Andrés
García Montes
En el crítico momento histórico que nos toca vivir, la única
materia prima indispensable para producir todo tipo de bienes de consumo, para
satisfacer las variadas y crecientes necesidades de una sociedad humana en amplia y creciente expansión,
se llama energía, así de importante e imprescindible es ese producto en la
economía, el progreso y la paz social.
Según datos recientemente publicados, el petróleo, el gas y el carbón,
son los responsables de producir el 90% de la energía que se consume a escala
planetaria y de ese total, el petróleo es el productor de entre el 40 y el 50%.
Tal como lo indica el título, nos vamos a referir no únicamente,
pero si fundamentalmente al petróleo, como principal productor de energía. Para
que el lector tenga más elementos de juicio, necesario es un breve repaso
histórico.
Para finales del siglo XIX, comienzos del XX, se comienza a
utilizar este producto como elemento importante en la producción de energía, el
cual fue creciendo a medida que las exigencias de producción y desarrollo del
capitalismo, al calor de nuevas y avanzadas tecnologías.
Para poder comprender el acelerado agotamiento del recurso petrolero, necesario es añadir a
lo ya expuesto, un hecho que ha tenido y sigue teniendo repercusiones
catastróficas y que se acerca peligrosamente a un desenlace apocalíptico para
la humanidad, tal como veremos.
Para 1845 ya Federico Engels, en su
conocida obra Socialismo Científico decía que el capitalismo entraba en crisis
de diez en diez años, es fácil entender la base de esta afirmación. Como es
bien conocido la economía en el Sistema Social Capitalista no camina si no hay
ganancia, lucro, pues bien, en los miles de millones de transacciones que a
nivel mundial se hacen en diez años, la ganancia centra el capital cada vez en
menos manos, centralización que reduce el patrimonio y capacidad de compra de grandes
masas consumidoras, esto va agudizándose con el paso del tiempo, hasta que hace
crisis, ésta se manifiesta en la contracción del mercado por la reducida
capacidad de consumo de la masa compradora, mientras el aparato productivo
tiende a producir más a mayor velocidad por el avance tecnológico,
presentándose la crisis cuando el sistema productivo produce más que la
capacidad de consumo de el mercado. Esto impone la reducción de la producción,
lo que genera millones de desempleados, hambre, miseria, crisis financiera,
inestabilidad social y política, etc., en otras palabras, crisis. Estas crisis
se conocen con el nombre de Crisis de Superproducción. La historia se encarga
de demostrar la verdad de la afirmación de Engels,
que mucho tuvieron que ver con las dos llamadas Guerras Mundiales. Recurramos a
hechos ampliamente conocidos.
Tal como se ha dicho no era posible condenar a la humanidad al
holocausto de una III Guerra Mundial, pero el problema de superproducción estaba
presente, creando crisis y profundizándole peligrosamente y reclamando una solución, ante tal realidad el sistema encontró una
salida dirigida como es lógico al
mercado, pues solo el incremento del consumo podía reactivar la estancada
economía. ¿Pero como incrementar el consumo en unas masas empobrecidas con una
cultura dirigida al ahorro que les inducía a gastar lo menos posible para poder
afrontar el crítico mañana que casi siempre se había presentado envuelto en las
sombras de las limitaciones? El sistema comprendió que había que eliminar entre
otros aspectos a estos dos formidables adversarios, así se explica que comience
aplicando una figura ya conocida pero muy poco utilizada, en vez de las ventas
al contado que casi era la única existente, se comienza a generalizar las
ventas a crédito, que como es bien conocido no es más que darle el producto al
consumidor antes de pagarlo, esto le permitió la ampliación del número de
consumidores que con el tiempo y al generalizarse la práctica, creció en forma
exponencial. A este primer paso se sumó el ataque al modelo cultural para
adaptar los patrones de conducta del consumidor a las exigencias del mercado y
destruir la concepción que éste tenía sobre el ahorro, para la fecha ya se
había propagado la enseñanza de Joseph Goebels,
ministro de propaganda de Hitler y su célebre frase con
la que pasó a la historia. “Una mentira repetida mil veces, se convierte en
verdad”, a lo que se le sumó los espectaculares avances tecnológicos de los
medios de comunicación. Nació así,
Con lo dicho por un hombre de su talla, queda claro que la cultura
y su manipulación es un arma mucho mas útil y efectiva para el sistema y su
hegemonía, que todos sus barcos, portaviones, aviones, misiles, cohetes, armas
bacteriológicas y el miedo y terror que
inspiran sus terroríficos arsenales.
