los colonizados y sus opresores saben que la relación de dominación no se basa únicamente en la supremacía de la fuerza. Pasado el tiempo de la conquista llega el control de los espíritus. Por este motivo, para todos los imperios que desean permanecer, la apuesta a largo plazo estriba en domesticar las almas”.

 

    Con lo dicho por un hombre de su talla, queda claro que la cultura y su manipulación es un arma mucho mas útil y efectiva para el sistema y su hegemonía, que todos sus barcos, portaviones, aviones, misiles, cohetes, armas bacteriológicas  y el miedo y terror que inspiran sus terroríficos arsenales.

 

    No será posible comprender la amplitud y complejidad de la crisis que en plena y avanzada estructuración nos amenaza, sino tomamos en cuenta las imposiciones políticas y económicas que el sistema ha generalizado en nuestros días; La globalización, para dominar extender su dominio y controlar fundamentalmente los mercados; el neoliberalismo para camuflar las maniobras y marramusias  bajo un supuesto manto de libertad y democracia, y el consumismo para seguir concentrando las riquezas y evitar en lo posible caer en la temida crisis de superproducción. Para logarlo, el sistema tiene que imponer sus modelos de consumo o lo que viene a ser igual, su cultura, no es exagerado afirmar que ello es cuestión de vida o muerte. Para lograrlo, tiene que conquistar mercados, para lo cual impuso la globalización, así todos los países que forman la base de sustentación del sistema se han esforzado en imponer a los países del mal llamado Tercer Mundo, los Tratados de Libre Comercio, la creación del la Organización Mundial del Comercio y otras figuras y acuerdos que sirven a tal fin.

 

    Para cualquier observador está claro que el  capitalismo vive a condición de que existan elevados niveles de consumo. Si se dejara de consumir o simplemente se redujera el consumo de los bienes que produce la industria, la crisis sería indescriptible. La enorme sensibilidad y la casi nula capacidad de maniobra del sistema está públicamente expuesta en la actual crisis de la bolsa de valores de New York, provocada por una caída del mercado de compra y venta de inmuebles, una entre las muchas actividades económicas que se efectúan en los Estados Unidos de América  E.U.A. La situación económica en el principal sostén del sistema está tan débil y deteriorada que apenas cayó el mercado indicado, entró en picada todos los índices del Wall Street con graves repercusiones a escala mundial, principalmente en Europa, cuyas bolsas de valores acusaron el desplome, cundiendo el pánico y obligando a los Bancos Centrales a inyectar efectivo en más de 300 mil millones de dólares para tratar de controlar el terror desbordado, lo que no ha podido impedir que el fantasma de una larga recesión siga meciéndose sobre todo el sistema como tenebrosa espada de Damocles, lo que denuncia la crítica situación económico – financiera no solo  de un país, sino del sistema en su conjunto.

 

    El capitalismo no podrá existir si no le acompaña una masa de inconcientes, enajenados y alienados consumidores, que como gigantesco estómago devore en forma insaciable todo lo que producen sus fábricas y empresas. Esto reclama un consumidor compulsivo, manipulado, embrutecido, disociado, cuya capacidad para pensar, analizar y tomar decisiones por si mismo, sea poco mas que nulas. De allí el enorme desarrollo, perfeccionamiento y estudio científico, con que se propaga la atosigante propaganda cargada de mensajes  subliminales al inconciente, elaborados previamente en laboratorios especializados, donde los equipos multidisciplinarios estudian en detalle todos los aspectos para garantizar al máximo que los receptores obedezcan y se conviertan en consumidores compulsivos y consideren un valor social esos patrones de conducta y lo defiendan  como algo distintivo y sobresaliente. La cultura consumista, compulsiva y desaforada, es parte inseparable del Sistema Social Capitalista globalizado y cuestión de vida o muerte para el mismo.

 

    En este punto se ven con total y absoluta claridad la contradicción sin posible solución que tiene el sistema con relación a los más agudos problemas que estructura la crisis que nos amenaza, tales como: El agotamiento acelerado de los recursos del planeta, que condiciona cada vez más la producción que reclama ese enloquecido mercado, el avance de la pobreza que ya arropa a más del 60% de la humanidad, reduciendo drásticamente la masa consumidora y generando esa pacífica invasión del Tercer al Primer Mundo con toda su amplia secuela de insolubles problemas. La contaminación ambiental por las grandes cantidades de desechos que se arrojan a los basureros muchos aun con vida útil, para complacer al enloquecido mercado de consumo, las aguas residuales, la quema de productos fósiles para producir la indispensable energía que reclama la producción de los diversos bienes que devora ese insaciable mercado, entre otros aspectos. Pero aquí solo nos vamos a referir al problema energético y dentro de él, al responsable de producir a nivel mundial entre el 40 y el 50% de la energía que se consume. El Petróleo.

