Hist. (V).

 

 

Realidad nacional canaria dentro del antiguo régimen

 

Luis Fco. Padilla

 

En éste capítulo van argumentarse diversos textos anecdóticos que están documentados a lo largo de la historia de Canarias, exponiendo, a las claras, el cariz nacional que sustentaba la realidad isleña. La reseña nacional hace referencia a lo canario, lo español no deja de ser una reciente imposición en beneficio del histórico reino castellano. El reino de Castilla se amparó gracias a la accidentada llegada borbónica, en el siglo XVIII. Felipe V, tras enfrentarse contra Aragón, Cataluña y Valencia, representados bajo el reinado de Carlos III, cumplió con la vieja aspiración castellana; alcanzar absoluta hegemonía dentro las antiguas hispanias de los romanos, centralizando un evidente cúmulo de contextos nacionales bajo el manto de su reino. Imponiéndose, entonces, una ficticia identidad que diera razón al totalitarismo, “España”. Todo esto ocurría cuando el pueblo canario ya había sido oficiado desde varios siglos atrás, reconociéndose el país canario en una Europa qué, a su vez, aún no reconocía como estado nacional a la, entonces, inexistente pero pretensiosaHispania”, post-germánica y judaico morisca. Lo cierto es que Canarias ni siquiera vivió una pretérita condición hispano-romana, menos aún la “engodada” época medieval. Siempre destacó su propia idiosincrasia; “guanche-canario”, pueblo primigenio en éstas islas, forjado y amoldado bajo la aislada particularidad insular de un territorio, en aquel tiempo, paradisíaco.

 

Hasta ahora se lleva objetando lo expuesto en una interesante tesis, la cual, puede seguir su hilo a través de los capítulos ya publicados;  (“Hist. I”, “Hist. II”, “Hist.  III”, “Hist. IV”.)

 

“El antiguo régimen”, así denominó la historia, de simplona inercia españolista, a una época pretérita al, borbónico, nuevo orden español (1) y (2). ¿Qué ocurría?, ¿cómo era el pueblo isleño antes de que lo entullaran con pseudos realidades españolas?, ¿porqué se argumenta tan poco dicha circunstancia en comparación con la era españolista? Lo citábamos en “Hist. III”, Fernando Guanarteme, durante un período en que los Reyes Católicos aún debatían la institución de Las Cortes de Toledo para organizar la política de los territorios que abarcarían su incipiente imperio, consiguió englobar derechos, inalienables hasta la imposición de la razón española en el XVIII. Los cuales, cimentaron condiciones políticas propias de una realidad nacional, y, es que, en la práctica así era. Debemos reconocer que en “el antiguo régimen” (o sea, la nación canaria en su estado oficial), si bien, constituido en inmensa mayoría por indígenas (actualmente en un 70% (3)) que abarcaban el sistema agrario, la artesanía y el clero, tenemos durante mucho tiempo, a una burguesía formada por la minoritaria colonia europea, así mismo, la aristocracia no descendiente de la antigua nobleza guanche. Los escasos pero influyentes inmigrantes se fusionaron con los locales, absorbiendo características nacionales autóctonas, de tal manera, iría redefiniéndose el pueblo canario tras abandonar el sistema sociopolítico guanche. En los siglos posteriores a la conquista se haría patente una razón unitaria qué, con la evidente imposición de un sistema social occidentalizado, despuntó el carácter interinsular anteriormente flaqueado. Por tanto, surgió una conciencia nacional canaria, englobada, no tribal, respaldada por usos y costumbres de raíz precolonial. Identificándose los europeos, según asimilación, con la novedosa canariedad. Es una realidad, lo canario era sinónimo de nación; ¿España?, ¿qué era eso?, ni siquiera existía. Argumentémoslo:

 

El 20 de diciembre de 1494 se promulga un fuero para Gran Canaria, como resultado de los pactos atribuidos a la responsabilidad de Fernando Guanarteme. Por consiguiente, abanderándose con el ejemplo canarii, en las demás islas se aplican otros fueros similares al original. Éstos, en la práctica, tienden a unificarse mediante  “reales cédulas”, completándose con “ordenanzas insulares”. Las Ordenanzas del consejo de Gran Canaria se promulgan el 23 de junio de 1531, las de Tenerife en 1540. Todas estas normas, más las añadidas a lo largo de la Historia, constituyen lo que acertadamente podría denominarse “El fuero de Canarias” (4).