No será posible comprender la amplitud y complejidad de la crisis
que en plena y avanzada estructuración nos amenaza, sino tomamos en cuenta las
imposiciones políticas y económicas que el sistema ha generalizado en nuestros
días; La globalización, para dominar extender su dominio y controlar
fundamentalmente los mercados; el neoliberalismo para camuflar las maniobras y marramusias bajo un
supuesto manto de libertad y democracia, y el consumismo para seguir
concentrando las riquezas y evitar en lo posible caer en la temida crisis de
superproducción. Para logarlo, el sistema tiene que imponer sus modelos de consumo
o lo que viene a ser igual, su cultura, no es exagerado afirmar que ello es
cuestión de vida o muerte. Para lograrlo, tiene que conquistar mercados, para
lo cual impuso la globalización, así todos los países que forman la base de
sustentación del sistema se han esforzado en imponer a los países del mal
llamado Tercer Mundo, los Tratados de Libre Comercio, la creación del
Para cualquier observador está claro que el capitalismo vive a condición de que existan
elevados niveles de consumo. Si se dejara de consumir o simplemente se redujera
el consumo de los bienes que produce la industria, la crisis sería
indescriptible. La enorme sensibilidad y la casi nula capacidad de maniobra del
sistema está públicamente expuesta en la actual crisis de la bolsa de valores
de New York, provocada por una caída del mercado de
compra y venta de inmuebles, una entre las muchas actividades económicas que se
efectúan en los Estados Unidos de América
E.U.A. La situación económica en el principal
sostén del sistema está tan débil y deteriorada que apenas cayó el mercado
indicado, entró en picada todos los índices del Wall Street con graves repercusiones a escala mundial,
principalmente en Europa, cuyas bolsas de valores acusaron el desplome,
cundiendo el pánico y obligando a los Bancos Centrales a inyectar efectivo en
más de 300 mil millones de dólares para tratar de controlar el terror
desbordado, lo que no ha podido impedir que el fantasma de una larga recesión
siga meciéndose sobre todo el sistema como tenebrosa espada de Damocles, lo que
denuncia la crítica situación económico – financiera no solo de un país, sino del sistema en su conjunto.
El capitalismo no podrá existir si no le acompaña una masa de
inconcientes, enajenados y alienados consumidores, que como gigantesco estómago
devore en forma insaciable todo lo que producen sus fábricas y empresas. Esto
reclama un consumidor compulsivo, manipulado, embrutecido, disociado, cuya
capacidad para pensar, analizar y tomar decisiones por si mismo, sea poco mas
que nulas. De allí el enorme desarrollo, perfeccionamiento y estudio
científico, con que se propaga la atosigante propaganda cargada de mensajes subliminales al inconciente, elaborados
previamente en laboratorios especializados, donde los equipos
multidisciplinarios estudian en detalle todos los aspectos para garantizar al
máximo que los receptores obedezcan y se conviertan en consumidores compulsivos
y consideren un valor social esos patrones de conducta y lo defiendan como algo distintivo y sobresaliente. La
cultura consumista, compulsiva y desaforada, es parte inseparable del Sistema
Social Capitalista globalizado y cuestión de vida o muerte para el mismo.
En este punto se ven con total y absoluta claridad la
contradicción sin posible solución que tiene el sistema con relación a los más
agudos problemas que estructura la crisis que nos amenaza, tales como: El
agotamiento acelerado de los recursos del planeta, que condiciona cada vez más
la producción que reclama ese enloquecido mercado, el avance de la pobreza que
ya arropa a más del 60% de la humanidad, reduciendo drásticamente la masa
consumidora y generando esa pacífica invasión del Tercer al Primer Mundo con
toda su amplia secuela de insolubles problemas. La contaminación ambiental por
las grandes cantidades de desechos que se arrojan a los basureros muchos aun
con vida útil, para complacer al enloquecido mercado de consumo, las aguas
residuales, la quema de productos fósiles para producir la indispensable
energía que reclama la producción de los diversos bienes que devora ese
insaciable mercado, entre otros aspectos. Pero aquí solo nos vamos a referir al
problema energético y dentro de él, al responsable de producir a nivel mundial
entre el 40 y el 50% de la energía que se consume. El Petróleo.
