Hist. (II)

 

“¿Canarias fue conquistada por España?”

 

 

Luis Fco. Padilla

 

Por ahí se escriben barbaridades como que “el continuado aporte de distintas realidades culturales a lo largo de la historia, en estas islas afortunadas, dificulta sobremanera distinguir unas señas de identidad en Canarias. Al contrario, otros pueblos, aparentemente más arraigados que el nuestro, sí se identifican fácilmente”. No habiéndose quedado arregostados infundando dicho bulo sacan, igualmente de la chistera, una ingeniosa solución que supuestamente “nos ayudará a descubrir la identidad que nos corresponde”: Ahondar en la geografía (¿?) y en la historia; claro, la falseada, españolizada y genocida historia de Canarias; la que ya en el siglo XVIII, y como vimos en el anterior artículo (Hist. (I)), Sabino Berthelot recriminaba por su incongruente y ridículo extincionismo.

 

Lo anteriormente citado, y que abre este texto, hace referencia a una “joyita” que viene parafraseada dentro de un tocho de libro (“Los Símbolos de la Identidad Canaria”, CCPC) (1) coeditado por el Gobierno de Canarias (CC), el cual, estoy seguro que pocas veces se ha leído íntegramente, tal es lo incongruente de la mayoría de sus apartados y que lógicamente no inspiran a la lectura. Una opinión muy particular y mía, que para eso hay libertad de expresión, es que ésta y junto a otras del mismo rasero, se tratan de obras ideológicamente adoctrinadoras. Editada en 1997, coincide en pleno apogeo de CC, como parte de una brutal campaña mediática para vendernos una adulterada realidad canaria acomodada a su incipiente “nacionalismo” «moderado, integrador, europeísta». Un seudo nacionalismo que no es otra cosa que españolismo camuflado, más virulento que el colonialismo directo, ya que suplanta al verdadero nacionalismo, degenerando, así, el panorama nacional Canario e induciendo al pueblo a un escenario falseado e impropio.

 

No se debe jugar a reinventar una realidad para suplantar la que verdaderamente poseemos. A ver, ¿qué pueblo no ha sufrido variaciones socioculturales para poder justificar la identidad arraigada que, según éstos, carece el isleño? Lo cierto es que el pueblo canario es de los pocos con una identificación étnica tan enraizada y que nos lleva al norte continental de África, cuna del actual ser humano. Ciertamente, agudizados grados de mestizaje racial y cultural, como los que se pueden apreciar en una inmensa mayoría de diferentes naciones, no se acuciaron en Canarias; tal vez en el centro de las principales ciudades administrativas (lo lógico dentro de cualquier urbe medianamente importante) pero dichas no representan la globalidad territorial de un archipiélago densamente poblado.  Antropólogos, etnógrafos e historiadores imparciales y serios concluyen en lo mismo, en una contundente verdad corroborada mediante  modernos estudios médicos y genéticos. Los guanches no se extinguieron, resultando los canarios como sus descendientes directos. Lo triste es tener que acabar reiterando una y otra vez tan lastrado tema, siempre aireado ante la constante agresión racista hacia la idiosincrasia canaria.

 

Las Islas Canarias, pese a la supuesta realidad que intereses colonialistas nos inducen a creer para justificar la adhesión a la metrópoli, no llegaron a abrazar la españolidad, no en la totalidad de su dilatado periodo  postcolonial, potenciándose dicho sentimiento artificial y colonial en la dictadura franquista (siempre a la fuerza). Primero, tras el proceso conquistador no existía el invento centralista actual. Segundo, hasta  entrado el siglo XVIII Canarias estaba radicada en su propia circunstancia nacional. Razonamientos, estos, que se irán detallando dentro de este y próximos artículos.

 

¿Cómo eran las incipientes y prósperas Islas Canarias antes de que nos acuñaran con el sello hispano?

