Hist.
(IV)
CANARIAS,
entre Las Hispanias y España
Luis
Fco. Padilla
Antes de
adentrarnos en tratar la vertebración isleña bajo la “occidentalización”
y con el nombre de Canarias; tanto qué, si bien, supuso el derrumbe jerárquico
indígena, también contribuyó, no exento de traumáticas circunstancias, a la
cohesión insular unificándola políticamente y manteniendo, en cierta medida y
hasta que se nos inculcó de lleno la viciada españolidad, una sociedad
orgullosa de sus rasgos nacionales. Pues, como preámbulo a la profundización en hilados textos sobre la
condición nacional Canaria y el consecuente e histórico nacionalismo que abarca
hasta la coyuntura actual, es necesario desenmascarar a la españolidad: ¿Qué es
España?, ¿en qué momento de la historia surgió?, ¿qué arraigado razonamiento
puede haber para llegar a justificarla? Se hace preciso “abrir los ojos” al
lector a fin de que llegue a situarse frente a verdaderas circunstancias
temporáneas, no las patrióticas elocuencias españolistas con que nos
desinforman. Igualmente, entienda que la realidad jurídica canaria es muy
anterior a lo que hoy conocemos como España, por tanto, incipientemente,
primero que España, existió la nación canaria (*); lo otro resultó más tardío y
nos absorbió hasta el alma. Es más, necesariamente debe esclarecerse que lo
español no es otra cosa que un burdo invento, el cual, no solo ayudó a abducir
culturalmente a las Islas Canarias, también a diferentes pueblos
peninsulares.
Como vimos en
anteriores artículos (“Hist. I”, “Hist. II”, “Hist. III”),
desde el principio de la invasión, hubo muy poca representación física de
castellanos. Se nos conquistó, de acuerdo, pero, aunque dirigido desde
Los
historiadores españolistas, persistentemente, se han roto el seso intentando
dar juicio al forzado nexo, de diferentes realidades nacionales, que
caprichosamente excusaron como España. Coyuntura estatal que si bien es una
incongruencia histórica dentro de la propia península ibérica no digamos en lo
referente a Canarias. Para ello, como mejor pretexto, argumentan la “idílica”
intención, que en su día tuvo el reino castellano, de apaciguar el panorama
peninsular mediante en una “legítima” unidad territorial (1), claro, siempre
bajo su incuestionable hegemonía; inspirándose, estos, en las antiguas hispanias de los romanos (2). Pero, si nos alejamos de
románticos razonamientos, siendo, además, consecuentes, nos encontraremos a una
región medieval peninsular, al sur de Europa, sostenida en un contexto
histórico extremadamente distanciado de lo que llegó a ser en su día un
verdadero bloque de pueblos “imazighen”, Las Hispanias.
Allá por el
año 69 d. c., el emperador Otón agregó
Realidad muy
diferente fue la que rodeó al escenario peninsular, también norteafricano, que
tuvo como protagonistas a foráneas invasiones de alanos, vándalos, ostrogodos,
visigodos, árabes, igualmente aportaciones judía. Todos ellos cayeron, como
rapiñas, sobre
Un categórico
dato y que es pretendidamente enturbiado bajo la intención de no dejar pasar la
debida luz que esclarezca realidades, se trata, qué, si bien los romano no
estimaban a los imazighen de bárbaros (beréberes -barábir- es una calificación aportada por los musulmanes),
denominándolos mediante el sustantivo mauri y/o hispano y teniéndolos, además, como ciudadanos muy
aptos en beneficio del imperio, sí hallamos la resultante evidencia del
atributo bárbaro, sobretodo, hacia las tribus germánicas de visigodos,
ostrogodos, vándalos, francos, burgundios, alanos…
(12); razones tendrían para tildarlos así.
Por lo tanto,
es pretencioso y ridículo aludir un supuesto “noble interés” de los reyes
católicos por unificar, inspirándose en Las Hispanias,
a un pueblo que ni siquiera era el suyo; lo hispano no le concernía, ni
culturalmente, ni racialmente, a unos colonos allegados desde el centro de
Europa. Artificioso y socorrido pretexto con el cual, de igual modo, mediante
el experto jurista y diplomático Alonso de Cartagena, el Reino de Castilla
defendió “el derecho” a Las Islas Canarias frente a las pretensiones
portuguesas y ante el Vaticano: Se expuso y razonó que el rey de Castilla era
legítimo heredero de un rey godo qué, en su día, llegó a acaparar la provincia
de Tingitania (Mauritania), consecuentemente, llegan al veredicto de que esta
región se encontraba más limítrofe a Canarias de lo que geográficamente estaba
Portugal, así qué, en 1436 se proclama bula papal a favor de Castilla (15) y
(16).