 

El país pudo presumir de consejos municipales o cabildos, uno por cada isla y con posibilidad de coordinarse entre sí; eran asambleas de notables, aunque en determinados acontecimientos, especiales, se contaba con la participación de los vecinos. Nuestros cabildos dispensaban derechos de placet ante las leyes del imperio castellano-leonés, particularidad propia en Canarias. Simbolizaban los gobiernos reales de las ínsulas y negociaban directamente con la corona castellana, sin necesidad de representación en la Corte (5) y (6). Curioso sistema político que privilegiaba los bienes nacionales de cada isla, tal que en época precolonial, una federación de “gobiernos reales”, no supeditándose unos a otros, más los dichos consejos de notables cuales tagorores. Reiteramos, circunstancias solamente ejercidas Canarias, los otros reinos afines al imperio despuntaban un único estado real y siempre supeditado al castellano. Bien es cierto qué, frente al poder autónomo del “tagoror” (consejo), se mantuvo, un tiempo, la mano negra de gobernadores y regidores. Pero, estos, al contrario de lo que se cree, no gozaban impunidad, llegando a tener que amortizar sanciones tras denuncias, ante tribunales, de los indígenas hacia ellos y desmadrados colonos en general; multas, destierros, destituciones de cargos, pagos de deudas, etc. (7). El orden nacional canario se debía, y se hacía, respetar, en aquellos tiempos…

 

Claro resultado de las condiciones pactadas, en su día por Fernado Guanarteme, es la pervivencia de las tradiciones, creencias, normas y cultura guanche en general (8) (9) y (10), que incluso permitió un formidable grado de coherencia social. Por lo cual fue posible, dentro del precario equilibrio con los poderes imperiales, tan enorme capacidad de respuesta colectiva autóctona. Consecuentemente, una calidad de cohesión nacional, canaria, demostrada en los diferentes conflictos hasta el siglo XVIII, cada vez que intereses coloniales intentaron saltarse lo pactado sin lograrlo (11). He aquí algunos ejemplos documentados: La anulación del contrato de gobernador a Pedro de Vera (12); ponderadas multas a  sufragar, caso de la señora de Bobadilla, pagando 500.000 maravedíes a los gomeros en concepto de indemnización (13); Alonso de Lugo, condenado a pagar 40.000 maravedíes a los hijos del rey de Adeje, también, 50.000 maravedíes para Andrés de Guimar (14); levantamiento de Ichasagua en 1502 (15); mantenimiento de poblados y asentamientos tradicionales canarios en contra de las pretensiones de los colonos (16); el asalto del Cabildo de Tenerife y la quema del censo fiscal de Fernández de Lugo (17); levantamiento de Agüimes para evitar el robo de las tierras en explotación por y para los canarios por parte de colonos españoles (18); el ajusticiamiento del Intendente Ceballos en 1720, en Santa Cruz de Tenerife (19); levantamiento en la Aldea en 1770 por las roturaciones de tierras (20); levantamientos en 1778 por la explotación de las tierra en Arico, Chasna y La Aldea (21), etc.