 

Empecemos aclarando que eso de que nos conquistó España, y de ahí la supuesta arraigada identidad española, es una falacia en toda regla, además del mayor mito existente en la “legendaria” historia de Canarias. Como se comentó anteriormente, no existía la nación española en el siglo XV, quién participó en la conquista fue el Reino de Castilla. Así mismo, debemos ser consecuentes e involucrar al reino de Portugal que terminó cediendo a los castellanos “el derecho a las islas”, en 1479, al recibir a cambio la soberanía de de Fez y Guinea. Oficialmente la conquista se extendió entre los años 1402 y 1496. Es más, aún bajo contrato de la Corona de Castilla, los castellanos escenificaron poco protagonismo físico en la contienda; la estrategia estribaba, principalmente, en una ocupación  señorial y es a un noble francés, no castellano, a quién se le confía dicha labor, Jean de Bethencourt, luego, mediante un puerto francés, La Rochelle, no “peninsular”, sale dicha expedición francesa en Mayo de 1402. Los normandos capitularon las islas de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera sin excesivas bajas isleñas ya que se entendieron a base de pactos (también engaños como en el caso herreño). Incluso, debemos estimar que la Gomera nunca fue sometida y se “europeizó” con el natural transcurrir de los años. Resultó imposible apoderar bajo la presión señorial a las islas densamente pobladas, es entones que en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, los monarcas castellanos iniciaron la conquista realenga. Se encontraron que, en tan “realengas circunstancias”, el Reino de Castilla tuvo que recurrir a la ayuda de los guanches de Tenesor Semidan para poder doblegar a la isla de Tenerife y La palma. Suele mencionarse tal circunstancia, respecto a la conquista realenga, pero pocas veces la participación de los bandos de “paces” como Güimar; luego, casi nunca la de soldados indígenas procedentes de las islas señoriales, o, incluso, centenares de isleños desterrados y que solo pudieron volver al Archipiélago alistándose y participando en la conquista realenga de La Palma y Tenerife (2). Teniendo en cuenta la cantidad de autóctonos que participaron en la contienda, por parte de castilla, no debemos desdeñar el hecho de que muy pocos solados ‘peninsulares’ actuasen en ella, ciñéndose, su presencia, a los cargos militares de relevancia.

 

Resulta normal que Castilla recurriera a “mercenarios” extranjeros para anexionar terrenos insulares. La península Ibérica contaba, entonces, con penurias demográficas radicadas tras 800 años de reconquista. Realmente, y ahí viene lo irónico de la situación, no se trataba de colonizar Canarias con gentes allegadas de la ‘península’, ridículo, cuando allí no había material humano, ni siquiera para repoblar las regiones arrebatadas a los musulmanes. Se trataba, en un principio, de esclavizar guanches para acoplarlos a sus filas, seguramente también para repoblación (3). Una coincidencia ciertamente curiosa es que solo tras la adhesión de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera, Castilla empezase a conseguir la hegemonía ibérica: Como nota curiosa, que exhibe claramente la incapacidad de incorporar colonos peninsulares en Canarias, ni siquiera para atajar brotes insurgentes dentro del nuevo sistema social, citamos el siguiente documento; «…que porque los pastores guanches son ladrones y roban toda la ysla y destruyen los ganados de que se quexa todo el pueblo, y hasta aquí non se ha podido remediar de pastores castellanos por falta de non los haber» (4), nunca pudieron introducir los demandados pastores castellanos, mira que les hacia buena falta.

 

Tal situación de expolio, que en un principio sufrió nuestro pueblo, ni mucho menos supuso la extinción:

 

Tenemos a los que permanecieron alzados. Ante la imposibilidad de expulsar al invasor resultó tanta la gente, de los bandos de guerra, asentada por encima de las medianías salvaguardándose en un terreno poco conocido por los castellanos, que, a pesar de los esfuerzos, fracasó irremediablemente el empeño de alinearlos. Fue mucho el desespero ante la rebelde situación, llegando incluso a decretarse la reconquista, por orden de Lugo, respetando a los bandos de “paces” (5). Dicho proyecto nunca se llevó a cabo, tropezó con el jurado Juan de Badajoz que veía en la medida mayores peligros que ventajas (6), de hecho, el magistrado llegó a decir que expulsaría de la isla a quién acometiera tal empresa. Por otra parte, Rumeu de Armas, expone; «el problema de los guanches alzados no tenía en realidad solución porque se acogían a la protección de los indígenas de las paces al primer asomo de peligro. Los acuerdos del Cabildo aludieron duramente muchos años a ellos con machacona insistencia. Su incorporación a la sociedad naciente, en régimen de libertad será obra del tiempo, tardando en producirse varias décadas» (7).

