Hist. (V).
Realidad
nacional canaria dentro del antiguo régimen
Luis
Fco. Padilla
En éste capítulo van argumentarse diversos textos
anecdóticos que están documentados a lo largo de la historia de Canarias,
exponiendo, a las claras, el cariz nacional que sustentaba la realidad isleña.
La reseña nacional hace referencia a lo canario, lo español no deja de ser una
reciente imposición en beneficio del histórico reino castellano. El reino de
Castilla se amparó gracias a la accidentada llegada borbónica, en el siglo
XVIII. Felipe V, tras enfrentarse contra Aragón, Cataluña y Valencia, representados
bajo el reinado de Carlos III, cumplió con la vieja aspiración castellana;
alcanzar absoluta hegemonía dentro las antiguas hispanias
de los romanos, centralizando un evidente cúmulo de contextos nacionales bajo el
manto de su reino. Imponiéndose, entonces, una ficticia identidad que diera razón
al totalitarismo, “España”. Todo esto ocurría cuando el pueblo canario ya había
sido oficiado desde varios siglos atrás, reconociéndose el país canario en una
Europa qué, a su vez, aún no reconocía como estado nacional a la, entonces, inexistente
pero pretensiosa “Hispania”,
post-germánica y judaico morisca. Lo cierto es que Canarias ni siquiera vivió
una pretérita condición hispano-romana, menos aún la “engodada”
época medieval. Siempre destacó su propia idiosincrasia; “guanche-canario”, pueblo
primigenio en éstas islas, forjado y amoldado bajo la aislada particularidad
insular de un territorio, en aquel tiempo, paradisíaco.
Hasta ahora se lleva objetando lo expuesto en una
interesante tesis, la cual, puede seguir su hilo a través de los capítulos ya
publicados; (“Hist. I”, “Hist. II”, “Hist. III”, “Hist. IV”.)
“El antiguo
régimen”, así denominó la historia,
de simplona inercia españolista, a una época pretérita al, borbónico, nuevo
orden español (1) y (2). ¿Qué ocurría?, ¿cómo era el pueblo isleño antes de que
lo entullaran con pseudos realidades españolas?,
¿porqué se argumenta tan poco dicha circunstancia en comparación con la era
españolista? Lo citábamos en “Hist. III”, Fernando Guanarteme,
durante un período en que los Reyes Católicos aún debatían la institución de
Las Cortes de Toledo para organizar la política de los territorios que
abarcarían su incipiente imperio, consiguió englobar derechos, inalienables
hasta la imposición de la razón española en el XVIII. Los cuales, cimentaron
condiciones políticas propias de una realidad nacional, y, es que, en la
práctica así era. Debemos reconocer que en “el antiguo régimen” (o sea, la
nación canaria en su estado oficial), si bien, constituido en inmensa mayoría por
indígenas (actualmente en un 70% (3)) que abarcaban el sistema agrario, la
artesanía y el clero, tenemos durante mucho tiempo, a una burguesía formada por
la minoritaria colonia europea, así mismo, la aristocracia no descendiente de
la antigua nobleza guanche. Los escasos pero influyentes inmigrantes se
fusionaron con los locales, absorbiendo características nacionales autóctonas,
de tal manera, iría redefiniéndose el pueblo canario tras abandonar el sistema
sociopolítico guanche. En los siglos posteriores a la conquista se haría
patente una razón unitaria qué, con la evidente imposición de un sistema social
occidentalizado, despuntó el carácter interinsular
anteriormente flaqueado. Por tanto, surgió una conciencia nacional canaria,
englobada, no tribal, respaldada por usos y costumbres de raíz precolonial. Identificándose los europeos, según
asimilación, con la novedosa canariedad. Es
una realidad, lo canario era sinónimo de nación; ¿España?, ¿qué era eso?, ni
siquiera existía. Argumentémoslo:
El 20 de diciembre de 1494 se promulga un fuero para
Gran Canaria, como resultado de los pactos atribuidos a la responsabilidad de
