Historia del
futuro
Juan Manuel
García Ramos
Las nocheviejas, o sus vísperas, son
propensas a recuentos del pasado y a planificaciones de futuro. Rematé la
lectura del libro Breve historia del futuro, del ex consejero personal
de Miterrand y actual asesor para temas económicos de
Nicolás Sarkozy, Jacques Attali,
además de economista y escritor de éxito, durante la jornada del veinticinco de
diciembre pasado, con alguna mirada distraída a los telediarios para enterarme
de que Jesús no había nacido en Belén, como sostienen los evangelios apócrifos,
sino en Nazaret, como nos dejó dicho san Mateo en su texto canónico, y ahora
recalca Benedicto XVI, que de eso sabe.
Jacques Attali, fundador también del Banco Europeo de
Reconstrucción y Desarrollo, conocido como "banco de los pobres", ha
sido acusado por sus detractores de "quimérico", y sus libros de
"simples utopías".
Pero algo tendrá el santo cuando lo bendicen y Jacques Attali
fue responsable nada menos que de la organización de once cumbres del G-8, el
grupo de países más industrializados del mundo y con un peso económico,
político y militar incuestionable.
Es decir, Attali no se ha movido sólo en la reflexión
personal y en la escritura, más o menos narcisista, sino que ha intervenido e
interviene directamente en las tribunas donde se toman decisiones muy
trascendentales para el futuro de la humanidad.
En su último libro, Breve historia del futuro, Attali
se impone narrarnos lo que sucederá dentro de cincuenta años con el mundo y se
basa, para tal predicción, en un análisis pormenorizado y secuenciado de lo que
ha sido la historia del capitalismo que llega a nuestros días y arranca en la
ciudad de Brujas alrededor del año 1200 de nuestra era, constituida como
corazón económico y mercantil donde se reúne en un momento determinado una
clase creativa formada por armadores, industriales, mercaderes, técnicos,
financieros, caracterizados todos por el gusto por lo nuevo y por su pasión
descubridora.
Desde ese año 1200 hasta nuestros días, según Attali,
se han dado nueve desplazamientos de esos centros de gravedad económica
mundial, de esas nueve formas sucesivas, que van desde la misma Brujas, hasta
Venecia, Amberes, Génova, Ámsterdam, Londres, Boston, Nueva York y Los Ángeles,
a partir de 1080.
La mayor parte de la historia económica, técnica, cultural, política y militar
de los siete últimos siglos se explica por las estrategias empleadas por las
grandes potencias para convertirse en el corazón del cuerpo planetario.
Y en ese circuito de vigorosas influencias, los mares y los océanos han sido
pilares básicos, desde el Mediterráneo hasta el Pacífico.
Desde 1990 el comercio transpacífico ya superaba en un cincuenta por ciento el comercio
trasatlántico. En el Pacífico se efectuaba la mitad del comercio mundial. Nueve
de los doce puertos más grandes del mundo están situados en el litoral asiático
del Pacífico, y la mayor parte del transporte aéreo de mercancías del planeta
atraviesa este océano.
Según Attali, el Estado de California, poblado por
treinta y cinco millones de personas desde San Francisco a Los Ángeles, desde Holliwood a Silicon Valley, no es un lugar casual: es allí donde se
descubrieron antaño minas de oro, donde se originaron la industria del petróleo
y el cine, donde fueron a parar los estadounidenses más aventureros, los héroes
y los antihéroes de la conquista del oeste, donde se estableció la industria de
la electrónica y de la aeronáutica, donde se encuentran las mejores
universidades y centros de investigación, donde fueron a reunirse los talentos
de la industria del entretenimiento, de la música y los inventores de todas las
tecnologías de la información.
Aunque Los Ángeles seguirá siendo el centro cultural, tecnológico e industrial
de Estados Unidos por lo menos durante los próximos dos decenios, así como
Washington será la capital política y Nueva York, la metrópoli financiera, esa
novena forma del Orden mercantil localizada en Los Ángeles ha empezado, no obstante,
a sufrir un retroceso en cuanto a su influencia internacional, y el sistema
financiero norteamericano exige rentabilidades a la industria que ésta no puede
satisfacer. En consecuencia, los automóviles, los electrodomésticos, los
televisores y los teléfonos estadounidenses no son ya, en cuanto a calidad, los
mejores del mundo. Asia acecha.
A pesar de todo, Estados Unidos conservará durante mucho tiempo el control de
las tecnologías de la defensa, del transporte de datos, de la microelectrónica,
de la energía, de las telecomunicaciones, de la aeronáutica
Y después de esa hegemonía americana, Attali prevé el
surgimiento de un mundo sin centros reconocidos donde el mercado se superpondrá
a la democracia, a las estructuras estatales y a las naciones, donde lo privado
sustituirá a lo público en áreas impensables como la educación, la sanidad, la seguridad,
los sistemas monetarios.
A ese hipermercado incapaz de atajar la pobreza, el paro y la marginalidad, le
responderá un hiperconflicto donde los dejados al
margen combatirán por su supervivencia desde sus radicalizadas convicciones
religiosas (
Una tercera ola, después del hipermercado y del hiperconflicto,
nos traerá la hiperdemocracia, una democracia mundial
que habrá aprendido de los errores cometidos en cuanto a la creciente
separación entre los más ricos y los más pobres, la comisión de actos
terroristas cada vez más incomprensibles, la dictadura de bancos y compañías de
seguros, el desquiciamiento del clima, la falta de agua y de petróleo, el
incremento de la delincuencia urbana, la sucesión de crisis financieras, las
olas de inmigración indigeribles por los países de
acogida, las tecnologías cada vez más mortíferas...
Los desastres nos harán reflexionar una vez más.
Esa puede ser la historia adelantada de los próximos cincuenta años de la
humanidad. Con esos cursos y recursos; aunque Attali
apele al sentido común de todos nosotros para vaticinar un final no tan
apocalíptico como el esperado.
La etapa más fatalista de todas las anunciadas dentro del imperio del mercado
por el mercado, cuando ya nuestros pensamientos y nuestros sentimientos se
hayan convertido en pura mercancía, es la que inspira a Attali
el párrafo más terrible de su libro, del que entresaco y altero algunas frases:
"La soledad comenzará desde la infancia. Ya nadie podrá obligar a los
padres a respetar y a amar a sus hijos el tiempo suficiente para educarles.
Adultos precoces, los más jóvenes padecerán una soledad que ninguna memoria de
las sociedades anteriores será capaz de compensar. Asimismo, un número cada vez
mayor de personas ancianas, que vivirán más y, por tanto, estarán más tiempo a
solas que en el pasado, llegarán un día a no conocer a nadie entre los
vivos...".
"El mundo no será entonces más que una yuxtaposición de soledades, y el
amor, una yuxtaposición de masturbaciones".
Esperemos que las cosas nunca vayan por ahí.