Frei
Betto *
¿Europa Occidental ya alcanzó el techo de su bienestar? ¿Cuál es el futuro de
un viejo continente que ya no produce ciencia y tecnología y transfiere sus
industrias a países pobres en que la mano de obra es más barata? La impresión
es que Europa se estancó. Que sólo se preocupa por preservar su confort. Que
perdió la ilusión de la utopía, el vigor intelectual, la densidad de la fe.
¿Qué se hizo de los valores cristianos en esa sociedad que exalta la
competitividad por encima de la solidaridad, y que invierte millones en
biogenética y cosméticos, indiferente al sufrimiento de cuatro mil millones de
seres humanos que, según
¿Por qué causan tanto miedo los inmigrantes? ¿Son terroristas en potencia?
¿Quién colonizó sus tierras y chupó sus riquezas minerales y naturales, dejando
tras de sí un rastro de miseria y dolor? ¿Por qué Europa Occidental mira a
América latina a través de la óptica del prejuicio? ¿Chávez y Morales no fueron
elegidos, como Lula, democráticamente? ¿Por qué ustedes, los europeos, no se
levantan contra el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba y el uso de la
base naval de Guantánamo como cárcel clandestina de supuestos terroristas?
¿Por qué los templos católicos europeos parecen acoger más turistas que fieles?
El futuro del cristianismo ¿estará acaso en movimientos que exigen al fiel
privarse de su conciencia crítica, abrazar el puritanismo y una espiritualidad
típica de fermento fuera de la masa? ¿Por qué se movilizan tantos europeos
contra enfermedades (sida, cáncer…), accidentes (de
tránsito y de trabajo) y violencias (terrorismo, guerra, homicidios…), pero se
muestran indiferentes ante el principal factor de muerte precoz, el hambre?
¿Por qué los europeos parecen preferir la seguridad a la libertad, y son tan
condescendientes con la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos,
que busca la paz mediante la imposición por las armas? ¿Por qué no prefieren la
propuesta de Isaías, de construir la paz como fruto de la justicia (32,17)?
¿Qué futuro desean los cristianos europeos para Europa y para el mundo? ¿El
perfeccionamiento del sistema capitalista u “otro mundo posible”? ¿Qué signos
se dan hoy de solidaridad efectiva de los cristianos europeos con los pobres de
África, de Asia y de América Latina?
Raíces indígenas
Es un error considerar América a partir de los últimos 500 años. Más que los
vestigios dejados por la colonización ibérica, es el pasado de Amerindia lo que
mejor traduce nuestra identidad. Relegar al olvido las raíces indígenas de
América es una manera cínica de tratar de encubrir el genocidio cometido por la
empresa colonizadora. Si hay una realidad trágica en la que cabe emplear
acertadamente el término “holocausto” es en América. Durante el primer siglo de
la colonización fueron asesinados millones de indígenas. En nombre de la
civilización y de la fe cristiana…
En el mensaje de los obispos del Brasil con ocasión de los 500 años de
evangelización, ellos reconocen que “la nación brasileña no puede identificarse
sólo con sus últimos 500 años de historia. Cuando llegaron aquí, los
portugueses encontraron habitantes en estas tierras, una multiplicidad de
pueblos, de orígenes y de lenguas diversas”.
“Los pueblos indígenas tuvieron una influencia importante y activa en la
formación del pueblo brasileño, aunque ella sea poco conocida y reconocida por
la mayoría de los brasileños de hoy, que aún a veces todavía mantienen una
actitud despreciativa hacia los indios. Por el contrario, queremos recordar y
reafirmar: hace ahora 500 años que el Evangelio de Jesucristo llegó a nuestras
tierras. Pero ya había una presencia del Dios vivo entre los pueblos que
habitaban aquí. El mensaje cristiano iluminó más claramente los signos de la
presencia de Dios en las criaturas y reforzó, por la ley del amor fraterno, la
conciencia moral y las virtudes tradicionales de los pueblos indígenas”.
“Mucho más graves que las dificultades que todavía hoy persisten en lo tocante
al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas son las violaciones
de esos derechos realizadas por los “conquistadores” lusitanos, llegando al
exterminio de una parte relevante de dichas poblaciones”.