Fernando Guanarteme. Por consiguiente, abanderándose
con el ejemplo canarii, en las demás islas se aplican
otros fueros similares al original. Éstos, en la práctica, tienden a unificarse
mediante “reales cédulas”, completándose
con “ordenanzas insulares”. Las Ordenanzas del consejo de Gran Canaria se promulgan
el 23 de junio de 1531, las de Tenerife en 1540. Todas estas normas, más las
añadidas a lo largo de
El país pudo presumir de consejos municipales o cabildos,
uno por cada isla y con posibilidad de coordinarse entre sí; eran asambleas de
notables, aunque en determinados acontecimientos, especiales, se contaba con la
participación de los vecinos. Nuestros cabildos dispensaban derechos de placet ante las leyes del imperio castellano-leonés,
particularidad propia en Canarias. Simbolizaban los gobiernos reales de las
ínsulas y negociaban directamente con la corona castellana, sin necesidad de
representación en
Claro resultado de las condiciones pactadas, en su día
por Fernado Guanarteme, es
la pervivencia de las tradiciones, creencias, normas y cultura guanche en
general (8) (9) y (10), que incluso permitió un formidable grado de coherencia
social. Por lo cual fue posible, dentro del precario equilibrio con los poderes
imperiales, tan enorme capacidad de respuesta colectiva autóctona.
Consecuentemente, una calidad de cohesión nacional, canaria, demostrada en los
diferentes conflictos hasta el siglo XVIII, cada vez que intereses coloniales
intentaron saltarse lo pactado sin lograrlo (11). He aquí algunos ejemplos
documentados: La anulación del contrato de gobernador a Pedro de Vera (12);
ponderadas multas a sufragar, caso de la
señora de Bobadilla, pagando 500.000 maravedíes a los gomeros en concepto de
indemnización (13); Alonso de Lugo, condenado a pagar 40.000 maravedíes a los
hijos del rey de Adeje, también, 50.000 maravedíes para Andrés de Guimar (14); levantamiento de Ichasagua
en 1502 (15); mantenimiento de poblados y asentamientos tradicionales canarios
en contra de las pretensiones de los colonos (16); el asalto del Cabildo de
Tenerife y la quema del censo fiscal de Fernández de Lugo (17); levantamiento
de Agüimes para evitar el robo de las tierras en explotación por y para los
canarios por parte de colonos españoles (18); el ajusticiamiento del Intendente
Ceballos en 1720, en Santa Cruz de Tenerife (19);
levantamiento en
Antaño, las islas no padecían ingerencias militares
por parte de un ejercito colonial sino el buen hacer de sus propias milicias
canarias, las cuales, hicieron capitular, nada más y nada menos, qué, al
invencible almirante británico Nelson (22). Disfrutamos de divisa propia hasta
1776, con una cotización superior a la de los reinos asociados a Castilla, la
balanza comercial entre Canarias e Inglaterra permitía un superávit favorable a
nuestras islas; podemos presumir, pues, de habernos beneficiado de un saneado
sistema monetario canario, gracias a la riqueza consolidada por los productores
canarios, fiel reflejo de la eficacia económica (23). Del mismo modo otras
tantas realidades administrativas nacionales; existencia de una fiscalidad
diferenciada (24); el derecho de placet con respecto
a las leyes estatales (25); cobro de deudas de los canarios a los colonos como
se puede ver en la herencia de Fernando Tacoronte (26); reclamación de los
derechos por parte de los canarios ante
los tribunales (27); el reparto de tierras y otros medios de producción entre
los canarios (28); mantenimiento de los "títulos nobiliarios" entre
los canarios (29); la posibilidad de comerciar independientemente del monopolio
comercial imperial, incluso con Inglaterra, principal adversario de Castilla en
la época, contando con delegados comerciales ajenos al propio monopolio
“hispano” (30); mantenimiento de roles socialmente relevantes por parte de las