 

Antaño, las islas no padecían ingerencias militares por parte de un ejercito colonial sino el buen hacer de sus propias milicias canarias, las cuales, hicieron capitular, nada más y nada menos, qué, al invencible almirante británico Nelson (22). Disfrutamos de divisa propia hasta 1776, con una cotización superior a la de los reinos asociados a Castilla, la balanza comercial entre Canarias e Inglaterra permitía un superávit favorable a nuestras islas; podemos presumir, pues, de habernos beneficiado de un saneado sistema monetario canario, gracias a la riqueza consolidada por los productores canarios, fiel reflejo de la eficacia económica (23). Del mismo modo otras tantas realidades administrativas nacionales; existencia de una fiscalidad diferenciada (24); el derecho de placet con respecto a las leyes estatales (25); cobro de deudas de los canarios a los colonos como se puede ver en la herencia de Fernando Tacoronte (26); reclamación de los derechos por parte  de los canarios ante los tribunales (27); el reparto de tierras y otros medios de producción entre los canarios (28); mantenimiento de los "títulos nobiliarios" entre los canarios (29); la posibilidad de comerciar independientemente del monopolio comercial imperial, incluso con Inglaterra, principal adversario de Castilla en la época, contando con delegados comerciales ajenos al propio monopolio “hispano” (30); mantenimiento de roles socialmente relevantes por parte de las mujeres canarias en temas sociales como es el caso de Inés Chemida, o, en temas legales como es el caso de María de Güimar, también, en temas de sucesión como es el caso de ésta y sus hijas (31); subsistencia de normas civiles guaches como el derecho de separación de las mujeres (32); Canarias ostentaba un Cabildo Eclesiástico que ejercía de contrapoder, constituido, además, por clero canario (33), llegando a enfrentarse directamente y frenar las actuaciones de la Inquisición, la "Santa Hermandad", lo cierto es que se hizo muy patente el poder del Cabildo Eclesiástico causa de las constantes ausencias de los Obispos impuestos desde el imperio castellano (34).

 

Si entendemos por soberanía la capacidad real de decidir como se organiza una comunidad en sus diferentes facetas, económicas, culturales, sociales y políticas, podemos asegurar que el “Pacto de Calatayud” otorgó un alto grado de soberanía a nuestro país. Lo mejor que nos habla de su cumplimiento práctico, en un primer momento, es la resolución de los diferentes conflictos anteriormente citados, desde la firma del mismo hasta el siglo XVIII; respetándose intereses canarios durante tan diversos trances registrados y sin represión hacia los protagonistas indígenas, incluso en el enfrentamiento a causa de la reconstrucción del Menceyato de Adeje en 1502. Al principio del “antiguo régimen” se hacen patentes continuas adquisiciones de libertad por parte de los guanches que se habían esclavizado desde antes del Pacto, incluso, la vuelta de muchos de los enviados fuera de Canarias y la libertad para los Alzados capturados (canarios que no aceptan el Pacto, o se rebelan en algún momento por como se está aplicando el mismo), llegándose, en 1511, a promulgar orden soberana de libertad hacia todos los Guanches  esclavos (35).

 

Razonablemente, no se registra mención de españolidad alguna a lo largo de nuestra historia nacional, tanto local como internacionalmente brillaba la lógica canariedad. Repetimos que lo español es solo a partir del siglo XVIII, consecuente al centralismo borbónico promulgado desde los intereses castellanos.

 

Citemos algunos claros ejemplos:

 

 - El incipiente poeta lagunero, en su época (siglo XVI), José de Anchieta, desde la adolescencia ya empezaba a despuntar dentro de la universidad portuguesa de Coimbra. Reconocido internacionalmente pero nunca debido a una pretenciosa e ilógica españolidad, de tal manera lo malentiende el investigador, de la primera mitad del siglo XX, Sebastián padrón Acosta (culturalmente mediatizado, a causa de la época que le toco vivir). La única realidad de nuestro ilustre poeta canario, no español, era su natural idiosincrasia nacional: «El canario de Coimbra», así es que empezaron a saludar, profesores y alumnos, lucitanos en general, al embrionario poeta, ovacionando a las iniciales estrofas. Más adelante sus libros se leerían en inglés y alemán. «Símbolo del alma canaria, fundiéndose con el alma americana» (36).

