Hist. (III)
“Fernando Guanarteme, ¿traidor?”
Luis Fco. Padilla
Desde luego, para el nacionalista, Canarias es una nación, un pueblo sin estado pero con una irrefutable
idiosincrasia nacional. Para el españolista, bien por inopia, bien por
obstinación, no existe más nación que España. Luego, hay otras rocambolescas
tendencias que vacilan con una pretenciosa “nacionalidad de estado”.
Las sociedades isleñas (éstas, dedúzcanse como un
único pueblo con características propias y comunes tal que así lo son íberos,
celtas, sajones, beréberes…), los guanches,
como entidad histórica, se llega
a estimar que pueblan éste espacio atlántico, por lo menos, hace 2000 años. Un
viaje a través del tiempo, desde un punto indeterminado de la historia hasta el
día de hoy, donde nos preguntamos; ¿en qué parte de tan larga trayectoria
perdimos, acuciadamente, la soberanía nacional?, ¿Cuándo fue que empezamos a
suplantar nuestra arraigada identidad para dejarnos disfrazar por el
españolismo?
Ciertamente y después de la traumática conquista se
creó toda una agitación en el archipiélago, una transformación política, social
y económica, donde sí hubo protagonismo indígena. Tenemos, y como vimos en “Hist. II”, que
los colonos establecidos, en su inmensa mayoría, eran de origen guanche,
ciñéndose la presencia europea a determinados nobles y burgueses. Entonces, el
nuevo sistema agrario estuvo, realmente, desempeñado por “seudos colonos”
castellanos y portugueses, qué, no eran otra cosa que isleños europeizados.
Luego, sería la minoría foránea quién abarcaría las riendas de la
mercantilización. Canarias se sumergió en una nueva
economía de mercado, incipientes pilares en forma de explotación agrícola y la
necesaria comercialización apoyados, éstos, por la labor cultural que los
religiosos hacían adaptando a los canarios al nuevo orden europeo. Un primer
grupo social integraba la aristocracia (europeos y algunos nobles indígenas),
los mercaderes (en un principio de origen europeo) y el clero (originalmente
europeos pero con el paso del tiempo, y lógicamente, compuesto mayoritariamente
por canarios hechos al hábito); el segundo grupo, los dependientes, constituía
la inmensa mayoría de la autóctona y redefinida sociedad canaria, pequeños
propietarios, campesinos, medianeros, jornaleros, artesanos, etc.; finalmente
los esclavos, compuesto primeramente por alzados guanches esclavizados, esclavitud
qué, como ya sabemos, terminó por abolirse poco después de la conquista, ésta
solo tenían justificación ante el “derecho” de “esclavos de buena guerra” (1) («no pudiendo ser horros (libres) syn servir primero diez y seys años a su señor») (2). Sí cobraría protagonismo la
esclavitud procedente del continente, negros y magrebies
con el fin de venderlos en mercados europeos y americanos: Ciertamente pudo
haber algún cruce de éste grupo con canarios, en zonas donde se explotaban
ingenios de azúcar, pero notoriamente mínimo. A la vista está, es prácticamente
escaso el aporte negroide en la sociedad canaria, no como así ocurrió en Cuba,
Brasil, Venezuela… Los norteafricanos que llegaban aquí, muchos de ellos, ya
acuciaban características árabes (de ahí lo de moriscos), características, del
mismo modo, poco comunes entre los isleños. Hay que tener en cuenta el pavor
hacia “lo moro”, realmente palpable en el pueblo canario y que dentro del
romancero popular se refleja bien claro. Eso sin mencionar lo cerrada y
tradicional que ya, entonces, era la sociedad insular, muy aferrada al impuesto
orden cristiano y que criminalizaba vincularse con “herejes”. En este sentido,
las islas de Lanzarote y Fuerteventura, desde donde repartían los encadenados
hacia terceros países, por aquel tiempo, eran de las que acuciaban más arraigo
católico entre los naturales, de hecho, ya en 1430 la totalidad de su población
estaba adoctrinada. Lo “amazighe”, tan en auge que
está ahora, es una característica heredada de los guanches y que según estudios
genéticos vincula a la actual población canaria con el aporte
“líbico-berebere”, curiosamente, no a nuestros vecinos marroquíes.