 

    Al inicio de este trabajo dijimos que la energía es la  única materia prima indispensable para casi todo, sin ella es imposible el progreso y el tipo de vida que hoy ostenta la humanidad, de allí su excepcional importancia. El petróleo, principal producto energético considerado por algún tiempo inagotable, pero el despilfarro e irracional consumo hizo el milagro de convertirle en un producto perecedero, pues la locura de quemar entre 80 y 85 millones de barriles diarios ha reducido sus reservas probadas a una duración de 30 a 40 años, hay quien asegure menos. Que la situación es crítica, lo denuncia el comportamiento del mercado y el ambiente guerrerista que han impuesto al mundo ese Primer Mundo que no quiere renunciar a la política del dominio colonial.

 

    Hace apenas unos días, sin que hubiesen emergencias ni amenazas visibles, el precio del petróleo se acercó a los 80 dólares el barril. Hoy, 19 de septiembre del 2007, la prensa habla de un precio de 81,70. No tendría nada de extraño -dicen algunos expertos-, que a fin de año llegue a los 100. Es una inequívoca señal de la crisis energética mundial. El voraz e insaciable apetito de los llamados países desarrollados, grupo de los ocho, G8 y las economías emergentes, China y la India, hace cada día más precario las reservas del petróleo. Pero el petróleo es indispensable para mover la poderosa musculatura del sistema capitalista global. Pero el sistema con todo su omnipotente poder, sus gritos y amenazas, sus arrogancias y prepotencias, no puede cambiar la realidad que el petróleo es un producto no renovable y las leyes naturales no piden permiso a los imperios por poderosos que estos sean, para imponerse, pues la naturaleza trabajó millones de años para producir un barril de petróleo, así que el mundo afronta un gran dilema: Una drástica reducción del consumo o una feroz y criminal lucha para que los poderosos se adueñen del recurso y los débiles se resignen a un destino de pobreza y exterminio, o decidan enfrentarse con todas las consecuencias. Ya no puede negarse que las guerras actuales tienen al petróleo como su causa central, las invasiones a Afganistán e Irak y las continuas amenazas a Irán y Venezuela no dejan espacio para dudas.

 

    El capitalismo para mantener su hegemonía o mejor, prolongar su existencia, no tiene otra salida más que apoderarse del recurso para garantizar su existencia mientras se encuentre un sustituto. Después que leí el libro titulado “La Gran Impostura“ no me quedó espacio para negar que lo de las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2001, fue un montaje de la ultraderecha mundial para encontrar justificación al trazado de las políticas de la llamada  “Lucha contra el Terrorismo” y practicar el acto fascista más descarado y abominable como  es la llamada “Guerra o Ataque Preventivo“, lo que les ha permitido condenar a muerte a quien le molesta, no por lo que hace, sino por lo que el verdugo piensa que la víctima ha pensado, piensa o va a hacer. Esta aberración jurídica y humana pasa como algo legal y correcto. Recomiendo la lectura del citado libro, dudo que quien lo lea detenida y analíticamente, albergue dudas sobre la hipótesis expuesta.

 

    La  necesidad de controlar las reservas de petróleo dice muy bien porque los terroristas tenían que ser árabes, pues allí está el 60% de las reservas probadas del mundo, lo mismo que los países invadidos y amenazados son los que arriba de poseer las más grandes reservas, son dentro del complejo mundo árabe los desobedientes a los intereses del sistema. Afortunadamente para la humanidad, sus estrategias y cálculos le han salido muy mal, pues nadie esperaba que después de una guerra devastadora donde se aliaron –y ello no fue por casualidad– los países mas poderosos del mundo para aplastar a un Irak solitario a comienzos de la década del 90 del pasado siglo y después de 10 años de bloqueo y bombardeo por parte de Inglaterra y Estados Unidos cuando a estos les daba la gana, ese heroico pueblo le sobrara valentía y coraje de detener y empantanar la expansión colonial del capitalismo encabezado por E.U.A. Esta realidad plantea algo insalvable para los agresores, pues si en las actuales condiciones un barril de petróleo tiene un precio que hace estragos en la débil economía mundial y estremece al sistema, ¿qué pasaría con el precio del petróleo si atacan a Irán, que no solo es un país más grande que Irak, sino que está mas desarrollado y tiene mucho mejores condiciones para defenderse? A no dudarlo, el precio del petróleo dará un salto decretando una crisis de proporciones incalculables, si a lo dicho; la desesperación les lleva a la locura de invadir a Venezuela, que tiene las reservas petrolíferas medidas por país más grandes del mundo, no es aventurado vaticinar que los exorbitantes precios del petróleo acompañados de las secuelas que generará, entre ellos la inevitable reducción de la producción, la contracción del mercado, el incremento del costo de producción, la reducción del poder adquisitivo del indispensable consumidor, etc., terminará enterrando la cultura del consumo a lo que se le sumará el posible derrumbe de la economía mundial que no soportará los elevados precios del petróleo. Que un escenario como el descrito es el más probable, lo asegura el hecho cierto que en esas hipotéticas invasiones, los invasores no lograrán el control de la producción del petróleo, única forma de evitar el caos descrito, tal como lo demuestra el que un ejército que oscila entre 150 y 200 mil hombres portadores y dueños de las armas más modernas y sofisticadas, entre los cuales están los mercenarios que no conocen límites en torturas, crímenes y maltratos, para sembrar el miedo y el terror, utilizando armas radioactivas y bacteriológicas, (uranio empobrecido, fósforo blanco, etc.), no han podido controlar la producción petrolera de Irak, tal como lo denota los altos precios del petróleo. Una situación severamente crítica como la señalada, es factible que se trague al sistema en su conjunto a un muy elevado costo para la humanidad, pero creo es esto la principal causa que tiene hoy detenido el ansia expansionista del sistema, sin ignorar otros aspectos como el poder financiero de la China, que con solo poner en el mercado sus gigantescas reservas en dólares, sin disparar un tiro, ni invadir a nadie, crearía una crisis mundial de imprevisibles alcances donde el dólar se derrumbaría con todas sus graves consecuencias. Este gigante es ya el segundo consumidor de petróleo del mundo, con contratos con Irán y Venezuela para su  suministro. ¿Cómo actuará en caso de que quieran controlar y condicionar el suministro del petróleo que su creciente y poderosa economía necesita como el oxígeno?

