Fernández
Quesada: en honor a la verdad
Octavio
Hernández
El
interés por la figura de Javier Fernández Quesada ha venido creciendo en los
últimos años de la mano de quienes hemos pretendido, desde el respeto por la
verdad y por las personas directamente implicadas, rescatar su memoria. Es una
labor inconclusa en la que hemos participado Daniel Millet, quien les habla,
Miguel Ángel Díaz Paralea, Sergio Millares y Julián Ayala con trabajos de
investigación y crónica que se están convirtiendo en monografías donde
quedará recogido todo aquello que, treinta años después, podemos saber sobre
el estudiante asesinado y las circunstancias de su muerte. El trabajo publicado
por Millares y Ayala en la revista Canarii es extraordinario por su calidad,
cuidado y difusión. Mejora en muchos aspectos lo que otros hemos publicado y
aporta fuentes documentales fundamentales a las que hace un año no teníamos
acceso.
Ahora
bien, en honor a la verdad, a veces quienes investigamos confundimos nuestros
deseos con la realidad. En el caso de Fernández Quesada, nuestro acercamiento a
su personalidad ha estado siempre atravesado por el contexto de su
fallecimiento. Ese contexto estaba, en los últimos meses de 1977, fuertemente
politizado. El movimiento de rebeldía obrera y estudiantil contra el que
disparaba el régimen de transición a través de la guardia civil era la
cosecha ideológica de una siembra antifranquista clandestina con diversas
adscripciones ideológicas que pretendían interpretar el momento histórico a
través de distintas claves o, como se dice ahora en la teoría de la ciencia
política, “cleavages”. Para el investigador, treinta años después, el
asesinato de Fernández Quesada plantea el dilema de su inmersión en esas
claves que, en suma, nos conducirían a preguntarnos qué pensaba él sobre los
acontecimientos que se sucedían en aquellos últimos días de su vida. Hasta
ahora, la especulación y las dudas sobre la veracidad de algunos supuestos
testimonios publicados, nos ha conducido a quienes pretendíamos conocer la
verdad a mantener una postura escéptica a la hora de fijar con seguridad vínculos
veraces entre la participación directa de Javier en los hechos conducentes a su
muerte y alguna forma de compromiso ideológico personal, esa clase de vínculo
que uniría a la víctima estudiantil individual con el mártir de una causa
colectiva.
Dice
Julián Ayala en su presentación del trabajo publicado en Canarii: “Javier
era un estudiante normal, sin especial relevancia política, pese a las
versiones interesadas, que posteriormente han tratado de convertirlo en una
especie de símbolo del nacionalismo y la independencia de Canarias”.
Hasta ahora otros investigadores habríamos asentido a esta afirmación. Hasta
ahora. Pero ¿y si no hubiera sido así? ¿Y si Javier hubiera sido conducido a
la muerte, no sólo por la casualidad de estar allí, en el lugar y el momento
inoportuno de un tiroteo inusual, sino que estaba allí también por
convicciones políticas? Y en ese caso ¿de qué convicciones podemos hablar sin
temor a equivocarnos? Puesto que quienes nos hemos propuesto rescatar su memoria
somos personas de izquierdas, quizá esta circunstancia nos ha alejado más de
referirnos a ese detalle que si no lo fuéramos, por prudencia y por respeto. A
la vista de la frase de Julián Ayala, llega el momento de hacer honor a la
verdad sin aspavientos, con una sincera intención, por mi parte, de aportar al
esfuerzo de interpretación y reconstrucción de los hechos para rescatar del
olvido y el silencio a la persona en su integridad. Porque silenciar qué
pensaba realmente Javier Fernández Quesada también puede ser una “versión
interesada” que aproveche la ausencia de evidencias contrastadas para afear
por la vía de la suposición reivindicaciones políticas o ideológicas del
personaje, simplemente porque ese investigador no las comparte o las juzga
inconvenientes o políticamente incorrectas.
Con
ese ánimo de esclarecimiento y reposición, presento aquí un documento
excepcional que procede del archivo familiar y hasta ahora no había visto la
luz. Se trata de una breve pero intensa y, en mi opinión, extraordinariamente
significativa anotación que Javier Fernández Quesada escribe de su puño y
letra en noviembre de 1977, poco tiempo antes de ser asesinado en las escaleras
de la universidad. La anotación está escrita en el envés de una de las últimas
fotografías que de él conserva la familia. Esa instantánea se encuentra entre
otras inéditas que Daniel Millet y yo mismo rescatamos del álbum familiar y
han recibido bastante difusión desde que las publicamos en el diario
Para
mi fue una auténtica bofetada a mi propio escepticismo y espero que para Julián
Ayala suponga lo mismo. La imagen de su rostro erguido sobre el mar, cerca de la
costa, con el pelo agitado por el viento y una mirada limpia, cargada de
honestidad y entereza que interroga de soslayo, da pie a un concepto romántico
que, sin duda, no ha escapado al atractivo de reproducirla. Probablemente Javier
concibió una valoración semejante cuando decidió escribir detrás de la
fotografía unas frases que proyectaban ilusiones, compromisos e inquietudes que
no nos corresponde comentar, sino simplemente dejar al lector imparcial y al
desarrollo de la propia investigación, en honor a la verdad:
|
Texto
del a nota: Si
ustedes supieran la cantidad
de proyectos, ideas
y nuevas visiones de
“la gente” sobre Canarias por supuesto libre e independiente.... Todos estamos ganando
confianza en un
futuro cada vez más cercano
para Canarias. Hay
muchas cosas que debemos hacer perdurar pues son vestigios únicos
de otras épocas de
la humanidad. Canarias,
mañana, quizás
será autogestionaria. |