Esfínteres
Agapito
De Cruz Franco
No es, ni mucho
menos, una película de Steven Spielberg.
Es la escenificación por enésima vez de la farsa de las cloacas. Con la
perspectiva que da el tiempo, uno ya sabe con meridiana nitidez todos los
capítulos de la obra teatral a representarse en Güímar
por los de siempre. Aparte de que sus presuntos autores tienen tan poca
imaginación para innovar, que el espectáculo lo repiten una y otra vez sin
variar apenas el guión. No voy a nombrar ejemplos anteriores. Eso será
contenido de un libro: "Esfínteres del Poder", que habrá que escribir
para que las futuras generaciones visualicen toda esta cohorte de
cantamañanas, correveidiles y ad-láteres de
En Güímar, el Colectivo Ecologista “Tabona” lleva ya sus 30
años peleando por SALVAR EL MALPAIS. Últimamente con unas expectativas de
crecimiento y activismo de lo más interesante y que está sacando los colores a
las Instituciones locales y autonómicas hasta en los propios Juzgados.
Cualquier persona de buena voluntad que quisiera "interesarse por el
conocimiento, conservación y gestión de
Siempre
sucede lo mismo. Cuando una lucha ecologista despunta, y se enfrenta, con el
poder de la lógica, a la lógica del poder, aparecen estos virus mutantes para
intentar anularla, idear superestructuras fantasmagóricas y controlar la
rebelión. Pasan a ser, con toda su aristocracia chic y su solapada
arritmia de negro satén, los intermediarios entre la ciudadanía y las
instituciones, los auténticos valedores
para el Señorito,
que premia su fidelidad permanente, con opulentas subvenciones, estudios sobre
el paisaje de la burocracia o un puesto de trabajo en su red de canalizaciones.
Pone a su disposición además, toda la infraestructura oficial necesaria porque,
como es de recibo, ellos representan la versión oficial subtitulada.
Después está
la carátula. Aparecen junto a ellos, políticos tradicionales que ahora se autoproclaman alternativos. Desubicados de la historia, no
les ha quedado otro camino que ir traicionando una tras otra todas las
iniciativas y colocando sus apestosas patas sobre la fresca hierba de los
nuevos movimientos sociales. Recogen el estandarte caído, se apropian de los
símbolos sagrados, y pujan, en el mercado de los nuevos esclavos, por la
conquista del poder, que, sepa usted, es cosa indecente esa. Eso sí, como
bufones del mismo, que de ahí no pasan. Embadurnados con una coloraína medioambiental de carnaval posibilista, son todo un
cartel para las próximas fiestas de Don Carnal y Doña Cuaresma.
Sólo hay una
forma de neutralizar estos especímenes: no
desapareciendo del escenario. La sociedad detecta al instante dónde está la
farsa y dónde una verdadera obra teatral. Estos bichos se desintegran
cuando se topan con el mundo real. Y desaparecen tras las bambalinas al
faltarles los hilos que como títeres les sujetaban, o comprobar frente a esa realidad,
su corta existencia de entremeses informáticos. (Hoy día el que no tienen una
Plataforma en la web es porque no quiere, que no cuesta sino un rato de ponerse
a ello).