 

    Todo indica que la acumulación de las contradicciones del sistema están llegando a un punto culminante, tal como lo denotan numerosos aspectos que van cerrando el camino, de los cuales voy a referirme solo a dos.

 

    Cuando terminó la  II Guerra Mundial, Europa reconstruyó su destruida industria aplicando las modernas tecnologías que la guerra había desarrollado, casi todas adaptadas al consumo del petróleo, pero Europa no tiene petróleo, ello, junto a que E.U.A.  quería proteger sus reservas, determinó que se trazara la política de perturbar la región del Medio Oriente, la más rica en petróleo, con miras a asegurarse el suministro abundante y barato del mismo. Para ello había que introducir un poderoso agente perturbador en el mundo árabe, y ese agente ha sido el Estado de Israel. Esto ha marcado el destino del sufrido y heroico pueblo de Palestina. Así desde 1948, cuando el criminal colonialismo inglés, los despojó a punta de bayoneta de sus tierras, casas y propiedades, para que los intrusos  judíos, no solo se posesionaran, sino que cumplieran la misión de convertir al Medio Oriente en la zona más inestable del mundo en estos últimos 50 años. Pero el objetivo que se perseguía con ese criminal acto ya se lo tragó la historia, demostrando, una vez mas, que la dialéctica no miente.

 

    El otro aspecto a destacar  es la creación, desarrollo y consolidación, de la Sociedad de Consumo, lo que fue una buena solución en los primeros 30 o 40 años, solución por supuesto para el sistema y su crónica enfermedad de la superproducción, lo mas probable que sus inventores nunca sospecharon que, por efectos del inevitable proceso evolutivo, esa solución terminara convirtiéndose en una inmensa fuente de nuevos e insolubles problemas, cuando cumpliera su vida útil y entrara en crisis. Otra vez la dialéctica y su teoría que todo está en permanente y constante movimiento y transformación, es demostrada por la práctica.

 

    Así de grave, complejo y peligroso, es el problema energético, que por razones obvias el sistema trata de ocultar y es desconocido por gran parte de la humanidad, que junto a otros van estructurando una gigantesca crisis que, de llegar a puntos culminantes, la humanidad nunca ha conocido. Ya es hora que tomemos conciencia de una realidad peligrosamente cercana y que poderosos intereses la ocultan y le restan importancia, de allí la pasividad e indiferencia con que muchos le ven, pues es factible que los que tienen el poder en sus manos, en un momento de desesperación y desprecio, tomen la incalificable decisión del horrible Apocalipsis de acabar con la vida en la Tierra. Eso es factible, no digo que va a ocurrir, solo de que está dentro de lo posible, pues los medios para hacerlo existen, y ya es hora que la humanidad vaya tomando conciencia de tal terrorífica realidad. Pues hoy el peor peligro que amenaza a la humanidad no es el amplio y complejo conjunto de hechos que amenazan conformar la crisis más compleja y aterradora que ha conocido la humanidad, sino el fatalismo internacionalizado, muy extendido y arraigado, mediante el cual se cree que no existe alternativa posible al orden mundial capitalista, como si la historia hubiese agotado el proceso de evolución y desarrollo y sus enseñanzas no existieran, producto de la enajenación, aculturación y alienación, que el sistema ha venido introduciendo a todos los niveles.