La estatua a Artemi Semidan, otra infamia más al pueblo canario

Bernardo García Benítez

   Los politicastros que nos han tocado en esta BENDITA TIERRA CANARIA, nos quieren hacer confundir y hacer ver que nuestros antepasados eran unos desgraciados y pobres salvajes que andaban por estas tierras descalzos y harapientos. Pero, los que nos sentimos agradecidos con estos nuestros antepasados, que dieron una lección de honestidad, de entereza y de valentía, sabemos que no fue así. Estos politicastros, como era de esperar, ven bajo el subyugamiento a los que los tienen acostumbrados la metrópolis, y como compensación a tal deshonestidad con el pueblo canario, reciben fructíferas prebendas por parte de la metrópolis, llámense económicas o en puesto de altos cargos en el escalafón político, dentro de sus respectivos e ¡IMPERIALISTAS! partidos. 


    La estatua de Artemi Semidan es la referencia, a la que, desde aquí y con este escrito, pretendo aludir. Es otra infamia más, de tantas en la historia de este pueblo, de la clase política. La de representar a nuestros antepasados como seres desprovistos, incluso, de inteligencia, es una estrategia psicológica que vienen empleando para reducir al pueblo canario a la subyugación del poder metropolitano y a la desesperanza, en una palabra; a la derrota psicológica de este pueblo, como lo hicieron en su día los conquistadores con nuestros antepasados. La lección, desde ese entonces, la tienen bien aprendida la clase política. Y la siguen utilizando desde entonces.

 
   En los años 60, sino recuerdo mal, se inauguró el Parque Doramas con la estatua de Abraham Cárdenes. Representaba al valiente guerrero Doramas. Y, como manda los cánones del Poder Político Colonial, su figura se representaba como un ser totalmente primitivo; peor incluso que en la Era del hombre del Paleolítico Superior. Desprovisto de atuendo, de calzado, de guapil o bonete (gorra de piel), en una palabra, de todo lo que ellos magistralmente, desde el punto de vista artesanal hacían y que les servían para cubrirse de las inclemencias climáticas, o de los terrenos pedregosos. El "banot"... o más bien llamarlo palo, que llevaba como representativo de la defensa, se representaba como un simple... yo lo llamaría, jolcón de plataneras (que sirve para mantener las plataneras derechas contra las inclemencias del tiempo).

 
   También, es normal en estos políticos, representar a nuestros antepasados como verdaderos hercúleos; con cuerpos bien trabajados desde el punto de vista gimnástico; como si hubieran estado toda su vida yendo a un gimnasio, y desarrollando el cuerpo a base de pesas y demás artilugios gimnásticos. Todo esto son estrategias para desacreditar a nuestros antepasados, y al pueblo canario, a su cultura ancestral, a la historia de un pueblo que no hizo mal a nadie, y que por ser, en una palabra, civilizados, les pasó lo que les pasó.  

 
   Torriani (1592), decía en su obra referente al vestido de los canarios:

    "Los canarios vestían telas de hojas de palmera tejidas junto con juncos con admirable labor y artificio. Con éstas hacian ciertas faldillas, más o menos como las romanas, y se las ceñían por encima del talle, para cubrirse honestamente las carnes. Después, con algunas pieles de cabras blancas bien preparadas y cosidas, se vestían el busto; y encima a manera de capa, llevaban en invierno dos o más con su lana, abiertas por un lado como si fuese una hopalanda, a la cual llamaban tamarco. En lugar de sombrero, llevaban una piel de cabrito doblada, a manera de escofia alemana, atada arriba, donde está el cuello, dejando colgar las pieles de las patas. Este traje, como se ha dicho en el capítulo precedente se acompaña en los nobles con el pelo largo, y en los villanos con la cabeza afeitada".