El etnocentrismo europeo, todavía ahora, impide que América sea reconocida en su
identidad, en su cultura, en sus valores. Hubo, desde luego, excepciones
laudables, como Bartolomé de las Casas, Antonio de Montesinos, Pedro de
Córdoba, Padre Vieira y otros. Pero la postura de éstos da la impresión de que
es poco comprendida por los europeos y por aquellos que, en América, tienen una
mentalidad europeizada.
En el siglo 16 Europa ya había asimilado a Aristóteles y, en efecto, había
puesto fundamentos racionales a la teología (Tomás de Aquino) y a la política (Maquiavelo). Como todo punto de vista es la vista a partir
de un punto, los europeos encararon su actuación en el Nuevo Continente
mediante la óptica del prejuicio. No fueron capaces de captar la consistencia y
la profundidad del saber indígena, las dimensiones teológica y pastoral de sus
creencias, los avances civilizatorios (comparables a
los europeos) de las comunidades urbanas. Lo diferente apareció como
divergente, lo extraño como amenazador, lo inusitado como maldición. Hasta el
punto de que los teólogos europeos se llegaron a preguntar si los indígenas
tenían alma, para así justificar el genocidio (Ginés de Sepúlveda), pues se
sabía que practicaban el canibalismo.
Ahora bien, en Francia, el día de San Bartolomé de 1572, Jean de Léry, que vivió en Brasil entre 1556 y 1558, presenció
escenas de canibalismo que superaba lo que había visto entre nuestros indios.
En su Histoire d’un voyage fait en la terre du Brasil, publicado en 1578, describe haber presenciado
subastas, en Lyon y en Auxerre,
donde se vendía el sebo humano y el corazón asado a las brasas de las víctimas
protestantes del fundamentalismo católico…
Al menos la antropofagia de los indios era un ritual. Por lo cual escribe: “Lo
que se practica entre nosotros… En buena y sana conciencia creo que exceden en
crueldad a los salvajes… Entre otros actos de horrenda recordación, ¿no fue el
sebo de las víctimas masacradas en Lyon mucho más
bárbaramente que lo que hacían los salvajes, vendido en pública subasta y
adjudicado al mejor postor? El hígado y el corazón, y otras partes del cuerpo
de algunas personas, ¿no fueron comidos por furiosos asesinos, de lo que se
horrorizan los infiernos? … No abominemos mucho, pues, de la crueldad de los
salvajes antropófagos”.
¿Europa civilizada?
Se habla del atraso de América latina, de la pobreza que condena a una vida
indigna a cerca de 200 millones de habitantes, de un total de 500 millones, de
las masacres de campesinos en Guatemala y de los niños de la calle en Brasil.
¿Pero qué representa eso ante la mortandad de las dos grandes guerras
mundiales, que tuvieron a Europa como escenario, el lastre de miseria y
genocidio dejado por los europeos en sus excolonias
de África, o las actuales relaciones comerciales injustas entre el Norte y el
Sur del mundo?
No hay nadie más culto que otro, enseña Paulo Freire. Existen, sí, culturas
distintas, paralelas y socialmente complementarias. El saber de un teólogo es
un patrimonio tan importante como el de una cocinera. La diferencia está en que
la escolaridad del primero le otorga una excelencia que el prejuicio social
niega a la mujer de la cocina. Sin embargo es bueno recordar que ella es capaz
de vivir sin el saber del teólogo, pero éste no sobrevive sin la cultura
culinaria de ella…
Hay otro principio pedagógico que Europa no ha sido capaz de absorber: la
cabeza piensa donde pisan los pies. O sea, el mismo ojo teológico no enfoca del
mismo modo la misma realidad, si mantiene los pies en el mundo del colonizador
o en el mundo del colonizado. Las Casas quizás no hubiera sido capaz de
reconocer la dignidad de los indígenas si de adolescente no hubiese convivido
en Sevilla con el indicito
que su padre, piloto de Colón, le trajo como regalo del Caribe…
El eurocentrismo es la enfermedad senil de una
cultura que se apartó de la realidad y, por tanto, cuyo universo está colocado por encima de la vida real. Fue en
(Traducción de J. L. Burguet)
* - Frei Betto es escritor, autor de “
2006-09-25