EL
FASCISMO, EL MIEDO, EL TERROR,
EL ODIO Y VENEZUELA (y III)
Andrés
García Montes
Un ligero paseo por los éxitos logrados por la revolución
Bolivariana en todos los campos, no solo justifica esa campaña de los
poderosos, sino que ha llevado al
conocido intelectual Ignacio Ramonet, director de el
diario Le Monde Diplomatique a expresar lo siguiente:
(Copio textualmente casi la totalidad del artículo que publicó el Diario VEA en
la edición del l4 de septiembre del 2007).
“Pocos gobernantes en el mundo han sido objeto de campañas de
demolición tan llenas de odio como Hugo Chávez, el presidente de Venezuela.
Nada se ha escapado a sus enemigos: golpes de estado, huelga petrolera, éxodo
de capitales, tentativas de atentado… Desde los ataque de los Estados Unidos
contra Fidel Castro nunca se había visto nada igual en América Latina. Las
calumnias mas miserables han circulado contra Chávez, concebidas por las nuevas
oficinas de propaganda Nacional Endowment for Democracy (NED), Freedom House, etc. Financiadas
por el gobierno del presidente estadounidense, George
W Bush. Contando con recursos financieros ilimitados,
esta maquinaria de difamación manipula los medios de comunicación (incluso periódicos considerados como una
referencia) y organizaciones de defensa de los derechos humanos, reclutados
para servir intenciones oscuras…
¿Por qué tanto odio? Porque en momentos en que la
social-democracia atraviesa una crisis de identidad en Europa, las
circunstancias históricas parece haber confiado a Hugo Chávez la
responsabilidad de encabezar, a nivel internacional, la reinvención de la
izquierda. Mientras en el viejo continente la construcción de
En este sentido, Chávez es espectacular. Es imprescindible que se
haya convertido en una referencia obligada en tantos países pobres. ¿Acaso no
logró, respetando estrictamente todas las libertades democráticas, refundar la nación venezolana con nuevas bases legítimas
por una nueva constitución que garantiza la implicación popular en el cambio
social?. ¿No recuperó la dignidad de ciudadanos a
cinco millones de marginales (entre los cuales figuran los indígenas) que no
tenían ningún documento de identidad? ¿No logró recuperar a la compañía
petrolera del estado PDVSA? ¿No desprivatizó y devolvió al servicio público la
principal empresa de telecomunicaciones del país, así como la electricidad de
Caracas? ¿No nacionalizó los campos petroleros del Orinoco? Y finalmente, ¿No
consagró parte de la renta petrolera a adquirir una autonomía efectiva de las
grandes instituciones financieras internacionales, y otra parte al financiamiento
de los programas sociales?
Tres millones de hectáreas de tierra fueron distribuidas a los
campesinos. Millones de adultos y de niños han sido alfabetizados. Miles de
dispensarios médicos fueron instalados en barrios populares. Decenas de miles
de personas sin recursos que padecían de enfermedades oftalmológicas han sido
operados gratuitamente. Los productos de primera necesidad son subvencionados y
los pobres pueden adquirirlos a precios más bajos (- 42%) que los del mercado.
La duración semanal de trabajo pasó de
Como resultado de todas estas medidas, entre 1995 y 2005 el
índice de pobreza bajó de 42,8% a 37,9%, mientras el porcentaje de la población
que vive de la economía informal bajó de 53% a 40%. Esta reducción de la
pobreza permitió consolidar el crecimiento que, en el curso de los tres últimos
años, fue de un promedio del 12%, uno de los más elevados del mundo; el consumo
progresó en un l8% anual.
Ante todos estos éxitos, sin hablar de los obtenidos en el ámbito
de la política internacional, ¿cómo extrañarse de que Chávez se haya convertido, para los amos del mundo y sus
secuaces, en el hombre que hay que eliminar?».
Hasta aquí lo dicho por Ramonet, cuya
autorizada opinión es oída y respetada incluso por sus adversarios. Pero justo
es agregar que esos logros fueron obtenidos no obstante del paro petrolero que
entre las pérdidas del gobierno y de particulares la economía del país perdió
mas de 70 mil millones de dólares y el paro laboral de un trece por ciento se
disparó a cerca de un 30%, siendo hoy de un dígito, pues se ha logrado todo
eso, ¿dónde estaríamos sino hubiese habido esa ruina? También es justo agregar
un conjunto de aspectos que Ramonet no menciona.
Quizá en el mundo en este momento no haya país con la cantidad de obras en
construcción cono Venezuela, carreteras, autopistas, puentes sobre el Orinoco y
subterráneo en el Lago de Maracaibo, construcciones habitacionales, tres metros
en otras tantas ciudades importantes, vías férreas, creación de varias decenas
de universidades, liceos y escuelas, creación de varias industrias básicas,
vías de penetración en zonas rurales, etc., etc.
Este proceso de desarrollo no se puede ni desconocer, ni ocultar,
lo que exacerba a la derecha mundial que en medio de la crisis histórica que
les afecta y la incapacidad del sistema en dar respuestas adecuadas a las
múltiples necesidades de 3500 millones de personas que viven con dos dólares o
menos diarios, mas otras dificultades, recurre a sus armas predilectas, el
temor, el miedo, el terror, el engaño, la calumnia y sobre todo, el odio, mucho
odio.