Fernando Alonso y
la pinocha
Wladimiro
Rodríguez Brito
Hace algunos
años en mis clases de
El pasado domingo,
numerosos compatriotas se levantaron de madrugada para contemplar a un
asturiano compitiendo con un coche en un circuito construido en lo que había
sido hasta hace poco un campo de arroz y en el país que había hecho una
revolución, entre otras cosas, soñando con un reparto equitativo del arroz. Sin
embargo, ahora hacen pistas para carreras de coches, y disputan a los
americanos y a nosotros el petróleo y las materias primas, ocupando un segundo
puesto en la demanda mundial de este preciado elemento, parece que nada de esto
es asumido en nuestras islas, sobre todo en lo referente al uso de recursos y
la redistribución de los mismos, en la que los alimentos y el petróleo son una
clara referencia.
Mientras que por aquí,
y en otros puntos, soñamos con la alquimia de los biocombustibles,
es decir, transformar materia orgánica en combustible para los coches, también
esa moda la queremos implantar en Canarias y se está proponiendo, entre otras
cosas, convertir la pinocha en combustible, alguien ha pensado cuántos
quintales de pinocha hemos de sacar de nuestros barrancos para cubrir solo la
demanda del coche de Fernando Alonso.
Y si asociamos la
pinocha al fuego, debemos destacar el enorme papel que juega la misma como
fertilizante del suelo y acuíferos frenando la erosión. No hace mucho tiempo la
retirábamos del monte en una economía de miseria para abonar los campos,
mientras que ahora madrugamos para contemplar las carreras de coches en pistas
construidas sobre arrozales que alimentaban a millones de seres humanos. Ahora
parece que ya no sueñan con un plato de arroz, sino que la felicidad la da el
automóvil.
De momento hemos de
mirar el campo con más respeto, sobre todo, porque se están rompiendo los
equilibrios de antaño.
Lo más grave no es que
Fernando Alonso y sus colegas ruedan sus máquinas sobre suelos sedimentarios
del Río Amarillo en el mundo del monzón, sino que han entrado en los sueños de
millones de seres. El año pasado solo los chinos compraron más de cinco
millones de coches, que demandan petróleo que contaminan y una gran parte de
sus conductores que no siembran arroz, ni trigo compran millones de toneladas
de alimentos en el mercado de la aldea global. Mientras tanto, nosotros
pensamos con biocombustibles obtenidos de rolos de
plataneras y pinochas en unas islas en las que un porcentaje bastante alto de
la población cada día le tiene más alergia al sacho, mientras nos alimentamos
con productos importados.
Nunca pensé que el
modelo americano consumista fuera exportable al Mar de
Parece que por aquí
aún no nos hemos enterado de cuál es la situación real de nuestra sociedad, por
eso nos levantamos de madrugada a contemplar a unos señores que nos incitan a
derrochar combustible, olvidándonos del suelo, la historia y la cultura del
territorio que pisamos, pero eso sí, asociamos la pinocha al biocombustible.