Al inicio de este trabajo dijimos que la energía es la única materia prima indispensable para casi
todo, sin ella es imposible el progreso y el tipo de vida que hoy ostenta la
humanidad, de allí su excepcional importancia. El petróleo, principal producto
energético considerado por algún tiempo inagotable, pero el despilfarro e
irracional consumo hizo el milagro de convertirle en un producto perecedero,
pues la locura de quemar entre 80 y 85 millones de barriles diarios ha reducido
sus reservas probadas a una duración de
Hace apenas unos días, sin que hubiesen
emergencias ni amenazas visibles, el precio del petróleo se acercó a los 80
dólares el barril. Hoy, 19 de septiembre del 2007, la prensa habla de un precio
de 81,70. No tendría nada de extraño -dicen algunos expertos-, que a fin de año
llegue a los 100. Es una inequívoca señal de la crisis energética mundial. El
voraz e insaciable apetito de los llamados países desarrollados, grupo de los
ocho, G8 y las economías emergentes, China y
El capitalismo para mantener su hegemonía o mejor, prolongar su
existencia, no tiene otra salida más que apoderarse del recurso para garantizar
su existencia mientras se encuentre un sustituto. Después que leí el libro
titulado “
La necesidad de controlar
las reservas de petróleo dice muy bien porque los terroristas tenían que ser
árabes, pues allí está el 60% de las reservas probadas del mundo, lo mismo que
los países invadidos y amenazados son los que arriba de poseer las más grandes
reservas, son dentro del complejo mundo árabe los desobedientes a los intereses
del sistema. Afortunadamente para la humanidad, sus estrategias y cálculos le
han salido muy mal, pues nadie esperaba que después de una guerra devastadora
donde se aliaron –y ello no fue por casualidad– los
países mas poderosos del mundo para aplastar a un Irak solitario a comienzos de
la década del 90 del pasado siglo y después de 10 años de bloqueo y bombardeo
por parte de Inglaterra y Estados Unidos cuando a estos les daba la gana, ese
heroico pueblo le sobrara valentía y coraje de detener y empantanar la
expansión colonial del capitalismo encabezado por E.U.A.
Esta realidad plantea algo insalvable para los agresores, pues si en las actuales
condiciones un barril de petróleo tiene un precio que hace estragos en la débil
economía mundial y estremece al sistema, ¿qué pasaría con el precio del
petróleo si atacan a Irán, que no solo es un país más grande que Irak, sino que
está mas desarrollado y tiene mucho mejores condiciones para defenderse? A no
dudarlo, el precio del petróleo dará un salto decretando una crisis de
proporciones incalculables, si a lo dicho; la desesperación les lleva a la
locura de invadir a Venezuela, que tiene las reservas petrolíferas medidas por
país más grandes del mundo, no es aventurado vaticinar que los exorbitantes
precios del petróleo acompañados de las secuelas que generará, entre ellos la
inevitable reducción de la producción, la contracción del mercado, el incremento
del costo de producción, la reducción del poder adquisitivo del indispensable
consumidor, etc., terminará enterrando la cultura del consumo a lo que se le
sumará el posible derrumbe de la economía mundial que no soportará los elevados
precios del petróleo. Que un escenario como el descrito es el más probable, lo
asegura el hecho cierto que en esas hipotéticas invasiones, los invasores no
lograrán el control de la producción del petróleo, única forma de evitar el
caos descrito, tal como lo demuestra el que un ejército que oscila entre 150 y
200 mil hombres portadores y dueños de las armas más modernas y sofisticadas,
entre los cuales están los mercenarios que no conocen límites en torturas, crímenes
y maltratos, para sembrar el miedo y el terror, utilizando armas radioactivas y
bacteriológicas, (uranio empobrecido, fósforo blanco, etc.), no han podido
controlar la producción petrolera de Irak, tal como lo denota los altos precios
del petróleo. Una situación severamente crítica como la señalada, es factible
que se trague al sistema en su conjunto a un muy elevado costo para la
humanidad, pero creo es esto la principal causa que tiene hoy detenido el ansia
expansionista del sistema, sin ignorar otros aspectos como el poder financiero
de
Todo indica que la acumulación de las contradicciones del sistema
están llegando a un punto culminante, tal como lo
denotan numerosos aspectos que van cerrando el camino, de los cuales voy a
referirme solo a dos.
Cuando terminó
El otro aspecto a destacar
es la creación, desarrollo y consolidación, de
Así de grave, complejo y peligroso, es el problema energético,
que por razones obvias el sistema trata de ocultar y es desconocido por gran
parte de la humanidad, que junto a otros van estructurando una gigantesca
crisis que, de llegar a puntos culminantes, la humanidad nunca ha conocido. Ya
es hora que tomemos conciencia de una realidad peligrosamente cercana y que
poderosos intereses la ocultan y le restan importancia, de allí la pasividad e
indiferencia con que muchos le ven, pues es factible que los que tienen el
poder en sus manos, en un momento de desesperación y desprecio, tomen la
incalificable decisión del horrible Apocalipsis de acabar con la vida en