LA GUERRA DE IRAK Y EL CORRALITO QUE VIENE

 

Teodoro Santana

 

Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal estadounidense, reconoce ahora que la guerra contra Irak se hizo por el petróleo. A buenas horas mangas verdes. Y como si él no tuviera nada que ver con el asunto.


Lo cierto es que la guerra, convertida en un agujero sin fondo, está arruinando a EEUU. El déficit público norteamericano está fuera de control (y, en gran parte, en manos chinas). Eso unido a los recortes en programas sociales está provocando la escasez de dinero circulante y de capacidad de consumo de los ciudadanos estadounidenses. El paro crece. Y también los impagados.


Pero al consumir menos el mercado norteamericano, y al devaluarse cada vez más el dólar, caen las exportaciones al mayor mercado consumidor del mundo desde el resto de países. La crisis se exporta.


Por si fuera poco, los réditos en petróleo de la guerra tampoco funcionan. La Resistencia nacional irakí sabotea constantemente la extracción y la distribución del crudo. La contención de los precios del crudo con políticas monetaristas –con el inestimable apoyo del Banco Central Europeo– ya no dan para más. Salvo unas pocas compañías como Halliburton y las empresas de contratación de mercenarios, el resto no ha sacado nada en claro de Irak.


La disputa por el petróleo y otras materias primas se ha recrudecido en todo el globo, forzada por el gigantesco aumento del consumo que exige el acelerado crecimiento chino. África vuelve a cobrar una inusitada importancia como fuente de recursos, y su disputa se está volviendo feroz. Rusia, que se recupera lentamente, se hace cada vez más consciente del poder de su petróleo y de su gas.


Paralelamente, las grandes corporaciones petroleras han puesto en marcha la estrategia de la generalización de los biocombustibles. Esta medida ecológica” cumple dos funciones. Por una parte, alarga la duración de las reservas de petróleo. Por otra, reestablece posiciones de dominio sobre los países agrícolas, que quedan totalmente dependientes de las ofertas de compra de los nuevos monocultivos.


La consecuencia es la carestía de los productos agrícolas y ganaderos. Al gastar más en la cesta de la compra queda menos dinero para consumir otros productos. Al aumentar los tipos de interés, préstamos financieros tan generalizados como las hipotecas agravan la sobrecarga familiar y reduce aún más el dinero disponible para otros gastos.


Al haber menos consumo hay que reducir la producción. Y eso significa más trabajadores a la calle. El aumento del desempleo, a su vez, vuelve a reducir el consumo. La bola de nieve de la crisis capitalista ya está rodando. Los expertos más serios hablan de que va a ser peor que la de 1973.


¿Por qué no hay liquidez? ¿Dónde está el dinero? Pues está en papel, en pisos vacíos sin posibilidad de venta, en préstamos de difícil cobro… Por no hablar de yates de lujo o paraísos fiscales. O la RIC, cuyas cifras en impuestos impagados ya son astronómicas.


Ante esa falta de liquidez –con el precedente de colas en importantes bancos europeos para sacar el dinero– ya hay quién habla de la necesidad de un corralito. Es decir, limitar a una cantidad reducida el importe que cada uno pueda sacar de su cuenta corriente al mes, para garantizar que los bancos dispongan de cash.


La dependencia de Canarias, nos sitúa en peores condiciones para afrontar la crisis. Todos los indicadores económicos y sociales de nuestro país son para echarse a temblar. Pero, sobre todo, es de temer el endurecimiento de las condiciones de vida y trabajo que un sindicalismo mayoritario totalmente vendido va a facilitar.


Pintan bastos. Fundamentalmente porque aún no tenemos la organización capaz de articular la respuesta popular a la que empieza a caer. Y la tarea es urgente.

 

(*) Teodoro Santana es miembro del Consejo Nacional de UNIDAD DEL PUEBLO.

consejonacional@unidaddelpueblo.org