 

 - Incluso, a mediados del siglo XVIII (11- 04-1750), periodo en que se empezaba a inculcar la españolidad, popularmente aún se mantenían las buenas costumbres nacionales, Canarias era Canarias y España, España, hasta entonces el canario nunca se reconoció español: «Fueron a pagar la visita al Cabildo los dos oidores, don Miguel Arredondo Carmona y don Miguel barreda, que vienen de España y van a Canaria.». Fíjense en el curioso pero esclarecedor dato, dice «que vienen de España», en la actualidad mencionaríamos “que vienen de la península”. Así relata, en aquellos tiempos, el documentado fragmento “Las Colgaduras de Gracia” del Diario del regidor Anchieta y Alarcón (37).

 

 - Lo citado en el anterior párrafo no es una anécdota, más bien un reflejo de la realidad: «Esta tarde estuvo en esta ciudad el señor General don Juan de Urbina, que vino de Santa Cruz,  y don Pedro Álvarez, que es del consejo de Hacienda, y que para el asunto de Aduanas vino de España.» (38)

 

- «En este año de 1751, en las dos iglesias sacaron cédulas de comunión impresas en Santa Cruz, que ha venido un impresor de España y ha puesto imprenta en Santa Cruz» (39).

 

 - El mismo José de Viera y Clavijo, en 1772, cuando habla de patria, y país, no se puede referir sino a sus Islas Canarias: «Presentando a V. S. el primer tomo de la Historia General de nuestras Islas Canarias, que acabo de publicar en esta corte, no hago otra cosa que cumplir con el natural tributo y obligación de un celoso y reconocido hijo de la patria, (…) este útil trabajo, emprendido no sin largas expensas por un exceso de amor al país» (40). ¿España?, sin razón de ser. Pero sigue: «tenga la condescendencia de honrar este ejemplar, colocándolo en sus apreciables archivos para eterna memoria de mi atención al ilustre senado de la patria» (41). Carta de Jph. De Viera y Clavijo hacia el Ilustre Cabildo de la Ciudad de la Laguna, la cual, explicita a las claras el indudable carácter nacional qué, aún a mediados del siglo XVIII, se resistía frente a la forzada españolidad.

 

 - Cuando Viera se refiere a su estancia en España, Madrid, lo hace de manera distante, no identificándose con aquella nación: «Lo que me ocupa es el continuado ejercicio a que me condena mi destino en esta tierra» (42). Otro revelador párrafo, seguramente, aludiendo a lo que empieza a ser la sometida nación canaria bajo la españolidad borbónica, expresa contundentes puntas que los lectores más sagaces conseguirán captar: «A vista de esto y de la miserable pintura que Vm. con su agradable y vigoroso pincel me hace de nuestra pobre patria, doy por bien empleado el no hallarme ahora en medio de sus ruinas, mayormente en las circunstancias en que se ha desencadenado el diablo de San Miguel que está sobre el Pico de Teide. Más quiero poner yo a todos en mi Historia, que no me pongan a mí en la suya» (43). Es una lástima qué, nuestro Viera y Clavijo, sí terminara españolizado dentro de la ficticia historia española. Todo esto es un claro reflejo del desencanto que causaba la pérdida de soberanía a nuestros ascendientes, españolidad que algunos simplones de hoy tienen como propia, se alegran y defienden. Al contrario, el ilustre Viera y Clavijo sentenciaba lo siguiente: «La pintura que Vm. me hace de nuestros Eliseos es terrible, pero por desgracia verdadera. Esto no obstante, en lugar de acobardarme a escribir su historia, me estimula mucho más, ya para consolarnos con lo que fueron, y ya para descubrir la causa de lo que son. Desengañémonos. Nunca las Islas han tenido tanta necesidad de historia, a causa de sus muchas historias» (44).

