España
y Portugal
Agapito
De Cruz Franco
“España es
una ficción violenta” dijo una vez un anarquista valenciano. La comunidad
imaginada con que Max Weber definiera los Estados–nación,
unido al ideal libertario da como resultado esa afirmación, extrapolable a
cualquier otro Estado por el simple hecho de serlo o de ilusionarse con serlo. Pero
si esta construcción política resulta así simple ficción, más ficción aún es la
separación histórica habida entre aquel Estado y
Fue la
batalla de Toro con los Reyes Católicos cuando la separación de estos Reinos se
hizo más efectiva repartiéndose incluso el mundo en 1494 en el Tratado de
Tordesillas. El matrimonio de María, hija de Isabel y Fernando, con el rey don
Manuel de Portugal, estuvo a punto de conseguir la unión. En el siglo XVI, la
muerte de Sebastián I en Marruecos, provocó que Felipe II, tío suyo, fuera
proclamado Rey en Lisboa en 1579 como Felipe I de Portugal. Era la “Unión
Ibérica” o época “filipina”. El Estatuto para Portugal respetaba sus
costumbres, idioma, leyes, etc. suprimiéndose fronteras e impuestos de
circulación de mercancías. Las posesiones portuguesas en África y Asia, unidas
a las españolas en América y Filipinas acuñarían la frase de que “en los
dominios de Felipe II no se ponía el sol”, intentándose desde Lisboa en 1588 la
conquista de Inglaterra con
A Felipe II
le sucedió Felipe III y a éste Felipe IV. Este, intentó una fusión
administrativa en 1640, provocando junto con las guerras españolas en Europa,
revueltas en todo el territorio donde sobresalió la de Cataluña con “Els Segadors”, y la proclamación
de Joao IV como nuevo Rey de Portugal. En 1660, nuevos intentos de formar un
solo Reino, recurriendo ahora Portugal para impedirlo a Inglaterra, a quien
cedería a cambio Tánger y Bombay, mientras el Gobernador portugués de Ceuta se
mantenía fiel a Felipe IV. En 1668 se firmaba el Tratado de Lisboa.
Años más
tarde, como apunta F. Ballano en el nº 38 de de la
revista “Historia”, el ilustrado José Marchena propondría la unión dentro de
una República Federal, mientras en el contexto de las guerras napoleónicas
(1808-1816) se produciría el intento de invasión de Portugal por España o
“guerra de las naranjas”, y luego su unión para luchar juntos contra Napoleón,
con la iniciativa de los liberales en Las Cortes de Cádiz, de una unión
dinástica que otorgara el gobierno a la regente de Portugal y no a Fernando
VII. Exiliados liberales portugueses y españoles ideaban desde Londres
Con la
llegada de
Al hilo de
estas iniciativas, la cuestión de las lenguas debiera ser abordada en los
centros de enseñanza de España, introduciendo el portugués como idioma a
estudiar. El español ya se estudia en los colegios de Portugal, y el Presidente
Lula ha dado ejemplo en Brasil, donde es
obligatorio en todos los Institutos, con 9 millones de estudiantes. España
sigue ignorando que el portugués es el 5º idioma más hablado del mundo y que su
aprendizaje estrecharía lazos comunes. Como el Instituto Cervantes en los
países hispano-parlantes, existe desde hace doce años el Instituto
Internacional de
España y
Portugal, necesitan decididamente iniciativas políticas para construir un
futuro en común. El verano pasado por estas fechas, el Premio Nobel José
Saramago apostaba por ello.