Teodoro Santana
Alan Greenspan,
ex director de
Lo cierto es que la guerra, convertida en un agujero sin fondo, está arruinando
a EEUU. El déficit público norteamericano está fuera de control (y, en gran
parte, en manos chinas). Eso unido a los recortes en programas sociales está
provocando la escasez de dinero circulante y de capacidad de consumo de los
ciudadanos estadounidenses. El paro crece. Y también los impagados.
Pero al consumir menos el mercado norteamericano, y al devaluarse cada vez más
el dólar, caen las exportaciones al mayor mercado consumidor del mundo desde el
resto de países. La crisis se exporta.
Por si fuera poco, los réditos en petróleo de la guerra tampoco funcionan.
La disputa por el petróleo y otras materias primas se ha recrudecido en todo el
globo, forzada por el gigantesco aumento del consumo que exige el acelerado
crecimiento chino. África vuelve a cobrar una inusitada importancia como fuente
de recursos, y su disputa se está volviendo feroz. Rusia, que se recupera
lentamente, se hace cada vez más consciente del poder de su petróleo y de su
gas.
Paralelamente, las grandes corporaciones petroleras han puesto en marcha la
estrategia de la generalización de los biocombustibles.
Esta medida ”ecológica” cumple dos
funciones. Por una parte, alarga la duración de las reservas de petróleo. Por
otra, reestablece posiciones de dominio sobre los países agrícolas, que quedan
totalmente dependientes de las ofertas de compra de los nuevos monocultivos.
La consecuencia es la carestía de los productos agrícolas y ganaderos. Al
gastar más en la cesta de la compra queda menos dinero para consumir otros
productos. Al aumentar los tipos de interés, préstamos financieros tan
generalizados como las hipotecas agravan la sobrecarga familiar y reduce aún
más el dinero disponible para otros gastos.
Al haber menos consumo hay que reducir la producción. Y eso significa más
trabajadores a la calle. El aumento del desempleo, a su vez, vuelve a reducir
el consumo. La bola de nieve de la crisis capitalista ya está rodando. Los
expertos más serios hablan de que va a ser peor que la de 1973.
¿Por qué no hay liquidez? ¿Dónde está el dinero? Pues está en papel, en pisos
vacíos sin posibilidad de venta, en préstamos de difícil cobro… Por no hablar
de yates de lujo o paraísos fiscales. O
Ante esa falta de liquidez –con el precedente de colas en importantes bancos
europeos para sacar el dinero– ya hay quién habla de
la necesidad de un corralito. Es decir, limitar a una cantidad
reducida el importe que cada uno pueda sacar de su cuenta corriente al mes,
para garantizar que los bancos dispongan de cash.
La dependencia de Canarias, nos sitúa en peores condiciones para afrontar la
crisis. Todos los indicadores económicos y sociales de nuestro país son para
echarse a temblar. Pero, sobre todo, es de temer el endurecimiento de las
condiciones de vida y trabajo que un sindicalismo mayoritario totalmente vendido
va a facilitar.
Pintan bastos. Fundamentalmente porque aún no tenemos la organización capaz de
articular la respuesta popular a la que empieza a caer. Y la tarea es urgente.
(*) Teodoro Santana es miembro del Consejo
Nacional de UNIDAD
DEL PUEBLO.
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consejonacional@unidaddelpueblo.org |
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