 

Los pertenecientes a bandos de “paces”. _«E que el tiempo que Alonso de Lugo… fue a conquistar la dicha ysla, los dichos canarios de los dichos bandos se juntaron con él e le ayudaron a hacer la conquista fasta tanto que la dicha ysla fue allanada e acabada de conquistar; e que asy… los canarios de uno de los dichos bandos se tornaron cristianos e se casaron los hombres con sus mujeres, según orden de la Santa iglesia e aun muchos de los dichos canarios del otro bando asimismo se tornaron cristianos», Gazmira, una canaria residente en Madrid, pronunciándose en la corte ante los atropellos de Lugo (8). Tenemos los aliados a la corona castellana, “bandos de paces”, luego, a los que se sometieron pacíficamente y bajo seguro (circunstancia proclive en Tamarán), o, a los indígenas del señorío; Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro (no se cuenta la Gomera dado el carácter rebelde de sus habitantes), que a solo 20 años de iniciarse la conquista se presumían cristianizados en su mayoría. Hay que reconocer la protección hacía los guanches cristianizados por parte de los Reyes Católicos, derechos pretendidamente arrebatados a manos de castellanos como Fernán Peraza, Pedro de Vera o Lugo. Intenciones de algunos conquistadores, las cuales, se vieron frustradas ante reales decretos frutos de anteriores pactos con los isleños; «Nos es fecha relación e somos ynformados que algunas personas han traydo… canarios… que son cristianos e otros que están en camino para se convertir a nuestra Santa Católica… e los venden como esclavos… e porque lo tal sería cosa nuestra carta. Por la cual mandamos que todos y qualesquier persona… que son traydos… no consyntays que se venda» (9). Fueron muchas y constantes las voces de los naturales apelando al derecho de sus compatriotas: Leonor Morales, Miguel Martín, Pedro Fernández, Gazmira, Rodrigo de Bentazos, Fernando Guanarteme… Así como la buena colaboración, hacia la causa libertadora, de algunos foráneos como el obispo Juan Frías, el bachiller Alonso de Sepúlveda, el licenciado Malvenda o el gobernador de Gran Canaria López de Sosa. Las liberaciones fueron rápidas ante los casos insulares y un poco más tardías con los enviados a la ‘península’, después de largas investigaciones ejecutadas por abogados, misioneros y el obispo, en nombre de Los Reyes Católicos (10), (11). En relación a la evidente resolución del agravio esclavista, por tanto el retorno de nuestros antepasados, Rumeu de Armas esclarece: «Sobran indicios sin embargo, para creer y estimar que fue todo favorable para los indígenas. Nos apoyamos en primer lugar, para creerlos en espíritu de justicia que es norte y gala de todo el reinado y auténtica obsesión de sus agregios mandatarios. En segundo lugar, en el precedente de gomeros y gran canarios, por cuya libertad se riñen y ganan auténticos en la corte, en el consejo real, y en los demás tribunales (…) las protestas se eclipsan de repente, y no se oye una voz que impere libertad y justicia a favor de las víctimas. Esto equivale por sí mismo a una “sentencia”» (12)

 