 

 - A vuelta con el patriotismo de Viera y Clavijo, reprimido ante el creciente españolismo de entonces, podremos comprobar como se empezaba a ejercer una colonización política y cultural que pretendía, como así se consiguió, suplantar la canariedad por la españolidad. La victoria ante Nelson, siendo un triunfo nacional por parte de nuestras milicias, ya desde un principio comenzaba a revestirse de un interesado cariz español. Esto ha perdurado hasta nuestros días y lo trataremos en posteriores artículos. Nuestro ilustre realejero, tras la muerte del almirante británico, escribió un atrevido epitafio (45):

 

«Aquí, roto el vital lazo,

Nelson, héroe marinero

Yace; mas no todo entero,

Pues se echa de menos un brazo,

Perdiéndolo de un cañonazo;

Cuando batido salió

De Santa Cruz, y si halló

Triunfos, los pudo adquirir

En Trafalgar y Abuquir;

Pero en Tenerife no. »

 

Entones la maquinaria españolista contrarreplicó cambiando lo versos 2, 3, 7, 9 y 10, de la décima, por los siguientes (45):  

 

«Aquí, roto el vital lazo,

Por un valeroso ibero

Yace Nelson, y no entero,

Pues se echa de menos un brazo,

Perdiéndolo de un cañonazo;

Cuando batido salió

De Santa Cruz, que si halló

Triunfos, los pudo adquirir

De otros allá en Abuquir;

Pero de españoles no.»

 

 - La realidad nacional se razona bajo la pervivencia de contextos radicados y propios, nuestra canariedad siempre sustentó una cimentada base precolonial, la cual, y siempre tras el triunfo españolista del XVIII, se ha procurado inhumar. Por ejemplo, hay desaprensivos que pretenden hacer creer un origen europeo (suizo) de la lucha canaria, ésta, no es más que otra de tantas manifestaciones que el pueblo ha mantenido a lo largo de su historia. Fiel reflejo de la condición propia y nacional, sustentada dentro de “el antiguo régimen”. El histórico puntal Francisco González Díaz, en 1940, aludía lo siguiente: «En épocas pasadas, nuestros campesinos, en las noches de luna, se dedicaban en las eras a entrenarse en el ejercicio de la lucha y en las festividades de los pueblos hacían gala de su habilidad y fuerza, constituyendo los encuentros que organizaban el número más atrayente de los festejos» (46), «Las luchas entre el norte y el sur de la isla. Conocido fue el pago de San Isidro, en El Rosario, donde se establecía durante tres días un campeonato situado en Media Montaña, para practicar la lucha entre los contendientes de las dos grandes zonas de Tenerife. Y no deja de ser curioso que, al enunciar a los luchadores de las diversas localidades, se deje entrever semejanza formal con las citas de los cronistas que hablan de los guerreros prehispánicos y los poblados de donde procedían» (47).

 