mujeres canarias en temas sociales como es el caso de Inés Chemida,
o, en temas legales como es el caso de María de Güimar, también, en temas de
sucesión como es el caso de ésta y sus hijas (31); subsistencia de normas
civiles guaches como el derecho de separación de las mujeres (32); Canarias ostentaba
un Cabildo Eclesiástico que ejercía de contrapoder, constituido, además,
por clero canario (33), llegando a enfrentarse directamente y frenar las
actuaciones de
Si entendemos por soberanía la capacidad
real de decidir como se organiza una comunidad en sus diferentes facetas,
económicas, culturales, sociales y políticas, podemos asegurar que el “Pacto de
Calatayud” otorgó un alto grado de soberanía a nuestro país. Lo mejor que nos
habla de su cumplimiento práctico, en un primer momento, es la resolución de
los diferentes conflictos anteriormente citados, desde la firma del mismo hasta
el siglo XVIII; respetándose intereses canarios durante tan diversos trances
registrados y sin represión hacia los protagonistas indígenas, incluso en el
enfrentamiento a causa de la reconstrucción del Menceyato
de Adeje en 1502. Al principio del “antiguo régimen” se hacen patentes continuas
adquisiciones de libertad por parte de los guanches que se habían esclavizado
desde antes del Pacto, incluso, la vuelta de muchos de los enviados fuera de
Canarias y la libertad para los Alzados capturados (canarios que no aceptan el
Pacto, o se rebelan en algún momento por como se está aplicando el mismo), llegándose,
en
Razonablemente,
no se registra mención de españolidad alguna a lo largo de nuestra historia
nacional, tanto local como internacionalmente brillaba la lógica canariedad.
Repetimos que lo español es solo a partir del siglo XVIII, consecuente al
centralismo borbónico promulgado desde los intereses castellanos.
Citemos algunos claros ejemplos:
- El incipiente poeta lagunero,
en su época (siglo XVI), José de Anchieta, desde la adolescencia ya empezaba a
despuntar dentro de la universidad portuguesa de Coimbra. Reconocido
internacionalmente pero nunca debido a una pretenciosa e ilógica españolidad,
de tal manera lo malentiende el investigador, de la primera mitad del siglo XX,
Sebastián padrón Acosta (culturalmente mediatizado, a causa de la época que le
toco vivir). La única realidad de nuestro ilustre poeta canario, no español,
era su natural idiosincrasia nacional: «El canario de Coimbra», así es
que empezaron a saludar, profesores y alumnos, lucitanos
en general, al embrionario poeta, ovacionando a las iniciales estrofas. Más
adelante sus libros se leerían en inglés y alemán. «Símbolo del alma
canaria, fundiéndose con el alma americana» (36).
- Incluso, a mediados del siglo
XVIII (11- 04-1750), periodo en que se empezaba a inculcar la españolidad, popularmente
aún se mantenían las buenas costumbres nacionales, Canarias era Canarias y
España, España, hasta entonces el canario nunca se reconoció español: «Fueron
a pagar la visita al Cabildo los dos oidores, don Miguel Arredondo Carmona y
don Miguel barreda, que vienen de España y van a Canaria.». Fíjense en el
curioso pero esclarecedor dato, dice «que vienen de España», en la
actualidad mencionaríamos “que vienen de la península”. Así relata, en aquellos
tiempos, el documentado fragmento “Las Colgaduras de Gracia” del Diario del
regidor Anchieta y Alarcón (37).
- Lo citado en el anterior
párrafo no es una anécdota, más bien un reflejo de la realidad: «Esta tarde
estuvo en esta ciudad el señor General don Juan de Urbina, que vino de Santa
Cruz, y don Pedro Álvarez, que es del
consejo de Hacienda, y que para el asunto de Aduanas vino de España.» (38)
- «En este año de 1751, en las dos iglesias sacaron cédulas de comunión
impresas en Santa Cruz, que ha venido un impresor de España y ha puesto
imprenta en Santa Cruz» (39).
