Harimaguada
Agapito de Cruz Franco
En el mundo aborigen isleño, las harimaguadas
eran las jóvenes dedicadas al culto y relacionadas
con los ritos de paso de la niñez a la madurez. Su nombre fue elegido en 1980
para un proyecto que uniría la cultura canaria con el hecho de ser hombre y
mujer en la sociedad actual. En realidad había nacido en 1978, cuando personas
de Magisterio, Psicología y Pedagogía de
Mari Bolaños, una de sus fundadoras, cuenta que en ello también
influyó el encuentro en Madrid en 1984 con el Catedrático de
La socialdemocracia había dejado atrás el franquismo,
y soplaban aires de cambio. En Canarias,
Sin dejar el mundo de la educación, se expandió a toda
la sociedad. Entraron en escena las Consejerías de Sanidad y Asuntos Sociales
con el “Primer plan canario de atención a la sexualidad juvenil 1996-2000”: campañas
de TV, masters a profesionales, consultas de jóvenes,
tfno de información sexual etc.
Pero tras este I Plan, el silencio. El voluntarismo
perpetuó algunos centros de consultas, mientras el Gobierno lo desmantelaba,
entregando los servicios a subcontratas más baratas, sin preparación ni
relación alguna con la educación o la innovación pedagógica. En 2003
Fiel a su identidad, el colectivo continuó su
actividad de forma gratuita y sin subvención alguna. En 2006 recibía el “Premio
8 de marzo” a su labor. Hoy, con sede en la calle San Agustín de
La escuela, donde había surgido, de creer en el cambio
pasó a un modelo educativo del que está ausente la innovación, presente la
falta de apoyo institucional hacia la misma y teledirigido a la simple transmisión
de conocimientos. La sociedad también terminaría cambiando. Internet, videojuegos
o medios de comunicación han conformado un sistema de consumo seguido por una juventud
que no está capacitada para asumirlo y a la que se le ofrece un ambiente erotizado
pero no de una sexualidad libre y placentera. Contra-valores como xenofobia,
violencia o explotación sexual y humana corren pareja con la hipocresía
institucional: celebraciones que no rebasan los carteles publicitarios, actos
institucionales y anuncios televisivos color pastel. La familia parece no poder
compatibilizar su proyecto vital con su rol educativo, descargando en la
escuela funciones que no son propias de
esta. Escuela, donde las leyes hacen que en lugar de educar para la vida se haga
para el trabajo y bajo la dictadura del Mercado.
En este contexto, el agua fresca y clara de “Harimaguada” sigue fluyendo para hacer reverdecer el
futuro. Frente a los agoreros del mal, los banalizadores
del sexo, la represión religiosa o la jaula de hierro de la burocracia, su
labor conserva el asombro y la semilla que hacen posible el amor y la vida.