HISTERIA SACROFRANQUISTA
Agustín
Mora
Pues sí que se han cabreado de veras. Y enseñan los
dientes (para ocultar o disimular su tremenda estupidez, supongo) y vociferan,
amenazan e insultan…
Anonadado estoy; asustado e inquieto, mientras escribo
esto. El bolígrafo tiembla en mi mano y el sudor empapa mi frente. Hasta el
papel se muestra remiso para recoger una sola frase mía.
Se me ocurrió hace unos días, reivindicar a las
víctimas republicanas de la Guerra Civil y la dictadura franquista en
sendos artículos (“La ilegalidad” y “Barrabasadas”), denunciando la
conocida existencia de fosas comunes que acogen, de manera indigna y al más
puro estilo nazi, a decenas y decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas
exterminados por defender la legalidad democrática de una República que
los ascendientes de estos que ahora babosean con sus ladridos, ahogaron en
sangre. Y se han cabreado tanto que dejan caer que vienen a por mí. “…Bien
lo sabéis. Vendrán/por ti, por ti, por mí, por todos/. Y también por ti…” (Blas
de Otero). Vamos, que me recomiendan los hijos de… aquellos que me ponga a “cavar
más fosas”. Y me “odian”, y “no perdonan” (ellos, que
tendrían que ser los perdonados) ni “cierran heridas” en base a la justicia
y la verdad.
Y es que “estoy lleno de rencor” (y yo… sin
saberlo); y es que
¿Cómo se me ocurre ser tan “vengativo” y hablar
sólo de los horrendos crímenes fascistas y no hablar de los cometidos por el Frente
Popular contra la Iglesia Católica, por ejemplo?
Se han cabreado de veras, si. Y me cuentan que escribo
lo que escribo porque lo que “quiero es otra Guerra Civil”, otra “partida”
por “revanchista” que soy. ”Y la tendremos”, aúllan. Y que no me
piense yo –pobre de mí- que la vamos a ganar los “sedientos de venganza”.
Si en aquella “partida” hubo muchos muertos, ahora serán muchos más…
Y yo no sé si seguir escribiendo sobre esto para
evitar que, por “mi culpa”, nos surja otro “salvador de la masonería y
el comunismo” y figuremos en los documentales del “NATIONAL GEOGRAPHIC”
(amenaza otro “demócrata”) por tantas fosas como tendríamos que cavar.
Y, haber ¿por qué esta manía que tengo de reírme de
tanto miedo como me dan estos bufones de camisa azul y sacristía? Lo normal
sería estar “acongojado” (no sé si se escribe así), pedir perdón a los fascistas
asesinos y rellenar las fosas comunes con hormigón armado (“armado”, en todas
sus acepciones). Y, claro, ir a la parroquia más cercana y rezar por esa
Iglesia “tan maltratada” por las “hordas rojas” y por sus
víctimas. Víctimas… sí, de la violencia que ellos mismos desataron.
Esa Iglesia que por sus propios, mezquinos e inmensos
intereses era enemiga acérrima de la II República. Que tenía en sus
manos, mejor dicho, en su poder, un tercio de la riqueza nacional; que
controlaba la educación, teniendo en el analfabetismo a la mitad de la
población española en el año 1931. También una Iglesia que sufrió en sus arcas
el más terrible golpe que el gobierno republicano le pudiera dar al cortarle el
chorro de las subvenciones con la “Declaración de separación Iglesia-Estado”.
“España ha dejado de ser católica”, declaró Manuel Azaña el día 13 de octubre de 1931.
Si, tendría que estar muy asustado y orar por esas
6.832 víctimas religiosas (más o menos) del “genocidio” republicano. Algunas de
ellas, curas con pistola bajo la sotana, que guardaban armas en las sacristías
y que las disparaban contra el pueblo desde los campanarios de las iglesias.
6.832 religiosos (frente a los cientos de miles republicanos) que sí están
identificados, enterrados dignamente y reconocidos. Muchos de ellos
beatificados.
Y es que es para estar asustado, de verdad, al
comprobar cómo setenta años después los hijos de… aquellos no solamente no han
centrifugado su historia con lejía y amoniaco, sino que vuelven con los
correajes y el aceite de ricino dispuestos a seguir dando “café”. Y de
nuevo con el paraguas de
Esa Iglesia que bendecía armas y soldados, que rezaba
por la victoria de Franco y depuraba de “rojos y ateos” la retaguardia en las
ciudades; que “vigilaba” la castidad de las mujeres, la asistencia obligatoria
a las misas, que cantaba fascistas en las escuelas o perseguía, encarcelaba o
expulsaba a los maestros con ideas “liberales”.
Para reponernos de tanto miedo y calmar la angustia,
desde este artículo animo a los lectores a presenciar la película “Los
girasoles ciegos”, de José Luis Cuerda, basada en la novela del mismo
título del escritor Alberto Méndez (Edit.
Anagrama). Tendrán en esta película una visión muy clara del “sufrimiento” del
clero franquista.
No sé qué pensarán los valientes de las amenazas, el
odio y el rencor fascista pero veo que, según voy escribiendo, el miedo se
esfuma y ya el pobre bolígrafo se mantiene firme en mi mano. Tal vez haya sido
la película que cité más arriba o, quizás, la indignación que me produce ver
cómo ni esos hijos… de aquellos tratan a todos los religiosos por igual. Nunca
se oyó una voz, ¡ni una sola!, por parte de los bufones de azul o de la
jerarquía eclesiástica, defendiendo la postura católica, coherente, humana de
los religiosos asesinados por los franquistas.
Es posible que no quieran saber que los verdugos de
Franco asesinaron en el País Vasco a 16 religiosos en un mes de octubre de
1936. Evidentemente, tampoco han sido propuestos para su beatificación como “mártires”.
No alcanzaron ese “status” y se quedaron como “curas rojos” cuando para
los fascistas era rojo todo aquello que se manifestara con dignidad. Como
tampoco lo alcanzaron los curas asesinados por los “cruzados” en Aragón,
Galicia,
A tenor de como comenzaba este artículo sí que me
estoy mereciendo un escarmiento y me van a mandar a cavar nuevas fosas; o me
van a acusar de querer otra Guerra Civil. La tranquilidad que me queda es que,
paso a paso,
Estaban muy felices y tranquilos con el supuesto
olvido colectivo. No hay tal.
Y como dije la semana pasada y repito ahora:
Ni olvido ni perdón. Justicia.
28-09-08