Hist.
(II)
“¿Canarias
fue conquistada por España?”
Luis
Fco. Padilla
Por ahí se escriben barbaridades como que “el
continuado aporte de distintas realidades culturales a lo largo de la historia,
en estas islas afortunadas, dificulta sobremanera distinguir unas señas de
identidad en Canarias. Al contrario, otros pueblos, aparentemente más
arraigados que el nuestro, sí se identifican fácilmente”. No habiéndose quedado
arregostados infundando dicho bulo sacan, igualmente de la chistera, una
ingeniosa solución que supuestamente “nos ayudará a descubrir la identidad que
nos corresponde”: Ahondar en la geografía (¿?) y en la historia; claro, la
falseada, españolizada y genocida historia de Canarias; la que ya en el siglo
XVIII, y como vimos en el anterior artículo (Hist. (I)),
Sabino Berthelot recriminaba por su incongruente y
ridículo extincionismo.
Lo anteriormente citado, y que abre este texto, hace
referencia a una “joyita” que viene parafraseada dentro de un tocho de libro (“Los Símbolos de
No se debe jugar a reinventar una realidad para
suplantar la que verdaderamente poseemos. A ver, ¿qué pueblo no ha sufrido
variaciones socioculturales para poder justificar la identidad arraigada que,
según éstos, carece el isleño? Lo cierto es que el pueblo canario es de los
pocos con una identificación étnica tan enraizada y que nos lleva al norte
continental de África, cuna del actual ser humano. Ciertamente, agudizados
grados de mestizaje racial y cultural, como los que se pueden apreciar en una
inmensa mayoría de diferentes naciones, no se acuciaron en Canarias; tal vez en
el centro de las principales ciudades administrativas (lo lógico dentro de
cualquier urbe medianamente importante) pero dichas no representan la
globalidad territorial de un archipiélago densamente poblado. Antropólogos, etnógrafos e historiadores
imparciales y serios concluyen en lo mismo, en una contundente verdad
corroborada mediante modernos estudios
médicos y genéticos. Los guanches no se extinguieron, resultando los canarios
como sus descendientes directos. Lo triste es tener que acabar reiterando una y
otra vez tan lastrado tema, siempre aireado ante la constante agresión racista
hacia la idiosincrasia canaria.
Las Islas Canarias, pese a la supuesta realidad que
intereses colonialistas nos inducen a creer para justificar la adhesión a la
metrópoli, no llegaron a abrazar la españolidad, no en la totalidad de su
dilatado periodo postcolonial,
potenciándose dicho sentimiento artificial y colonial en la dictadura
franquista (siempre a la fuerza). Primero, tras el proceso conquistador no
existía el invento centralista actual. Segundo, hasta entrado el siglo XVIII Canarias estaba
radicada en su propia circunstancia nacional. Razonamientos, estos, que se irán
detallando dentro de este y próximos artículos.
¿Cómo eran
las incipientes y prósperas Islas Canarias antes de que nos acuñaran con el
sello hispano?
Empecemos aclarando que eso de que nos conquistó
España, y de ahí la supuesta arraigada identidad española, es una falacia en
toda regla, además del mayor mito existente en la “legendaria” historia de
Canarias. Como se comentó anteriormente, no existía la nación española en el
siglo XV, quién participó en la conquista fue el Reino de Castilla. Así mismo,
debemos ser consecuentes e involucrar al reino de Portugal que terminó cediendo
a los castellanos “el derecho a las islas”, en 1479, al recibir a cambio la
soberanía de de Fez y Guinea. Oficialmente la conquista se extendió entre los
años 1402 y 1496. Es más, aún bajo contrato de
Resulta normal que Castilla recurriera a “mercenarios”
extranjeros para anexionar terrenos insulares. La península Ibérica contaba,
entonces, con penurias demográficas radicadas tras 800 años de reconquista.
Realmente, y ahí viene lo irónico de la situación, no se trataba de colonizar
Canarias con gentes allegadas de la ‘península’, ridículo, cuando allí no había
material humano, ni siquiera para repoblar las regiones arrebatadas a los
musulmanes. Se trataba, en un principio, de esclavizar guanches para acoplarlos
a sus filas, seguramente también para repoblación (3). Una coincidencia
ciertamente curiosa es que solo tras la adhesión de Lanzarote, Fuerteventura,
El Hierro y
Tal situación de expolio, que en un principio sufrió
nuestro pueblo, ni mucho menos supuso la extinción:
Tenemos a los que permanecieron alzados. Ante la
imposibilidad de expulsar al invasor resultó tanta la gente, de los bandos de
guerra, asentada por encima de las medianías salvaguardándose en un terreno
poco conocido por los castellanos, que, a pesar de los esfuerzos, fracasó
irremediablemente el empeño de alinearlos. Fue mucho el desespero ante la
rebelde situación, llegando incluso a decretarse la reconquista, por orden de
Lugo, respetando a los bandos de “paces” (5).
