El gen de la violencia

 

      María José Vázquez de Parca

 

   El cerebro, ese gran desconocido va mostrando poco a poco sus recovecos. Los científicos estudian si la agresividad que mues­tran ciertas personas se refleja en el cerebro y han encontrado que sí. Fal­ta saber si primero estaba el cerebro o la agresividad ¿quién fue primero, el huevo o la gallina?

 

Unos y otros concluyen de modo espectacular. El amor en la infancia, el contacto de la madre y el hijo, la permanencia de ambos en compañía es un preventivo de la violencia. El amor lo arregla todo.

 

El hombre es el peor enemigo del hombre. Pero también el mejor ami­go. Los primeros años de la niñez son decisivos para la violencia.

 

En realidad los primeros años de la infancia son decisivos para casi to­do. El ambiente familiar actualmente ha perdido la figura de la madre pre­sidiendo a todas horas en el hogar.


Los niños pasan en guarderías muchas horas al día. Si al terminar esas horas entran en un hogar va­cío, el vacío se hace en el alma del niño y va grabando su destino. Un hogar vacío, sin madre, sin padre, un día tras otro, produce en el niño una reacción inconsciente que se va forjando y grabando en el cerebro. Es como una necesidad para la sub­sistencia.

 

El niño necesita amor. Necesita una madre, un padre, unos abuelos, unos hermanos, que lo acojan y le muestren cariño. El niño necesita caricias, contacto de su cuerpo con el de su madre. El amor lo preserva­rá de la violencia.

 

La falta de amor, de contacto con los seres queridos, se traduce en un germen de violencia. Eso dicen los especialistas que están tratando de averiguar por qué algunas personas son extremadamente violentas.

 

La violencia va en aumento en el seno de la familia. La violencia de género se ha incrementado, o al me­nos ha aumentado a la vista de los demás, pues hasta hace un tiempo, el maltrato quedaba oculto en la ca­sa y los vecinos se tapaban los oídos para no oír.

 

Ahora siguen taponándose los oí­dos para no percibir el maltrato que los vecinos infligen a sus hijos. Se sigue considerando a los hijos como objetos a disposición de los padres. Las instituciones son reacias a de­fender y proteger al niño maltrata­do. El maltrato infantil en el seno de la familia ha crecido, dicen, en más de un 100%.

 

Violencia de los padres con sus hijos, violencia de los hijos con sus padres, agresividad, falta de amor. Es urgente utilizar a tiempo el antí­doto potente del amor.

 

Fuente: Reproducido de La Gaceta de Canarias, 12-10-07