GREGUERÍAS DE PAULINO Y LOS CALDOS CANARIOS

 

Fidel Campo Sánchez

 

¡Asombroso e intolerable, el vino canario ni en la comida del derbi¡ Calificativo que aplicamos cuando tuvimos conocimiento que en el almuerzo, entre el CD Tenerife y la UD de Las Palmas, los eternos rivales, con la presencia del “hiperbólico” Paulino Rivero, en el que lejos de servirse un vino canario, de nuestra tierra, “paradójicamente” se sirvió esa bebida obtenida de la destilación de la uva de marca de la Rioja (España) cuya actitud, que no aptitud nos permitimos señalar como la “metáfora” del godo canario.

 

En el presente nos hemos permitido hacer referencia al género literario original de Ramón Gómez de la Serna, quien se movía en el intermedio, entre el aforismo y la metáfora en actitud crítica, que era lo suyo frente a algunos escritores “noventayochistas”.

 

La “metáfora” de las greguerías de Paulino. -no pretendemos cometer sacrilegio contra la obra de Gómez de la Serna- nos permiten guiarnos por el terreno literario en el que se mueven las mismas para ubicar a este propagador del “nacionalismo español”, en estas ínsulas y situarlo en lo “paradójico e hiperbólico” de todos esos falsos nacionalistas canarios que padecen el síndrome del colonizado, ya que, en lugar de defender lo nuestro, nuestros buenos y excelentes caldos canarios a la hora del yantar y la francachela, se permiten hacerlo con vinos de allende los mares y lo que es mucho peor, según dicen las malas lenguas, ¡que haberlas haylas¡, el contenido de los recipientes se haga con vino isleño y etiquetas riojanas. Estas operaciones impresentables a todas luces vista, van no sólo en detrimento de la buena calidad de los caldos canarios sino que, además, contribuyen a que miles de viticultores y bodegueros se vean obligados a tener que abandonar sus viñedos, sacados adelante a base de trabajo y mucho sacrificio para acreditar marcas, pues los vinos canarios, concretamente los malvasías canarios eran  exportados, muy apreciados y valorados en el mundo, desde siglos ha.

 

Nuestros viticultores, aunque es también la agricultura en general, se ven abandonados y mal considerados por esos políticos, nuestros empleados, habida cuenta que nunca han sabido valorar el trabajo de los que viven de la guataca, de la que ellos como descendientes y desertores del arado de tantos y tantos siervos de la gleba que no podían abandonar la tierra sin el consentimiento del señor dueño de las mismas pasan olímpicamente, ¡lamentablemente! Esos políticos pasan olímpicamente, convirtiendo una parte de la Agricultura en la hermana huérfana y desheredada de las ayudas europeas frente a las millonarias ayudas a los cultivadores del plátano, los grandes que son los que se llevan la gran tajada frente a las migajas de los pequeños. Lo de siempre en aquellos que infravaloran los temas sociales y se enrocan en ficticias castas de neo-oligarcas, enemigos del pueblo soberano.

 

* LA LAGUNA