Dicho proyecto nunca se llevó a cabo, tropezó con el jurado Juan de Badajoz que
veía en la medida mayores peligros que ventajas (6), de hecho, el magistrado llegó
a decir que expulsaría de la isla a quién acometiera tal empresa. Por otra
parte, Rumeu de Armas, expone; «el
problema de los guanches alzados no tenía en realidad solución porque se
acogían a la protección de los indígenas de las paces al primer asomo de
peligro. Los acuerdos del Cabildo aludieron duramente muchos años a ellos con
machacona insistencia. Su incorporación a la sociedad naciente, en régimen de
libertad será obra del tiempo, tardando en producirse varias décadas» (7).
Los pertenecientes a bandos de “paces”. _«E que el tiempo que Alonso de Lugo… fue a
conquistar la dicha ysla, los dichos canarios de los
dichos bandos se juntaron con él e le ayudaron a hacer la conquista fasta tanto
que la dicha ysla fue allanada e acabada de
conquistar; e que asy… los canarios de uno de los
dichos bandos se tornaron cristianos e se casaron los hombres con sus mujeres,
según orden de
Y, los retornados como colonos en su propia tierra.
Cada vez hay menos dudas en que muy poquitos inmigrantes fueron castellanos, o
sea, oriundos de la península Ibérica. Es normal, la escasez de habitantes que
había en la época por dicha región imposibilitaba el envío de dispuestos emigrantes,
imagínense, ni siquiera pudieron traer unos simples pastores para sustituir a
los propios de las islas que tantos problemas causaban. Al igual que con el
estamento militar dedicado a la conquista, casi en su totalidad, compuesto por
soldadesca indígena, los colonos,
mayoritariamente, eran guanches que se habían llevado previamente, sobretodo,
al sur y sureste peninsular, tanto en régimen de destierro como de esclavitud.
Retornados, después de muchos años haciendo uso de ciertos privilegios, como
auténticos castellanos, con nombre, apellidos y oficios aprendidos; cuantiosos
de ellos tras el resultado de constantes luchas por conseguir su libertad,
otros comprándola o bien tras decretos reales aboliendo la esclavitud. «…El esclavo procura y consigue la libertad
a menudo por sus propios medios« (13). Ciertamente regresaron muchos,
volviendo incluso a vestirse el antiguo tamarco para
mezclarse con los alzados: Tanto es así que Pedro de Vera tramita la
ralentización de nuevas llegadas por miedo a futuras sublevaciones contra él,
la suma de los regresados más la actual población le producía pavor.
Acometiendo, entonces, como mejor medida para evitar complicidades y
amotinamientos, al desvió de canarios
entre islas. Otro mito es que, según las estadísticas de alguno, somos, casi,
medio portugueses. La cosa es rebuscar una identificación europea como sea.
Como ya vimos, ni castellanos, pero, del mismo modo, muy poco de verdaderos
portugueses: Entre otros, Lothar Siemens Hernández, y
según los categóricos documentos madeirenses del
siglo XV, esclarece que el supuesto lugar destacado que ocupó la colonia
portuguesa en el poblamiento canario, sobretodo en las islas del realengo y
desempeñando los oficios relacionados con el azúcar, no es más que la “vuelta a
casa” de guanches arrebatados mucho antes de la conquista de Canarias.
Centenares de isleños llevados para poblar
En 1511 se da orden soberana de libertad para los
guanches aún esclavizados (14). La nueva realidad del pueblo canario, después
de la conquista, desfasaba la esclavitud en las ínsulas. Ahora, tras lo pactado
con la nobleza guanche (que trataremos en próximos artículos) se “chupaba”
personal isleño a razón del famoso “impuesto de sangre”. Ingeniosa triquiñuela
por la que una incipiente clase privilegiada indígena, procedente de la
aristocracia guanche, más los nobles y burgueses foráneos, beneficiaron a la
nueva sociedad canaria, diferentes condiciones y derechos que permitían, al
pueblo autóctono, crearse como “nación” adherida al reino de Castilla (15),
siempre con la condición de seguir aportando contingente humano a las causas
castellanas. Tal que, la esencia canaria, se hace realmente patente en la
colonización de América, no por iniciativa propia de nuestros antepasados sino
por obligación.
