¡Esos se jodieron!
Marcelo Colussi
Luego de la reciente cumbre Iberoamericana
que tuvo lugar en Santiago de Chile corrieron ríos de tinta sobre el altercado
entre el rey Juan Carlos de España y el presidente de
Pero sí sería interesante retomar algo que
dijo el presidente democráticamente electo (el monarca no se atrevería jamás a
algo así): se trata de las declaraciones que en su momento le hiciera el por
ese entonces jefe de Estado español José María Aznar.
Según relató el propio Chávez con lujo de detalles, la vez que ambos se
encontraron, el ibérico trató de "llevarlo" hacia la amistad primermundista, ante lo cual el caribeño insinuó una duda
con carácter de protesta: "¿pero qué
hacer con pueblos como el de Haití entonces?". La respuesta del
español fue clara y precisa: "¡esos
se jodieron!"
Se
supone que Aznar era el presidente de una monarquía
constitucional católica, lugar donde,
por tanto, debería ser ejemplar la idea de amor al prójimo, vocación de
servicio y actitud samaritana (¿no es eso lo que pregona el catolicismo
acaso?). Se supone que España, de la mano de este presidente, hace parte de las
Naciones Unidas donde los principios fundacionales hablan de la cooperación
entre gobiernos y pueblos, de ayuda mutua, de respeto entre pares. Pero, según
lo que públicamente denunció el presidente Chávez dando pie a poder afirmar de Aznar que es un fascista –lo cual tanto enojó al rey–, no pareciera que la caridad, el amor o la solidaridad
le importaran mucho al ex mandatario ibérico. Como, en general, nada de esto
pareciera importarle mucho a los que ejercen el mayor poder mundial –a los que,
tanto este rey gritón como Aznar secundan a las mil maravillas–.
¿Los pobres que se jodan? ¿Eso es lo que
piensan quienes ejercen los poderes del mundo? Y todo eso que se pregona en los
discursos, en las misas, en las rimbombantes declaraciones públicas en relación
al bien común y al amor… ¿puras pamplinas entonces? ¿Pirotecnia verbal
efectista? ¿Tan malsanamente engañados nos tienen?
Si eso que le dijera en confianza Aznar al presidente Chávez es realmente la verdad, lo que
piensan y actúan los mandatarios de los países dominantes, lo que realmente
guía los actos de quienes manejan el mundo: ¿para qué toda esa ridícula
hipocresía del discurso oficial en relación a la preocupación por los más
necesitados, a la solidaridad engañosa? ¿O será que, en definitiva, a los
poderes los tiene totalmente sin cuidado que algunos, o muchos, se jodan?
¿Por qué se jodió Haití o se jodieron tantos
y tantos en este mundo? No por propio gusto, sin dudas, sino porque hay otros
de carne y hueso que los jodieron. ¿No es esa la historia de las relaciones
entre grupos sociales hasta ahora: unos, los de más poder, jodiendo a otros?
Sin dudas José María Aznar
fue honesto en su confesión a Chávez. Por supuesto esas cosas no se dicen en
voz alta, no son políticamente correctas. Pero esa es la pura verdad de cómo
funciona el mundo, ni más ni menos: hay quienes se joden, y hay quienes joden a
otro. Chávez no hizo sino decir lo que es un secreto a voces. ¿Por qué se
enojaría Juan Carlos I de Borbón entonces? ¿O no sabrá él que hay jodidos y hay
quienes joden? ¿No se habrá enterado que mientras él goza su bochornoso
parasitismo, otros se joden?
Ahora bien: ¿habrá que resignarse a que las
cosas son así? Hugo Chávez no se resigna; y como él muchísima gente no se
resigna, por eso lucha. ¿Podemos aceptar pasivamente que algunos se jodan y
quedarnos sólo con eso? ¿Es un destino ineluctable? Por supuesto que no, claro…
Pero cuando eso se dice con claridad, algunos –los del bando de los que joden– reaccionan molestos (como sucedió con el monarca).
¿Y cuándo reaccionarán los jodidos? Porque,
sin dudas, tienen más que sobrados motivos para empezar a reaccionar. Si de gritar
se trata, los haitianos –y como ellos todo el Sur, y también los pobres del Norte– tienen infinitamente más motivos para levantar la
voz.
¿No es una ofensa –quizá de las peores– que los que detentan el mayor poder mundial
(varones blancos del Norte con las cuentas bancarias más abultadas, para
describirlo muy someramente), sabiendo cómo son las cosas, las encuentren tan
naturales? "Esos se jodieron",
gesto de resignación y… ¿ya está? ¿Así de simple? ¿Y por qué no se joden ellos?
¿Por qué las grandes mayorías –de las que Haití es el símbolo–
no empezamos a hacer algo para no seguir jodidos?
Después de los atentados en el metro de
Madrid en marzo del 2004 que produjeron cerca de 200 muertos, la reacción
inmediata del gobierno español, justamente con Aznar
a la cabeza, fue achacar el ataque a