Y, los retornados como colonos en su propia tierra. Cada vez hay menos dudas en que muy poquitos inmigrantes fueron castellanos, o sea, oriundos de la península Ibérica. Es normal, la escasez de habitantes que había en la época por dicha región imposibilitaba el envío de dispuestos emigrantes, imagínense, ni siquiera pudieron traer unos simples pastores para sustituir a los propios de las islas que tantos problemas causaban. Al igual que con el estamento militar dedicado a la conquista, casi en su totalidad, compuesto por soldadesca indígena, los  colonos, mayoritariamente, eran guanches que se habían llevado previamente, sobretodo, al sur y sureste peninsular, tanto en régimen de destierro como de esclavitud. Retornados, después de muchos años haciendo uso de ciertos privilegios, como auténticos castellanos, con nombre, apellidos y oficios aprendidos; cuantiosos de ellos tras el resultado de constantes luchas por conseguir su libertad, otros comprándola o bien tras decretos reales aboliendo la esclavitud. «…El esclavo procura y consigue la libertad a menudo por sus propios medios« (13). Ciertamente regresaron muchos, volviendo incluso a vestirse el antiguo tamarco para mezclarse con los alzados: Tanto es así que Pedro de Vera tramita la ralentización de nuevas llegadas por miedo a futuras sublevaciones contra él, la suma de los regresados más la actual población le producía pavor. Acometiendo, entonces, como mejor medida para evitar complicidades y amotinamientos,  al desvió de canarios entre islas. Otro mito es que, según las estadísticas de alguno, somos, casi, medio portugueses. La cosa es rebuscar una identificación europea como sea. Como ya vimos, ni castellanos, pero, del mismo modo, muy poco de verdaderos portugueses: Entre otros, Lothar Siemens Hernández, y según los categóricos documentos madeirenses del siglo XV, esclarece que el supuesto lugar destacado que ocupó la colonia portuguesa en el poblamiento canario, sobretodo en las islas del realengo y desempeñando los oficios relacionados con el azúcar, no es más que la “vuelta a casa” de guanches arrebatados mucho antes de la conquista de Canarias. Centenares de isleños llevados para poblar la Isla de Madeira y emplearlos como pastores. Luego, de igual modo, cientos de ellos regresaron a Canarias, sus descendientes, ya como maestros de los oficios de la caña y con apellidos portugueses. “Portugueses, portugueses”, solo debemos contar a los pocos burgaleses dedicados al mundo comercial.

 

En 1511 se da orden soberana de libertad para los guanches aún esclavizados (14). La nueva realidad del pueblo canario, después de la conquista, desfasaba la esclavitud en las ínsulas. Ahora, tras lo pactado con la nobleza guanche (que trataremos en próximos artículos) se “chupaba” personal isleño a razón del famoso “impuesto de sangre”. Ingeniosa triquiñuela por la que una incipiente clase privilegiada indígena, procedente de la aristocracia guanche, más los nobles y burgueses foráneos, beneficiaron a la nueva sociedad canaria, diferentes condiciones y derechos que permitían, al pueblo autóctono, crearse como “nación” adherida al reino de Castilla (15), siempre con la condición de seguir aportando contingente humano a las causas castellanas. Tal que, la esencia canaria, se hace realmente patente en la colonización de América, no por iniciativa propia de nuestros antepasados sino por obligación.

 

Tenemos a un reino de Castilla especialmente interesado en estas Islas Canarias, densamente pobladas por recias gentes, tanto que en el tratado de Alcaçovas (1472) cede prácticamente todo el monopolio de exploración de la costa atlántica del continente africano, Guinea y Fez, al rival reino peninsular de Portugal. Todo por adquirir la potestad del archipiélago. Hecho, éste, que contradice el, oficialmente supuesto, interés único hacia Canarias por su situación en las rutas de expansión africana; del mismo modo y para tal necesidad, ¿no estaban ahí Madeira o Cabo Verde?, entonces, ¿por qué enfrascarse en una contienda tan costosa contra la “nación guanche”? Cada vez hay menos dudas entre despiertos investigadores, como los catedráticos de la Universidad Central de Venezuela, Bartolomé J. Báez  y Pilar Rodríguez, en que el principal interés de la pugna portuguesa y castellana hacia Canarias se debía a su valiosa capacidad demográfica; personas con similares características físicas a las europeas, ideales para extender sus reinos.

 

El primer monocultivo que generó el colonialismo en canarias fue el expolio humano, nuestro país era el “granero poblacional” de castilla (también, en un principio, socorrido por los portugueses para poblar Madeira). Primero para abastecer la propia Península  Ibérica, luego la empresa de “Las Indias”, América. Es un hecho silenciado pero tan cierto como vergonzoso.

 