Tenemos a un reino de Castilla especialmente
interesado en estas Islas Canarias, densamente pobladas por recias gentes,
tanto que en el tratado de Alcaçovas (1472) cede
prácticamente todo el monopolio de exploración de la costa atlántica del
continente africano, Guinea y Fez, al rival reino peninsular de Portugal. Todo
por adquirir la potestad del archipiélago. Hecho, éste, que contradice el,
oficialmente supuesto, interés único hacia Canarias por su situación en las
rutas de expansión africana; del mismo modo y para tal necesidad, ¿no estaban
ahí Madeira o Cabo Verde?, entonces, ¿por qué enfrascarse en una contienda tan
costosa contra la “nación guanche”? Cada vez hay menos dudas entre despiertos
investigadores, como los catedráticos de
El primer monocultivo que generó el colonialismo en
canarias fue el expolio humano, nuestro país era el “granero poblacional” de
castilla (también, en un principio, socorrido por los portugueses para poblar
Madeira). Primero para abastecer la propia Península Ibérica, luego la empresa de “Las Indias”,
América. Es un hecho silenciado pero tan cierto como vergonzoso.
A lo que íbamos: Empezando, ya, desde el proceso de
conquista podemos observar que la influencia castellana (lo más parecido,
entonces, a lo que hoy es España) estuvo diluida ante la preponderancia de
diferentes entidades europeas; portuguesas, francesas, genovesas, etc. Son las
órdenes religiosas procedentes de la ‘península’ quienes adoctrinan a los
guanches y les enseñan el castellano, si hubo un influjo castellano,
decididamente, se debe a la aportación del clero. La introducción de colonos
“extranjeros” en Canarias, por dicha época, fue mínima; las tierras se
repartieron principalmente entre soldados (siendo mayoritariamente canarios
aliados a la corona), la aristocracia guanche y los pocos nobles y burgueses
europeos que patrocinaron la contienda. Hay que tener en cuenta qué,
mayoritariamente, los colonos allegados eran esclavos guanches con nombres y
apellidos castellanos o portugueses, oficios aprendidos y procedentes de
En época de conquista ¿quién colonizó a quién?
Sugerente pregunta. Si hacemos una inteligente lectura de los hechos averiguamos
que no fue tan dramática la realidad existencial de nuestros ancestros, no como
nos quieren hacer creer. Al contrario, la alta natalidad de la que siempre
presumió esta tierra y que obligó a la práctica del infanticidio, por parte de
nuestros guanches, para controlarla, fue aporte colonizador y demográfico,
tanto para
Sí debemos tener claro que, de cualquier manera, las
pocas aportaciones que aquí llegaron no trascienden meramente en las
castellanas. Estas fueron minoría en relación a una generalidad de influencias
portuguesas, francesas, genovesas, holandesas, inglesas, irlandesas, flamencas,
judías, norteafricanas, sub-saharianas…
Por lo tanto, NO, no nos conquistó España. Como mucho,
fuimos una contrata a terceros por parte de Castilla. Así tenemos, qué, hasta
entonces, y en éste periodo histórico, no hay señas de identidad que
justifiquen españolidad alguna. Como mucho un real decreto, en forma de “impuesto
de sangre”, que nos obligaba acudir a contiendas y colonizar lejanas regiones
“en nombre de Dios y sus majestades los Reyes Católicos”. Lo cual, más que
llegar a generar lazos generó recelos. La verdadera “colonización española”
surgiría siglos más tarde, curiosamente cuando la “nación canaria” se
encontraba ya bastante afianzada (lo que algunos llaman “el antiguo régimen”),
para abducirnos paulatinamente hacia una artificiosa realidad, siempre
impuesta, y que alcanza su máximo apogeo en el actual siglo XXI.
(1) “Los Símbolos de
(2) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 62).
(3) “Contingentes canarios en España entre los siglos
XV y XVI. Influencia en América”. Instituto de estudios hispanoamericanos. U.C.V. Caracas.
(4) “Serra Rafols y Leopoldo
de
(5) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).
(6) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).
(7) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 97).
(9) “Wofel”. (Págs. 1020 y
101).
(8) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 93).
(10) “Rumeu de Armas, A”. (Págs. 94 y 95)
(11) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 70).
(12) “Rumeu de Armas, A”. (Pág. 111).
(13). “La esclavitud de Tenerife a través de la
conquista”. Manuela Marrero. (Pág. 82).
(14) “Juan Bethencourt Alfonso, Historia de Pueblo
Guanche”. Tmo. III.
(15) “Juan Bethencourt Alfonso, Historia de Pueblo
Guanche”. Tmo. III.
(16) “Crónica sobre las Jornadas Guanches celebradas
en Los Realejos”. www.elguanche.net.
“Hist.
(I)”….