Tras esta breve radiografía, de lo que fue la
revolución socio-política más substancial dentro de la larga trayectoria
histórica de nuestro atávico pueblo, se expondrá la importancia que
protagonizaron diversos pactos entre guanches e invasores. Variados tratados,
los cuales, dieron rumbo y determinado razonamiento a una nueva realidad
nacional isleña. Éstos padecieron ciertas ocultaciones oficiales, y, aunque
reflejados por medio de diferentes crónicas, no se describen claramente. Tanto
que se hace necesario estudiar los derechos de lo pactado según los hechos
acaecidos a lo largo de los últimos 500 años (3).
Ya a principios del siglo XV la política a base de
pactos constata la repercusión que tuvo el veredicto de los autóctonos para dar
cancha a la expansión europea. No hay que olvidar el hecho de que el sistema
social aborigen era netamente jerárquico, con unas clases sometidas a otras,
gozando de plenos derechos la representativa hidalguía. Muchos protagonistas,
de la antedicha clase favorecida, consiguieron mantener ciertos privilegios en
la incipiente europeización. Tales prebendas, no resultaron por gracia de la
bondad del contrincante sino más bien fruto de consecuentes acuerdos, que
permitieron la expansión del nuevo orden. Ciertamente, y ahora toca aclararlo
todo, es que la nobleza indígena no solo se cubrió las espaldas lo mejor que
las circunstancias le permitió, sino qué, también, arrancó una serie de
condiciones y derechos para su pueblo; un marco jurídico, el cuál, como ya se
dejó caer en el texto “Hist. II”, fue
pretendidamente violado por indeseables conquistadores, resultando, casi
siempre, castigados desde el reino ante la obediencia qué los monarcas
castellanos debían mostrar respecto a lo pactado con la incipiente “nación
canaria”. Conocidos son los cargos contra conquistadores, que pretendieron
ejercer impunemente recibiendo a cambio penas, como la anulación del contrato
de gobernador a Pedro de Vera (4), o, ponderadas multas a sufragar, caso de la señora de Bobadilla,
pagando 500.000 maravedíes a los gomeros en concepto de indemnización (5);
Alonso de Lugo, condenado a pagar 40.000 maravedíes a los hijos del rey de
Adeje, también, 50.000 maravedíes para Andrés de Güimar (6); del mismo modo,
acciones, como el levantamiento de Ichasagua en 1502
(7); mantenimiento de poblados y asentamientos tradicionales, en contra de
pretensiones coloniales (8); el asalto al Cabildo de Tenerife y la quema del
censo fiscal de Fernández de Lugo, al pretender este “sinvergüenza” recaudar
entre los canarios un impuesto que solo era obligación de colonos, terminándolo
por cubrir dichos inmigrantes (9)…
Desde un principio son significativas las formas con
que Jean de Bethencourt consiguió apaciguar el panorama insular, haciendo casar
a su sobrino Maciot con Teguise,
dejando a isleños y colonos, por tanto, formalmente en plano de igualdad, luego
y en tan solo 20 años, quedándose cristianizada prácticamente la totalidad de
las islas del señorío. Aún así, éstas, acabarían renegando del régimen señorial
para auspiciarse en los derechos conseguidos por sus ínsulas hermanas, Gran
Canaria, Tenerife y
Muchas veces se ha tachado de traidor a Fernando de Guanarteme (Tensor Semidán),
debido al protagonismo que obtuvo por ayudar al bando castellano en la sumisión
final de los autóctonos. Sin embargo, es necesario tener presente que gracias a
éste señor, que intercedió en la difícil situación de Ansite,
pudieron salvarse las vidas de numerosos niños, mujeres, isleños en general, de
una muerte segura; así mismo, sus intervenciones para hacer retornar a las
islas paisanos desterrados por antojo de Pedro de Vera.
