Fallecimiento de un gran letrado tinerfeño,

Francisco Torres González

Antonio Cubillo *

Este martes pasado hemos enterrado al compañero y colega Francisco Torres González, ex secretario de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, quien venía padeciendo una larga enfermedad desde hace años lo que nos privaba a sus familiares y amigos de una presencia fraternal y emotiva, así como de sus bromas, ya que el compañero Paco era para sus amigos una prueba constante de amistad y simpatía desde los años que compartimos banco en el Colegio de los Escolapios y, posteriormente, en la vieja Facultad de Derecho lagunera.

Fue el secretario del Colegio de Abogados en tiempos del Decanato de Ángel Ripollés y diríamos su compañero de confianza, pues se desvivía por atender a los compañeros, quitando horas a su propio despacho, y con un pequeño telefonazo todo estaba resuelto y no aceptaba las gracias, pues sentía profundamente su misión en el Colegio, como debe ser entre compañeros. Personalmente, tengo que contar uno de sus mejores gestos para que quede en la historia de nuestro Colegio de Abogados. En el año 1985, decidí volver a Canarias desde mi exilio obligado en Argelia, donde estuve residiendo 24 años, ejerciendo mi labor profesional y política, que había comenzado en enero de 1957, como único abogado laboralista en los tiempos duros del franquismo, lo que me llevó al exilio en junio de 1962, perseguido por dicho régimen no sólo por ejercer mi profesión, sino también por mis convicciones políticas. Fue en aquellos años, en 1962, cuando el compañero Paco Torres se dio de alta y dedicó toda su vida al ejercicio de la profesión, ya que era un magnífico profesional y desde Argel mantenía contacto telefónico a menudo para saber el ir y venir de la vida de los compañeros, de los juzgados y del franquismo o el neofranquismo posterior. Durante los años 75 a 78, cuando desde Argel trasmitíamos por la emisora La Voz de Canarias Libre, mi amigo y colega me informaba de muchas cosas que nos ayudaban en nuestra misión de informar diariamente, en aquellos tristes años del postfranquismo. Debido a nuestra amistad, en el año 1985, le dije que volvería a Canarias hacia el mes de agosto, y como él estaba de secretario en el Colegio, pregunté si habría problemas para reintegrar mi bufete. En principio me dijo que por él y el decano Ripollés no habría ningún problema. Pocos días después, cuando ya se había corrido la voz de mi vuelta, hablé con el compañero y me contó las innumerables presiones que habían llegado al Colegio, de parte del Gobierno socialista para impedir mi reintegración al trabajo: que si el Gobierno español quería que jurase de nuevo el cargo, que tenía que darme de alta y jurar la Constitución del 78 en presencia de los nuevos letrados que juraban cada año, que se me debía impedir trabajar por el momento en mi bufete, y lo que los lectores pueden imaginar. Le pregunté al bueno de mi amigo, condiscípulo y colega, que si también habían hecho presión sobre el decano Ripollés y me dijo que sí, pero que el decano, hombre íntegro y defensor de sus compañeros, defendía a sus colegas, pensaran lo que pensaran, por lo que llamé al compañero Ripollés y me confirmó las presiones que le habían llegado, pero que él no estaba dispuesto a recibirlas y que no me preocupara. Llegaron incluso a hacerle una entrevista por radio al decano para comprometerlo en la cuestión, pero nuestro decano respondió valientemente que cuando volviera no tendría ningún problema y podía ejercer inmediatamente. Tengo que reconocer que el compañero Paco Torres y el decano Ángel Ripollés hicieron todo lo posible para que volviera a abrir mi despacho, a pesar de las innumerables presiones gubernamentales que sufrieron en el mes de julio del 85 y se comportaron como personas responsables e independientes, dignas del cargo que ocupaban, sin dejarse influenciar por nadie.

Mi agradecimiento va también para su esposa María Candelaria y para su hija Caly e hijo Paco, porque atendieron siempre mis llamadas desde Argel a cualquier hora para que hablase con Paco y me contase cómo el compañero estaba resolviendo el problema de mi vuelta profesional. Por la súbita muerte, el día 5, cientos de amigos, colegas y compañeros no pudieron asistir a su entierro, pero esperamos vernos en la misa la semana que entra y recordar al amigo y colega, sobre todo el querido Paco Torres, digna figura del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, a quien todos honramos y recordaremos siempre.

* Antonio Cubillo Ferreira, abogado