 - Un gran observador de nuestra nación fue Sabino Berthelot, como era lógico, y consecuente a la realidad canaria de entonces, al referirse a estas islas nunca mencionó españolidad alguna. En aquella época, “antiguo régimen”, cuando se reseñaba a lo que hoy, pusilánimemente, denominan región, provincia o comunidad, se hacía con el término de nación, país, patria o simplemente Islas Canarias. Entonces, era tal la idiosincrasia de los canarios que Sabino se quedó fascinado por su particularidad; induciendo, a éste eminente geógrafo botánico francés, ponderarse hacia la etnografía y consecuentemente fundar la Sociedad Etnológica de Francia: «Cuando se examina hoy determinadamente la población de este Archipiélago de Canarias, que en otro tiempo habitaron las tribus africanas cuyas costumbres hemos descrito en otra ocasión, se notan en gran número de individuos rasgos nacionales, que, en sus facciones, les distinguen esencialmente de los españoles.»; «En Candelaria, Fasnia, Arico y otras partes de la banda del Sur de Tenerife, subiendo de Guimar a Chasna y de allí hasta el Valle de Santiago, al bajar hacia las aldeas de la costa es donde se encuentran aún hoy la mayor parte de los usos y costumbres descritos por Fray Alonso Espinosa, Viana, Viera y demás historiadores de Canarias. Algunas expresiones del antiguo lenguaje que no han podido perderse y que se emplean en todas las islas; los nombres guanches con que se vanaglorian algunas familias, los bailes populares, los gritos de regocijo, el modo de proporcionarse fuego, de ordeñar las cabras, de preparar la manteca, de moler el grano, todo eso subsiste aún, después de cuatro siglos de dominación extranjera. Traslúcense los antiguos usos en medio de los adelantos de la civilización; la invariable costumbre los transmite de edad en edad como tradición de los tiempos que fueron. El habitante del campo, el pastor, el labriego, todo aquel pueblo agreste ha permanecido adicto a ellos, siguiendo viviendo como en otro tiempo: tuesta su cebada, moliéndola él mismo entre las dos piedras hereditarias colocadas en su humilde morada, prefiriendo al pan del rico el «gofio» de sus antepasados.»;  «siguen los usos y costumbres de sus antepasados. El isleño, humilde, insinuante y astuto, atento y adulador como sus antecesores, pasa de la más expansiva alegría a la más reconcentrada tristeza; animoso hasta la temeridad en el más inminente peligro o desconfiado y receloso por cosas insignificantes, aficionado al canto y a la danza, apasionado por los ejercicios gimnásticos, avezado a los más duros trabajos, pero siempre incansable, es sencillo en sus gustos y reservado en sus palabras.»; «La hospitalidad es más franca, la veneración por la ancianidad, el respeto filial, el amor al país y a sus parientes, tales son las virtudes hereditarias que legaron los guanches a sus nietos. Es consolador para la historia de la humanidad ver conservarse esas costumbres patriarcales en el seno de la sociedad moderna. Con la sangre de una raza pura se han conservado estas bellas cualidades» (48). Seguimos comprobando como abundan, en diferentes autores de la época, los términos nación, país, patria… De igual modo, reluce una clara separación entre lo canario y lo español, nunca se solapan o imponen atributos españoles a nuestro pueblo, tal que así lo sufrimos hoy día. «Se notan en gran número de individuos rasgos nacionales, que, en sus facciones, les distinguen esencialmente de los españoles.». Esto se escribía en 1878, cuando el periodo nacional del “antiguo régimen” empezaba a sucumbir bajo el nuevo orden español, imagínense cuán auténtica sería la verdadera condición insular en los anteriores siglos, XV, XVI, XVII y principios del XVIII.

 

 - Un ejemplo algo más pretérito y como llegó a decir D. Nicolás Antonio en su “Biblioteca Nova”, refiriéndose al poeta Antonio de Viana (siglo XVI): «Celebró su patria por el mucho amor  que le tenía, en un poema que no carece de elegancia, “Patria amore obsequere poemote non ineleganti landes illus comprehendit”.» (49). Antonio de Viana nace en 1578, en la ciudad colonial de La Laguna, es hijo de tinerfeños pero adopta el apellido Viana que arrastra de un abuelo materno, Juan Viana, soldado conquistador (está por esclarecer si su abuelo “Juan Viana”, en realidad, no fuera un guanche que habría adoptado, de igual modo, la designación de la familia Viana; se hace extraño que un Viana ejerciera de soldado raso y que no se documente, con exactitud, su procedencia). Todo esto nos demuestra como, incluso tras pocas décadas del final de la conquista, la nueva sociedad canaria se aferra a la resultante canariedad. Bien es cierto que la población indígena fue inmensa mayoría, tal que ahora, siendo ésta el lógico germen de la consiguiente nación canaria. También lo es que dentro de los núcleos, en un principio europeos, la sociedad fruto de un mestizaje que cada vez iría, a lo largo de los años, tomando mayor aporte isleño, terminaría asimilando, de igual modo, el amor patrio; fruto de una evidente inercia nacional. Pero, como ocurría en la inmensidad de los árboles genealógicos isleños, incluso en zonas supuestamente de inmigrantes, Antonio Viana, indudablemente, era de etnia guanche. Ya lo decía uno de los más fecundos investigadores del acervo documental canario de finales del siglo XIX y principios del XX, José Rodríguez Moure, en relación con el origen del padre de Viana, Francisco Hernández : «existieron en la Orotava y Realejos muchas familias de los indígenas canarios de apellido Hernández que ayudaron al Adelantado en la conquista de Tenerife, no será despropósito el conjeturar que de éstos fuera el Francisco Hernández, que, viudo, se volvió con sus hijos a la querencia de los lares: que Viana tenía raza guanche, cosa que parece indicar el empeño que pone en enaltecerla en su poema» (50). Tiempos de gloriosa identidad nacional donde no se escribían versos ni a Castilla ni a León, mucho menos a una inexistente, pero posteriormente usurpadora, España, se hablaba de raza, país, nación y patria, se hablaba de Canarias.

