Hogueras
“La hoguera/
la hoguera/ la hoguera.
La hoguera tiene/ qué sé yo
que solo lo/ tiene la
hoguera”
Javier
Krahe
Agapito
de Cruz Franco
Después de
El recurso sanjuanesco del fuego no hay manera de quitárnoslo de la
cabeza. Ni siquiera en estos tiempos de suicidio carbónico. A ver si empezamos
a entender que, aparte de la contaminación por combustión, quemar símbolos o
ideas, no significa que desaparezcan. Como mínimo, se transforman. Lo dijeron
ya los antiguos griegos. Que se lo habían oído decir a los viejos asirios. Y
estos a su vez a los egipcios, quienes lo habían aprendido de los sumerios,
hace más de 11.000 años, cuando se inventaron las ciudades y el lenguaje.
Mucho tiempo después, eso sí, de haber sido descubierto el fuego por uno de
los animales más salvajes y
acalorados que existen.
En
En Rusia, fue tanto el fuego calcinando una y otra vez Moscú, que su
Plaza más emblemática terminaría llamándose Plaza Roja, en honor al fuego
que constantemente se llevaba por delante las casas hechas con madera de la
taiga siberiana. Rojo, que como color propio del poder imperial, terminaría
heredando el marxismo estalinismo abrasador. Las últimas hogueras más
significativas son las que hacían los curas en el franquismo durante el Rosario
de
A lo largo de la historia, las guerras llevaban implícito arrasar a
sangre y fuego las ciudades, a no ser que se renunciara a ello sembrándolas de
sal para que no creciera ni el rabo de gato. En la actualidad el fuego de las
bombas inteligentes del Imperio o del
imperialismo fanático del terror, ha rasgado
muchas noches de miedo sobre sociedades inocentes a lo largo de los cuatro
puntos cardinales del Planeta.
El fuego, como estrategia política, ha sido siempre el recurso de los
cobardes. Baja autoestima de totalitarismos e ideologías trasnochadas. En USA
el “Ku-Kus-Klan” del only english
racista liquidaba a los negros bajo la encrucijada luz de una antorcha. Quemarse
a lo bonzo reivindicando el martirio por algo o alguien no es de héroes sino de
suicidas. La última de las encendidas es la hoguera global, el cambio climático
que amenaza con abrasarnos a todos. Quien se ha pasado la historia quemando a
los otros era normal que terminara quemándose
a sí mismo.“Cruz, perro maldito, que
juya el demonio desnudo pa fuera”, decía el poeta y folklorista
orotavense Chucho Dorta Benahuya como
rezado ante las injusticias. Lo repetimos aquí, para que los demonios del ser
humano se lleven definitivamente sus hogueras purificadoras a los Infiernos.