La lista de
Alexandro Saco
Cada época construye sus leprosos, sus
locos, sus perversos, sus desviados. Hoy lo que hemos construido son terroristas.
¿Qué es lo que se discute? La
categorización del MRTA como terrorista. No. Lo que cada vez es más claro son
los límites y grietas de lo que conocemos como democracia. El Estado y su
democracia, asumen que poseen el uso legítimo de la violencia. Entonces, las
demás violencias se convierten en ilegitimas por no ser reconocidas legalmente.
Y volvemos al inicio, el reconocimiento plasmado en un documento o norma de una
situación real o no. El MRTA como tal no existe. Por el contrario las
violencias sí existen, sean legítimas o no, vistas desde diferentes
perspectivas. APRODEH ha dicho lo que cabía.
Esas violencias son diversas.
Una proviene del Estado y sobrepasa su atribución de control y seguridad. Otra,
en muchos casos en la misma dirección que la anterior, proviene de un ejercicio
de la información cómplice, y de un eco de medios incapaces de cuestionar la
democracia. Pero la democracia necesita ser vista a través de sus quiebres, de
sus sombras, de sus contradicciones. Si se afirma que ese es el sistema
adecuado para convivir, lo menos que debemos hacer es analizar lo que produce.
La democracia es responsable de las violencias que pretende negar.
Se supone que la de democracia
es un sistema de ordenamiento de las relaciones. No es el estadio final de la
evolución humana, si es que aceptamos que la civilización evoluciona. Y si
fuera así, la democracia de hoy deberá quedar atrás para abrir el canal a algo
mejor. Pero como la historia no es superación sino repetición, sacralizar un
sistema en determinado tiempo es una contradicción. La discusión entonces no es
por la lista de grupos terroristas de
La democracia no puede
controlar ni someter a las violencias; éstas están en todas partes de lo
público y lo privado. La guerra que la democracia dice despreciar es ya parte
de su desarrollo. Y la guerra tiene muchas formas. La democracia hoy en el Perú
propicia la guerra que estamos atravesando. Una guerra que muestra con una luz
potente que el camino elegido por los gobiernos es el que limita la democracia.
No hay mejor manera de fortalecer las violencias no estatales que usando la
violencia estatal; y más aun si, como siempre sucede, esa violencia se
enmascara en sabe Dios qué nueva ocurrencia.
Si uno arroja luz sobre las
sombras de la democracia, y su incapacidad para controlar las violencias o
motivos para generarlas, será acusado de fachada de lo que fuere. Pero ese es
un asunto baladí. Al contrario, mientras más temprano esas grietas sean
expuestas más rápido será el paso a la siguiente etapa, mejor o peor, que le
toque vivir al país o al mundo. Algunos dicen que las democracias no se hacen
la guerra entre sí; qué necesidad tendrían de eso con decenas de países en
llamas porque la democracia se debe irradiar.
Cada época construye sus
leprosos, sus locos, sus perversos, sus desviados. Hoy lo que hemos construido son terroristas. Nuestra sombra los alumbra y nos esclarece.
Pretendemos negarlos, encerrarlos, echarles la culpa de todo y arrastrar en eso
a Melisa Patiño o a muchos sin nombre como los de Majaz.
Los demócratas son los que asesinan una aspiración motivadora de vivir mejor; amparados
o recurriendo a listas y reconocimientos en papeles que se los lleva el viento
y en una legalidad para mucho intrascendente*,
han dejado sin contenido lo que alguna vez fue auroral.
El soberano Rey fue despojado
de su absoluto poder para entregárselo al Estado. Pero el Estado no pudo dejar
de lado la soberanía que lo une al rey y justifica sus aberraciones en su poder
soberano. Estado y democracia como justificación de superación no funcionan. Si
hay cosas rescatables de la democracia estas serán salvadas luego de despojarla
de su centro avasallante. La democracia capitalista por ningún lado es el fin
de la historia. La guerra es continua y en ese marco el MRTA en la lista de
*El afán de reconocimiento
legal o formal no se limita al caso de las listas negras ni de los grados de
inversión, sino que es ahí a donde se ha traslado la lucha. Todos quieren ser
reconocidos legalmente. Creen que la legalidad fortalece, organiza, cambia
realidades. Nuestro castillo de naipes legal nacional o global hace más difícil
aminorar la intensidad de las violencias y de las guerras.
Alexandro Saco
25 4 2008