 

 - Tampoco hace falta ir muy lejos en el tiempo para comprobar hasta que punto pervivió la cultura autóctona, posteriormente denigrada. En el siglo XIX, Bethencourt Alfonso, comenta, no sin ánimo de crítica hacia la decadente “ramplonería” y siempre coincidente con la influencia españolista de las décadas posteriores al fin del “antiguo régimen”, la pervivencia de antiguos romances de asuntos guanches. Se expone uno de ellos, seguido de claras argumentaciones:

 

«Con malos ojos los padres

Vieron que toda una dama

Daba de lado a un villano

Con desprecio de la casta.

¡Qué linda mañana, Guara,

Guara, que linda mañana!

 

Ni consejos ni castigos

Su firmeza quebrantaban,

Que no vale la nobleza

Cuando de amores se trata.

¡Qué linda mañana, Guara,

Guara, qué linda mañana!

 

Ven Roesmo de mi vida,

Ven Roesmo de mi alma,

Que por encima del sol

Te quiere esta desgraciada.

¡Qué linda mañana, Guara,

Guara, qué linda mañana!

 

Parten dan al rey de Adeje

Los del Tagoro de Guaza,

Para que aplique la ley

A los que a ella faltaban.

¡Qué linda mañana, Guara,

Guara, qué linda mañana!

 

«Nos afirman bastantes ancianos del Sur, del primer tercio del siglo (XIX) pasado de que aun por dicho tiempo abundan los romances de asuntos guanches; así como las loas dedicadas a las Vírgenes de Candelaria, del Socorro y Abona, y los Villancicos que cantaban por Pascuas, por lo que eran llamados “pascuas o divinos”, en que la letra y música tenían un marcado sabor guanchinesco, hasta en sus manifestaciones de profunda fe cristiana. Pero precisamente por la referida  época, una ola de ramplonería barrió, con lo que pudiera llamarse “literatura popular indígena”» (51).

 

 - Para terminar citamos el evidente desencanto, producido en la persona de Sabino Berthelot, al comprobar el cariz que empieza a tomar la sociedad isleña, siempre bajo una incipiente influencia española, muy acuciada ya, en el siglo XIX: «El país no es el mismo de antes (…). La gente de la ciudad, en otro tiempo tan sencilla, tan jovial, incluso tan fiel a la tradición, no me resulta ahora tan atractiva ni se da con la misma franqueza. El isleño de los pueblos se ha transformado, está desconocido: se ha incorporado a la corriente de la moda por creer que así se muestra más civilizado. (…) he encontrado otra sociedad donde no existe la confianza ni la intimidad: cada cual va a lo suyo. Los intereses de partido y la llamada de la política lo han trastornado todo.» (52). En efecto, la primaria españolidad con sus diferentes tendencias políticas, alfonsinas, republicanas, carlistas, montpenserianas, moderadas, constitucionales, conservadoras, más tarde las falangistas, franquistas, comunistas, anarquistas, socialistas…, todas ellas de carácter colonial, pervirtieron, transformaron y dividieron a nuestro pueblo, un pueblo que antaño solo se reconocía en su patriotismo.