Hispania tan solo era un pretexto histórico, e impropio,
para dominar reinos vecinales, igualmente regentados por invasores europeos,
qué, incluso muchos de ellos presentaban orígenes comunes. Una contienda, casi
familiar, donde solo podía ganar quién abarcara más regiones, apartando a los
disidentes tras arrebatarles sus territorios. Únicamente habría cabida para un
vencedor en
¿Qué tiene que ver Canarias en todo esto?, NADA.
Desde un
principio nuestras islas nada tuvieron que ver, ni con los hispanos, ni con Las
Hispanias de los romanos. Esto hay que dejarlo bien
patente por si algún tergiversador elucubra alguna realidad que no nos incumba,
menos hacia una jactanciosa españolidad. O sea, ni siquiera dentro de los
pretenciosos orígenes de la artificiosa España entra nuestro pueblo. Canarias
no experimentó ni el orden político ni el espacio cultural de los hispanos, por
tanto y al contrario que los mauris del norte de
África y celtíberos peninsulares, hispanos todos ellos, nuestro pueblo vivió
una realidad paralela, propia y bien diferenciada. Tampoco compartimos, con
dichas regiones aledañas, las invasiones con sus consiguientes repercusiones
sociales, de romanos, bárbaros germánicos o árabes. Incluso, como hemos visto
en anteriores artículos, la posterior corporación castellana (godos) resultó
poco patente tras la conquista de Canarias, diluida ante aportes
internacionales y con una fuerte hegemonía sociocultural isleña. Predominio
nativo que se mantuvo constante en los siglos del “antiguo régimen” (situación,
ésta, que empezará a ser tratada en próximos capítulos), acuciándose en nuestro
pueblo insular un importante sentimiento nacional, donde lo canario era análogo
a país y nación; así se registra en infinidad de textos de la época. España era
España, una entidad nacional no atribuida por los canarios de la época y que se
empezó a inculcar paulatinamente, a la fuerza y sin no pocas manifestaciones de
protesta. Sobretodo, consecuentemente, con la entrada de la dinastía de Los Borbones, en el siglo XVIII (17) y (18). Qué, aumentó el poder centralista imponiéndose el carácter
hegemónico de los intereses españoles,
Tenemos una idiosincrasia propia, autóctona,
original, de raíz norteafricana pero amoldada a las circunstancias de unas
islas atlánticas. Tanto, los primigenios y neolíticos mechtoides,
como, los más modernos imazighen (los primeros
incuestionablemente allegados desde el noreste y los segundos desde zona
líbica), todos ellos, procedentes del norte del continente, se fusionaron
mezclando y adaptando sus costumbres a las peculiaridades isleñas y su
aislamiento. Estas islas, como el auténtico paraíso que eran, obviamente,
cautivaron el corazón de nuestros ancestros, identificándose plenamente con
ellas. Generando, y fortaleciéndose con el paso de los siglos, un arraigado sentimiento
nacional hacia el territorio insular. Así lo demostraron defendiendo
aguerridamente, ante constantes invasores, lo que consideraban suyo. Lo
guanche, lo canario, es una realidad patente y propia que no necesita ser
respaldada por terceras, pretenciosas y extra-insulares, para validar su
autenticidad.
(*) Aclaremos lo de España: Resulta asombroso
comprobar cuán alegremente se recurre al término de “España”, y, siempre
que la historia españolizada hace referencia respecto a una etapa donde la disparidad
de reinos trasciende ciertamente a lo tradicional; monarcas germánicos
coexistiendo sobre el antiguo territorio de Las Hispanias.