- El mismo José de Viera y
Clavijo, en 1772, cuando habla de patria, y país, no se puede referir sino a
sus Islas Canarias: «Presentando a V. S. el primer tomo de
- Cuando Viera se refiere a su
estancia en España, Madrid, lo hace de manera distante, no identificándose con
aquella nación: «Lo que me ocupa es el continuado ejercicio a que me condena
mi destino en esta tierra» (42). Otro revelador párrafo, seguramente,
aludiendo a lo que empieza a ser la sometida nación canaria bajo la españolidad
borbónica, expresa contundentes puntas que los lectores más sagaces conseguirán
captar: «A vista de esto y de la miserable pintura que Vm.
con su agradable y vigoroso pincel me hace de nuestra pobre patria, doy por
bien empleado el no hallarme ahora en medio de sus ruinas, mayormente en las
circunstancias en que se ha desencadenado el diablo de San Miguel que está
sobre el Pico de Teide. Más quiero poner yo a todos en mi Historia, que no me
pongan a mí en la suya» (43). Es una lástima qué, nuestro Viera y Clavijo,
sí terminara españolizado dentro de la ficticia historia española. Todo esto es
un claro reflejo del desencanto que causaba la pérdida de soberanía a nuestros
ascendientes, españolidad que algunos simplones de hoy tienen como propia, se alegran y defienden. Al contrario, el ilustre Viera y
Clavijo sentenciaba lo siguiente: «La pintura que Vm.
me hace de nuestros Eliseos es terrible, pero por
desgracia verdadera. Esto no obstante, en lugar de acobardarme a escribir su
historia, me estimula mucho más, ya para consolarnos con lo que fueron, y ya
para descubrir la causa de lo que son. Desengañémonos. Nunca las Islas han
tenido tanta necesidad de historia, a causa de sus muchas historias» (44).
- A vuelta con el patriotismo de
Viera y Clavijo, reprimido ante el creciente españolismo de entonces, podremos
comprobar como se empezaba a ejercer una colonización política y cultural que
pretendía, como así se consiguió, suplantar la canariedad por la españolidad.
La victoria ante Nelson, siendo un triunfo nacional por parte de nuestras
milicias, ya desde un principio comenzaba a revestirse de un interesado cariz
español. Esto ha perdurado hasta nuestros días y lo trataremos en posteriores
artículos. Nuestro ilustre realejero, tras la muerte
del almirante británico, escribió un atrevido epitafio (45):
«Aquí, roto el vital lazo,
Nelson, héroe marinero
Yace; mas no todo entero,
Pues se echa de menos un brazo,
Perdiéndolo de un cañonazo;
Cuando batido salió
De Santa Cruz, y si halló
Triunfos, los pudo adquirir
En Trafalgar y Abuquir;
Pero en Tenerife no. »
Entones la maquinaria españolista contrarreplicó cambiando lo versos 2,
3, 7, 9 y 10, de la décima, por los siguientes (45):
«Aquí, roto el vital lazo,
Por un valeroso
ibero
Yace Nelson, y no entero,
Pues se echa de menos un brazo,
Perdiéndolo de un cañonazo;
Cuando batido salió
De Santa Cruz, que si halló
Triunfos, los pudo adquirir
De otros allá en Abuquir;
Pero de españoles
no.»
- La realidad nacional se razona
bajo la pervivencia de contextos radicados y propios, nuestra canariedad
siempre sustentó una cimentada base precolonial, la
cual, y siempre tras el triunfo españolista del XVIII, se ha procurado inhumar.