 

Viene de:

 

“Hist. (IV)”

Hist. (III)”

Hist. (II)”

 Hist. (I)”

 

(1) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon AMAGA

(2) “Historia de Canarias”. José M. Castellano Gil. CCPC. (Pág. 60).

(3) “El 65% de la población canaria actual tiene procedencia guanche”. García Talavera. Agencia EFE

(4) “El Régimen Jurídico de los Puertos Francos de Canarias y la CEE”. Alfonso de Ascanio y Poggio.

(5) “Fuentes para una historia del derecho y de las administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.

(6) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio de Bethencourt Massieu.

(7) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(8) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo II.

(9) “La Literatura Africana Hoy”. Pablo Quintana.

(10) “Magos, Mauros, Majoreros o Imazighen”. Hupalupa.

(11) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www.amaga.org.

(12) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).

(13) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).

(14) “Rumeu de armas, A.”. (Pág. 70).

(15) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(16) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(17) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(18) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio de Bethencourt Massieu.

(19) “Fuentes para una historia del derecho y de las administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.

(20) “Fuentes para una historia del derecho y de las administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.

(21) “Fuentes para una historia del derecho y de las administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.

(22) “Derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife”. Leopoldo Pedreira Taibo. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 59).

(23) “para una historia del derecho y de las administraciones públicas en Canarias”. M. Aranda, E. Galván y D. Alamo.

(24) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(25) “El Régimen Jurídico de los Puertos Francos de Canarias y la CEE”. Alfonso de Ascanio y Poggio.

(26) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(27) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(28) “La conquista de Canarias”. Julio Pérez Ortega. Tomo II.

(29) “Rey "Fernando Guanarteme"”. Revista de la Asociación Canaria de Estudios. Tomo II.

(30) “Pedro Agustín del Castillo su vida y obra”. Antonio de Bethencourt Massieu.

(31) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(32) “Rey "Fernando Guanarteme"”. Revista de la Asociación Canaria de Estudios. Tomo II.

(33) “Rey "Fernando Guanarteme"”. Revista de la Asociación Canaria de Estudios. Tomo II.

(34) “Breve Historia del Nacionalismo Canario”. Felipe Ros Brandon. www.amaga.org.

(35) “Historia del Pueblo Guanche”. Juan Bethencuort Alfonso. Tomo III.

(36) “Poetas Canarios”. Sebastián Padrón Acosta. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 11).

(37) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”. Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 28).

(38) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”. Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 40).

(39) “Del Diario del regidor Anchieta y Alarcón”. Buenaventura Bonnet. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 41).

(40) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 21).

(41) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 21).

(42) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 23).

(43) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 24).

(44) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 27).

(45) “El arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire”. Del epistolario de Viera. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 62).

(46) “La lucha canaria”. Leoncio Rodríguez. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 34).

(47) “La lucha canaria”. Leoncio Rodríguez. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 7).

(48) “Sabino Berthelot”. Elías Zerolo. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 65).

(49) “El poeta Antonio de Viana”. José Rodríguez Moure. Editora de Temas Canarios S.L. (Pág. 27).

(50) “El poeta Antonio de Viana”. José Rodríguez Moure. Editora de Temas Canarios S.L. (Págs. 16 y 17).

(51) “Romancero canario”. Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Editora de Temas Canarios S.L. (Págs. 24, 25 y 26).

(52) “Recuerdos y epistolario (1820 – 1880)”. Sabino Berthelot. Instituto de Estudios Canarios. (Pág. 28).