Tales reinados no eran hispanos sino bárbaros invasores germánicos que habían
terminado por hundir a la civilización romana, sumergiendo, así, en un periodo
oscuro, la edad media, a Europa. Literalmente el término “España” no existía
entonces, consecuentemente, no concurre un razonamiento lógico para adjudicarlo
oficialmente. NO, POR LO MENOS HASTA EL REINADO DE FELIPE V, AÑO 1700, NO SE
PUEDE HABLAR LEGALMENTE DE ESPAÑA COMO ESTADO COHESIONADO (20), que quede bien claro. Excusan una
irrisoria españolidad tras el enlace de Fernando e Isabel, año 1469, y la
consecuente “unión” de Aragón y Castilla, pero, en tal periodo nunca se
registra referencia alguna respecto a “España”, tal cuál, otra cosa es que
ambicionaran abarcar lo que fue el amplio territorio hispano de los romanos. Es
más, el acercamiento entre dichos reinos nunca justificó la existencia de país
alguno, ni siquiera se puede hablar de un estado consecuente. Se trata de una
patraña hacer creer que los reinos de Castilla y Aragón se unificaron, ¡dichos
reinados permanecieron separados! Tan sólo se juntaron ante un simbólico cariz
dinástico, respetándose, respectivamente, las instituciones y leyes de sus
propios fueros; cada soberano era consorte en los dominios particulares del
otro (21). Fue Felipe V, en el siglo
XVIII y perteneciente a la casa borbónica, quién decidió culminar el proceso
hegemónico de Castilla sobre el resto de coronas peninsulares, desde luego,
qué, contando con el incondicional apoyo
castellano. En contraposición, los reinos de la corona de Aragón, Cataluña,
Valencia y la propia Aragón; representados por su rey, Carlos III, de los Austrias. Todavía no se reconocía internacionalmente al
estado español, propiamente dicho, cuando la nación canaria gozaba de varios
siglos de existencia (22). Luego, la
cruda realidad es que en un siglo, el XVIII, en que triunfaba la independencia
de los Estados Unidos y empezaban a brotar ideas libertarias, resurgía, como en
el declive del imperio romano, las oscuras tendencias bárbaras y sus
consecuencias: Castilla hacía realidad antiguas aspiraciones hegemónicas,
imponiendo la concepción centralizadora y uniformista
que se les antojaba, es desde entonces que a la nación canaria le empezaron a
usurpar su lógica realidad para escombrarla con basura españolista.
Viene de:
(“Hist. I”, “Hist. II”, “Hist. III”)
(1) “Historia de España”. Tomo 8, Los Reyes Católicos. Antonio Yus Cabrera. Club Internacional del Libro. (Pág. 7).
(2) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 75).
(3) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 68).
(4) “Origen del nombre Hispania”. Ibar. www.celtiberia.net. (Categoría lingüística).
(5)
“Celts descended from Spanish fishermen, study
finds”. www.independent.co.uk. (Wednesday, 20 September 2006).
(6) “Las caras del racismo”. Jose Maria. www.celtiberia.net. (06.09.2005 21:44)
(7) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 64).
(8) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice Europea di Cultura. (Págs.68 y 70).
(9) “Los Berberiscos”. Heers Jacques. Editorial Ariel. 2003. ISBN 978-84-344-6663-0.
(10) “Maravillas del saber”. Tomo 1,
Historia. Editrice Europea di Cultura. (Págs. 72 y
78).
(11) “Los Berberiscos”. Heers Jacques. Editorial Ariel. 2003. ISBN
978-84-344-6663-0.
(12) “Maravillas del saber”. Tomo 1,
Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 74).
(13) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice
Europea di Cultura. (Pág. 74).
(14) “Maravillas del saber”. Tomo 1,
Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 74).
(15) “Historia de Canarias”. José M.
Castellano Gil. CCPC. (Pág. 38).
(16) “Canarias, América y el idioma castellano”.
Andrés García Montes. www.elguanche.net.
(17) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www. Amaga .org.
(18) “Historia de Canarias”. José M.
Castellano Gil. CCPC. (Pág. 60).
(19) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www. Amaga .org.
(20) “Enciclopedia Universo”. Tomo 9. montaner y Simón, S. A. (Pág.194).
(21) “Maravillas del saber”. Tomo 1, Historia. Editrice Europea di Cultura. (Pág. 160).
(22) “Enciclopedia Universo”. Tomo 9. montaner y Simón, S. A. (Pág.194).