Por ejemplo, hay desaprensivos que pretenden hacer creer un origen europeo
(suizo) de la lucha canaria, ésta, no es más que otra de tantas manifestaciones
que el pueblo ha mantenido a lo largo de su historia. Fiel reflejo de la
condición propia y nacional, sustentada dentro de “el antiguo régimen”. El
histórico puntal Francisco González Díaz, en 1940, aludía lo siguiente: «En
épocas pasadas, nuestros campesinos, en las noches de luna, se dedicaban en las
eras a entrenarse en el ejercicio de la lucha y en las festividades de los
pueblos hacían gala de su habilidad y fuerza, constituyendo los encuentros que
organizaban el número más atrayente de los festejos» (46), «Las luchas
entre el norte y el sur de la isla. Conocido fue el pago de San Isidro, en El
Rosario, donde se establecía durante tres días un campeonato situado en Media
Montaña, para practicar la lucha entre los contendientes de las dos grandes
zonas de Tenerife. Y no deja de ser curioso que, al enunciar a los luchadores de
las diversas localidades, se deje entrever semejanza formal con las citas de
los cronistas que hablan de los guerreros prehispánicos y los poblados
de donde procedían» (47).
- Un gran observador de nuestra
nación fue Sabino Berthelot, como era lógico, y
consecuente a la realidad canaria de entonces, al referirse a estas islas nunca
mencionó españolidad alguna. En aquella época, “antiguo régimen”, cuando se reseñaba
a lo que hoy, pusilánimemente, denominan región, provincia o comunidad, se
hacía con el término de nación, país, patria o simplemente Islas Canarias. Entonces,
era tal la idiosincrasia de los canarios que Sabino se quedó fascinado por su
particularidad; induciendo, a éste
eminente geógrafo botánico francés, ponderarse hacia la etnografía y
consecuentemente fundar
- Un ejemplo
algo más pretérito y como llegó a decir D. Nicolás Antonio en su “Biblioteca
Nova”, refiriéndose al poeta Antonio de Viana (siglo XVI): «Celebró su patria por el mucho amor
que le tenía, en un poema que no carece de elegancia, “Patria amore obsequere poemote non ineleganti landes illus comprehendit”.»
(49). Antonio de Viana nace en 1578, en la ciudad colonial de
- Tampoco hace
falta ir muy lejos en el tiempo para comprobar hasta que punto pervivió la
cultura autóctona, posteriormente denigrada. En el siglo XIX, Bethencourt
Alfonso, comenta, no sin ánimo de crítica hacia la decadente “ramplonería” y
siempre coincidente con la influencia españolista de las décadas posteriores al
fin del “antiguo régimen”, la pervivencia de antiguos romances de asuntos
guanches. Se expone uno de ellos, seguido de claras argumentaciones:
«Con malos ojos los padres
Vieron que toda una dama
Daba de lado a un villano
Con desprecio de la casta.
“¡Qué linda
mañana, Guara,
Guara, que linda mañana!”
Ni consejos ni castigos
Su firmeza quebrantaban,
Que no vale la nobleza
Cuando de amores se trata.
“¡Qué linda
mañana, Guara,
Guara, qué linda mañana!”
Ven Roesmo de
mi vida,
Ven Roesmo de
mi alma,
Que por encima del sol
Te quiere esta desgraciada.
“¡Qué linda
mañana, Guara,
Guara, qué linda mañana!”
Parten dan al rey de Adeje
Los del Tagoro
de Guaza,
Para que aplique la ley
A los que a ella faltaban.
“¡Qué linda
mañana, Guara,
Guara, qué linda mañana!”
«Nos afirman
bastantes ancianos del Sur, del primer tercio del siglo (XIX) pasado de que aun
por dicho tiempo abundan los romances de asuntos guanches; así como las loas
dedicadas a las Vírgenes de Candelaria, del Socorro y Abona, y los Villancicos
que cantaban por Pascuas, por lo que eran llamados “pascuas o divinos”, en que
la letra y música tenían un marcado sabor guanchinesco,
hasta en sus manifestaciones de profunda fe cristiana. Pero precisamente por la
referida época, una ola de ramplonería
barrió, con lo que pudiera llamarse “literatura popular indígena”» (51).