Toca
romper un banot en su honra:
Históricamente se escenifica a un Tensor Semidán aprisionado y llevado a presencia de Los Reyes
Católicos, casi como un exótico trofeo, bautizado y sometido a intereses
castellanos. Personalmente creo que no es necesario ejercer de avezado
historiador para, con un poquito de perspicacia, llegar a interpretar un
escenario históricamente más justo y realista: ¿No resulta extraño el hecho de
que nuestro guanarteme fuese capturado, casi como por
casualidad y sin mediarse batalla ni resistencia alguna, junto a importantes
personalidades como Maninidra?; ¿no es una curiosa
coincidencia que, Tensor y Fernando, se encontrasen justo en el momento
histórico en que se instituían las cortes de Toledo para organizar la política
de los territorios que abarcaban el reino?; ¿a que es insólita la circunstancia
de, según los cronistas, acudir a la península “como prisionero de guerra” y,
luego, retornar con el zurrón lleno de derechos adquiridos para el pueblo?
Realmente, con un poquito de imaginación, el cuadro de Tensor Semidán viajando a las cortes castellanas con 15 de
sus hombres más particulares, junto a sus respectivas familias, se asemeja más
a una delegación diplomática, “una excursión de negocios”, que a otra cosa.
El que fue guanarteme de Galdar, siendo consecuente ante la supremacía militar de
los castellanos, qué, incluso contaban con la participación de aguerridos
hombres procedentes de Lanzarote, Fuerteventura y
_ Reparto de tierras y otros medios de producción
entre los canarios (10).
_ Mantenimiento de los “título nobiliarios” entre los
indígenas (11).
_ Existencia de una fiscalidad diferenciada (12).
_ Existencia de milicias canarias (13).
_ El derecho de placet con
respecto a las leyes del reino (14)
_ Divisa propia hasta 1776 (15).
_ Independencia ante el monopolio comercial español y
con delegados comerciales ajenos a dicho monopolio
(16).
_ Mantenimiento de roles socialmente relevantes en las
mujeres canarias, también en asuntos legales; ejemplos de Inés Chemida, María de Güimar… (17).
_ Mantenimiento de normas civiles precoloniales,
como el derecho a la separación por parte de las mujeres (18).
_ Reclamación de los derechos por parte de los
canarios ante los tribunales (19).
_ Cobro de deudas por parte de isleños hacía colonos,
un ejemplo es la herencia de Fernando Tacoronte (20).
“El Pacto de Calatayud”se trató de una versión
autónoma del Fuero de Toledo, adaptada a las
exigencias canarias, que permitió dotar a la nación de una serie de organismos
radicados. Estructuras políticas propias con una amplia autonomía, respecto a
la corona, en capacidad de decisión y
actuación. Originalmente se integró Gran Canaria, la isla de Fernando Guanarteme, posteriormente
Viene de:
“Hist.
(II)”…
“Hist.
(I)”….
(1) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 82).
(2) “Rumeu de armas, A.”. (Págs. 87 y 88).
(3) “Breve Historia del Nacionalismo
Canario”. Felipe Ros Brandon. www.
Amaga .org.
(4) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).
(5) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).
(6) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 90).
(7) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia
del Pueblo Guanche”. Tomo III.
(8) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia
del Pueblo Guanche”. Tomo III.
(9) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia
del Pueblo Guanche”. Tomo III.
(10) “
(11) “Fernando Guanarteme”.
Revista de
(12) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia del Pueblo
Guanche”. Tomo III.
(13) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias y
(14) “El Régimen Jurídico de los Puertos Francos de
Canarias”. Alfonso de Ascanio y Poggio.
(15) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias y
(16) “Pedro Agustín del Castillo su Vida y Obra”.
Antonio de Bethencourt Massieu.
(17) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia del Pueblo
Guanche”. Tomo III.
(18) “Instituciones Primitivas del Derecho en
Canarias”. Luis Benitez Inglot.
(19) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia del Pueblo
Guanche”. Tomo III.
(20) “Juan de Bethencourt Alfonso, Historia del Pueblo
Guanche”. Tomo III.