Ezequiel de León Domínguez
Agapito
De Cruz Franco
Ezequiel de León es un artista del más allá.
Pero también, el escultor de un mundo de intermediarios entre el común de los
mortales y la fe de buena parte de nuestros mayores. Profundizar en el
personaje me lleva a recurrir a ese cronista del silencio, que es, en La Orotava, Bruno Alvarez Abreu.
Con él me dirijo a La Perdoma, donde se halla su primera gran
escultura de 1942 -realizada aún sin formación académica-, el Jesús Nazareno de la Parroquia de Ntra. Sra.
del Rosario. Nacido en 1926, este imaginero, pintor y restaurador, ha sido
propuesto por el Ayuntamiento de La
Orotava -aunque sin éxito en 2008- para los Premios Canarias en
la modalidad de Bellas Artes,
candidatura que también presentara el Ayuntamiento de Adeje. Es Villero de Honor de La Orotava, Premio de Artesanía y Patrimonio 2007 otorgado por
la Asociación
Cultural Pinolere y posee el Pétalo de Oro de la Asociación de Alfombristas.
El Cabildo le ha propuesto como “Hijo Ilustre de Tenerife”.
Observamos
su Jesús Nazareno. Aparece por todos
sus pliegues el talento de este hombre serio, agrio a ratos, cuya inquietud
natural para las artes demostrara desde muy temprano, hasta ingresar posteriormente
en la Escuela Luján
Pérez de Las Palmas en 1947. Más de 200 obras escultóricas le observan en
lugares tan diferentes como Canarias, Venezuela, Cuba, Argentina, EEUU -como la Virgen de Candelaria de San
Antonio de Texas- o la réplica de la
Virgen de Guadalupe del Vaticano en Roma.
Dice
el historiador Manuel Hernández González
–también propuesto sin éxito para los Premios Canarias 2008 en la modalidad de Patrimonio histórico- y en su libro:
“Fiestas y creencias en Canarias en la Edad Moderna” que: “las imágenes, lejos de ser esculturas de madera, eran para los fieles
auténticas plasmaciones de la divinidad”. Este sentimiento lo supo captar
Ezequiel de León a través de su natural capacidad de observación y el estudio
de la antigua imaginería canaria. Un mundo donde cohabitan el realismo, el
espíritu neoclásico y el enfrentamiento entre el barroco y los ilustrados.
Terminaría así, dominando por completo el arte de la escultura religiosa isleña.
De hecho ha sido hasta hace muy poco, el único técnico en restauración en
Canarias. Cuestión que ha sido fundamental para la conservación del patrimonio
artístico de las Islas: “Sus
conocimientos y habilidades artísticas y su formación en la Cátedra de Restauración en
la Facultad
de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla lo convirtieron en una
autoridad en este tipo de trabajos en el Archipiélago”, apuntan desde el Area de Cultura del Ayuntamiento.
Perteneciente
a la Escuela Perdigón, de 1989 a 1992 se haría cargo
del magno tapiz del Corpus Christi confeccionado con
arenas del Teide. Anteriormente había colaborado 20 años con Pedro Hernández Méndez. Sucedería a José González Alonso “para muchos el mejor alfombrista que ha
pasado por el incomparable marco de la
Plaza del Ayuntamiento”. Lo refleja José Manuel Rodríguez en su libro: “Las Alfombras de La Orotava”. Como artista que
encuentra en la escultura su medio de expresión más idóneo, destacan en él los
rasgos escultóricos que no se encuentran en ningún otro período, y que ejemplifica
a la perfección el tapiz realizado en 1989 con motivo del bicentenario de la Iglesia de La Concepción. Así lo
afirma Pedro J. Hernández en su
obra: “Historia del alfombrismo en la Villa de la Orotava”, quien lo define como
“uno de los últimos artistas de la vieja
escuela”. Tras él tomaría el relevo el actual Domingo Expósito.
Ezequiel
de León es pues un hito fundamental en la historia del arte y de la cultura de Canarias.
Su obra, enorme, tanto en número como en variedad y calidad, lo hacen acreedor
de una posición de privilegio dentro de los grandes artistas canarios y
españoles.
Cae
la tarde. La religiosidad y la cultura se entrelazan en el Templo de Santo
Domingo y su Cristo resucitado. Al
hablar de Ezequiel de León, sus imágenes parecen mirarte cansadas de su
hierática postura. Hablan de él y por él. Cobran vida por sí mismas y te dicen
cosas. Y nos cuentan anécdotas de una Orotava de ritos, por cuyas rendijas se
cuela una religión de símbolos. En conexión directa con la historia. Firmamento
mágico y religioso de un pueblo. Una sociedad, a cuyas creencias el escultor dio
relieve y color. Y a las que otorgó la vida eterna…