A lo que íbamos: Empezando, ya, desde el proceso de conquista podemos observar que la influencia castellana (lo más parecido, entonces, a lo que hoy es España) estuvo diluida ante la preponderancia de diferentes entidades europeas; portuguesas, francesas, genovesas, etc. Son las órdenes religiosas procedentes de la ‘península’ quienes adoctrinan a los guanches y les enseñan el castellano, si hubo un influjo castellano, decididamente, se debe a la aportación del clero. La introducción de colonos “extranjeros” en Canarias, por dicha época, fue mínima; las tierras se repartieron principalmente entre soldados (siendo mayoritariamente canarios aliados a la corona), la aristocracia guanche y los pocos nobles y burgueses europeos que patrocinaron la contienda. Hay que tener en cuenta qué, mayoritariamente, los colonos allegados eran esclavos guanches con nombres y apellidos castellanos o portugueses, oficios aprendidos y procedentes de la Península Ibérica; retornados tras adquirir su derecho de libertad o enviados para trabajar en las tareas de la incipiente caña. Como se señalaba anteriormente, la penuria demográfica en la ‘península’ no debía de dar para más, la intención era extraer material humano, no introducirlo. Es en las nacientes urbes coloniales, como San Cristóbal de la Laguna, donde se concentraban familias burguesas allegadas de diferentes puntos europeos, minúsculos espacios poblacionales si apreciamos la totalidad territorial de Canarias. Paralelamente registramos, fuera de tales ciudades, la fuerte explosión demográfica de los siglos posteriores a la conquista (curiosamente en zonas supuestamente despobladas tras “desaparecer todos los guanches por arte de magia”). Un incremento de canarios no atribuido a aportaciones foráneas, razonando un escaso influjo inmigratorio (ni destacado ni coincidente), más en una época donde Europa sufría estancamiento vegetativo (16). Interesante resulta comprobar como la propia etnia canaria llega a reconquistar zonas ocupadas por los, entonces, reducidos núcleos de colonos: Una incesante y contundente inmigración del mundo rural absorbe dichas ciudades, resultando, a lo largo de los siglos, la imposición del aporte isleño en los primigenios espacios europeos.

 

En época de conquista ¿quién colonizó a quién? Sugerente pregunta. Si hacemos una inteligente lectura de los hechos averiguamos que no fue tan dramática la realidad existencial de nuestros ancestros, no como nos quieren hacer creer. Al contrario, la alta natalidad de la que siempre presumió esta tierra y que obligó a la práctica del infanticidio, por parte de nuestros guanches, para controlarla, fue aporte colonizador y demográfico, tanto para la Península Ibérica como para América; así como sustento continuado para las propias islas.

 

Sí debemos tener claro que, de cualquier manera, las pocas aportaciones que aquí llegaron no trascienden meramente en las castellanas. Estas fueron minoría en relación a una generalidad de influencias portuguesas, francesas, genovesas, holandesas, inglesas, irlandesas, flamencas, judías, norteafricanas, sub-saharianas…

 

Por lo tanto, NO, no nos conquistó España. Como mucho, fuimos una contrata a terceros por parte de Castilla. Así tenemos, qué, hasta entonces, y en éste periodo histórico, no hay señas de identidad que justifiquen españolidad alguna. Como mucho un real decreto, en forma de “impuesto de sangre”, que nos obligaba acudir a contiendas y colonizar lejanas regiones “en nombre de Dios y sus majestades los Reyes Católicos”. Lo cual, más que llegar a generar lazos generó recelos. La verdadera “colonización española” surgiría siglos más tarde, curiosamente cuando la “nación canaria” se encontraba ya bastante afianzada (lo que algunos llaman “el antiguo régimen”), para abducirnos paulatinamente hacia una artificiosa realidad, siempre impuesta, y que alcanza su máximo apogeo en el actual siglo XXI.

 

 

(1) “Los Símbolos de la Identidad Canaria”. Centro de la Cultura Popular de Canarias. (Pág. 347).
(2) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 62).

(3) “Contingentes canarios en España entre los siglos XV y XVI. Influencia en América”. Instituto de estudios hispanoamericanos. U.C.V. Caracas.

(4) “Serra Rafols y Leopoldo de la Rosa”. (Pág. 92).

(5) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).

(6) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).

(7) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).

(9) “Wofel”. (Págs. 1020 y 101).

(8) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 93).

(10) “Rumeu de Armas, A”. (Págs. 94 y 95)

(11) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 70).

(12) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 111).

(13). “La esclavitud de Tenerife a través de la conquista”. Manuela Marrero. (Pág. 82).

(14) “Juan Bethencourt Alfonso, Historia de Pueblo Guanche”. Tmo. III.

(15) “Juan Bethencourt Alfonso, Historia de Pueblo Guanche”. Tmo. III.

(16) “Crónica sobre las Jornadas Guanches celebradas en Los Realejos”. www.elguanche.net. 

 

 

Hist. (I)”….