De Grecia a
Tenerife
Wladimiro
Rodríguez Brito
Los
lamentables incendios forestales acaecidos recientemente en Grecia y en
Canarias nos llevan a hacer una comparación, de una manera proporcional, a los
casos de Tenerife y Grecia. No sería riguroso hacer una lectura de ambos casos
sin conocer que ambas realidades, sociales, geográficas y económicas de los
territorios afectados son prácticamente las mismas. Si bien los griegos no
tienen un relieve volcánico como el nuestro, la topografía, es decir, el
sistema de montañas, barrancos, las temperaturas y el régimen de lluvias,
coinciden mucho con los de las islas occidentales de nuestro archipiélago.
Los llamados
"cuatro 30", tan nefastos para cualquier incendio, han sido los desencadenantes
de estos acontecimientos: más de 30º de temperatura, humedad inferior a un 30%,
pendientes superiores a un 30% y una velocidad del viento de más de
Por otra parte, Grecia
y Canarias presentan características similares, con una población agrícola y
ganadera dispersa en el territorio, con caseríos aislados propio de las malas
comunicaciones, y con un sobrepastoreo de cabras y
ovejas que llegó a suponer 10 millones de cabezas de ganado en los años 80, es
decir, más de 100 cabezas por km2, mientras que en Tenerife llegamos a tener
más de 60 en su día. Tanto en un lugar como en otro, la limpieza del campo se
hacía a través de este extensivo pastoreo, teniendo en cuenta que, por ejemplo,
el estómago de un animal caprino necesita entre 6 y10 kilos de hierba por día.
Es por ello, que en estos espacios con amplias superficies de suelos
improductivos y una superficie agrícola que en ninguno de los casos alcanzaba
el 25% del territorio, nos debe hacer pensar en los cambios producidos en
Tanto los griegos como
nosotros, hemos estabulado gran parte de nuestra cabaña ganadera, abandonando
el tradicional sistema de pastoreo, cambiándolo por el turismo y una sociedad
urbanizada socialmente y económicamente. Por ello, lo que aquí llamamos pamascos, -vegetación seca en tierras balutas-, antaño
cultivadas y hoy abandonadas, son las que desgraciadamente predominan en ambas
geografías. En Tenerife hemos pasado de cultivar
Es aquí donde debemos
de hacer una seria y profunda reflexión y comparar la situación del Peloponeso griego con la realidad de Tenerife y Canarias.
¿Cuáles son los costes económicos y ambientales de una sociedad desarraigada,
con una población que reside en el campo pero que ignora la gestión y la
responsabilidad de su entorno? Una sociedad que en nombre del libre comercio y
de la aldea global importa los alimentos del exterior y que no defiende las
producciones locales -en las que incluimos las cabras que se alimentaban con
forrajes importados cuando antaño le quitaban a la piel de
Hemos visto opiniones
generalizadas que han salido en los medios que solo entienden que la prevención
y la extinción del fuego pasa por tener más equipos humanos y materiales. Es
desde este ámbito y en el marco de un debate que no entre en la dicotomía de lo
urbano-rural, donde debemos hacer una amplia reflexión para hacer un cambio en
los valores medioambientales que hemos utilizado hasta ahora, revalorizando un
medio olvidado y maltratado como es el rural en nombre de una modernidad y un
progreso mal entendido y reconociendo que
Por último, agradecer
y reconocer una vez más el trabajo bien hecho de los ayuntamientos, distintas
administraciones, vecinos, personal de Medio Ambiente, Policías Locales,
Guardia Civil, Ejército, Policía Nacional, que a través de una perfecta
coordinación con el centro coordinador de Medio Ambiente, (CECOPIN), evacuaron
en un tiempo récord a 8.000 personas de las áreas incendiadas con un peligro
potencial de daños en las personas, impidiendo así lo que desgraciadamente no
se pudo evitar en el país heleno.