- Para terminar
citamos el evidente desencanto, producido en la persona de Sabino Berthelot, al comprobar el cariz que empieza a tomar la
sociedad isleña, siempre bajo una incipiente influencia española, muy acuciada
ya, en el siglo XIX: «El país no es el
mismo de antes (…). La gente de la ciudad, en otro tiempo tan sencilla, tan
jovial, incluso tan fiel a la tradición, no me resulta ahora tan atractiva ni
se da con la misma franqueza. El isleño de los pueblos se ha transformado, está
desconocido: se ha incorporado a la corriente de la moda por creer que así se
muestra más civilizado. (…) he encontrado otra sociedad donde no existe la
confianza ni la intimidad: cada cual va a lo suyo. Los intereses de partido y
la llamada de la política lo han trastornado todo.» (52). En efecto, la primaria españolidad con sus
diferentes tendencias políticas, alfonsinas, republicanas, carlistas, montpenserianas, moderadas, constitucionales, conservadoras,
más tarde las falangistas, franquistas, comunistas, anarquistas, socialistas…,
todas ellas de carácter colonial, pervirtieron, transformaron y dividieron a
nuestro pueblo, un pueblo que antaño solo se reconocía en su patriotismo.
Viene de:
(1) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros
Brandon AMAGA
(2) “Historia de Canarias”. José M. Castellano Gil. CCPC.
(Pág. 60).
(3) “El 65% de la población
canaria actual tiene procedencia guanche”. García Talavera. Agencia EFE
(4) “El Régimen Jurídico de los Puertos Francos de Canarias
y
(5) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.
(6) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio de
Bethencourt Massieu.
(7) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort
Alfonso. Tomo III.
(8) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort
Alfonso. Tomo II.
(9) “
(10) “Magos, Mauros, Majoreros o Imazighen”.
Hupalupa.
(11) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www.amaga.org.
(12) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).
(13) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).
(14) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).
(15) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(16) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(17) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(18) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio
de Bethencourt Massieu.
(19) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.
(20) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.
(21) “Fuentes para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.
(22) “Derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife”. Leopoldo
Pedreira Taibo. Editora de
Temas Canarios S.L. (Pág. 59).
(23) “para una historia del derecho y de las
administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.
(24) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(25) “El Régimen Jurídico de los Puertos Francos de
Canarias y
(26) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(27) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(28) “La conquista de Canarias”. Julio Pérez Ortega. Tomo
II.
(29) “Rey "Fernando Guanarteme"”.
Revista de
(30) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio
de Bethencourt Massieu.
(31) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(32) “Rey "Fernando Guanarteme"”.
Revista de
(33) “Rey "Fernando Guanarteme"”.
Revista de
(34) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www.amaga.org.
(35) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.
(36) “Poetas Canarios”. Sebastián Padrón Acosta. Editora de
Temas Canarios S.L. (Pág. 11).
(37) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”.
Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 28).
(38) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”.
Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 40).
(39) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”.
Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 41).
(40) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 21).
(41) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 21).
(42) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 23).
(43) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 24).
(44) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 27).
(45) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas
Canarios S.L. (Pág. 62).
(46) “La lucha canaria”. Leoncio Rodríguez. Editora de
Temas Canarios S.L. (Pág. 34).
(47) “La lucha canaria”. Leoncio Rodríguez. Editora de
Temas Canarios S.L. (Pág. 7).
(48) “Sabino Berthelot”. Elías Zerolo. Editora de Temas Canarios S.L.
(Pág. 65).
(49) “El poeta Antonio de Viana”. José Rodríguez Moure. Editora de Temas Canarios S.L.
(Pág. 27).
(50) “El poeta Antonio de Viana”. José Rodríguez Moure. Editora de Temas Canarios S.L.
(Págs. 16 y 17).
(51) “Romancero canario”. Editorial Leoncio Rodríguez, S.A.
Editora de Temas Canarios S.L. (Págs. 24, 25 y 26).
(52) “Recuerdos y epistolario (1820 – 1880)”. Sabino Berthelot. Instituto de Estudios Canarios.
(Pág. 28).