HOMENAJE
DEL MOVIMIENTO POR

Dibujo
del ingeniero italiano Torriani: canarios en traje veraniego.
En Canarias, desde los tiempos más remotos, la población femenina tuvo
un enorme protagonismo. Espinosa (Del Origen y Milagros..., p 39) incluye
el siguiente texto:”Con unos cuernos de cabra o unas como palas de
tea...cavaban...o escarbaban la tierra y sembraban su cebada. Esto hacía el varón,
porque todo lo demás, hasta encerrarlo en los graneros o cuevas, era oficio de
las mujeres”.
“Las faenas
agrícolas, en particular la recolección y el almacenamiento, relacionadas con
la fertilidad, son funciones por lo común en manos femeninas”(Pérez Saavedra,
La mujer en
“Siendo la
cebada tostada y molida (gofio) la base de la alimentación aborigen, su cultivo
fue probablemente una actividad compartida, pues si bien la agricultura de
jardinería, junto al hogar, la iniciaron las mujeres, como complemento de la
recolección de plantas silvestres, la agricultura de arado fue labor masculina
(Pérez Saavedra, p 60).
“La tierra para sembrar a la primera lluvia aran con cuernos de cabrón,
sus granos de cebada, que las mujeres cogen, la espiga majan, aventan con las
manos y palos , tuestan y muelen “(Marín
y Cubas, p 155).
Lo mismo viene confirmado por Abreu Galindo:”Rasguñaban la
tierra los hombres y las mujeres derramaban en la tierra la que se había de
sembrar” (Hª de
Saavedra, al referirse a la mujer de Tamarant, dice lo siguiente:”Ya
hemos dicho que en esta isla se practicó una incipiente agricultura de regadío,
junto al pastoreo de ganado menor, recolección de plantas, pesca y marisqueo.
La mujer participaba en todas estas actividades, además de realizar las tareas
domésticas y criar a sus hijos”(Pérez Saavedra, p 136) y añade “Salvo
las labores más pesadas de roturar y arar la tierra, las mujeres realizaban
colectivamente, incluso acompañadas de canto, la siembra, recolección, trilla
y almacenamiento de los granos y frutos, cuya fecundidad propiciaba el sexo”.
El inglés Sir Edmond Scory, en sus “Observaciones sobre la isla de
Tenerife y el Pico del Teide” nos describe estas faenas agrícolas
realizadas por mujeres en forma de ritual, al esparcir las semillas (Bonnet,
Rev. El Museo Canario, 8. 1936).
Abreu y Galindo escribe en la p 160 de su Historia de
Sosa escribe:”Resevian para su sustentación ... ciertos frutos de
la tierra a manera de diezmos que les daban los vezinos i los encerraban i
guardaban en cuevas que tenían diputadas para ello y la iban gastando con su raçón
y quenta en todo el año”(Sosa, p 186).
Wölfel asevera acerca del Agadir o Cenobio de Valerón: “ Las
celdillas son los restos del edificio original...Se puede leer en varios
cronistas que con las harimaguadas se depositaban las cosechas...las celdillas
fueron depósitos de las cosechas, y en esto acertó el francés Marcy”(Wölfel,
Revista de Historia).
La función de
despenseras y administradoras de las harimaguadas está bien documentada a lo
largo de la historia.
Wölfel
claramente nos documenta la existencia de escuelas prehispánicas, con aspectos,
entre otros, evidentemente económicos y administrativos: “En Gran
Canaria junto a esta sacerdotisa suprema había todo un colegio de sacerdotisas,
al que estaba confiada la educación de las niñas y, quizás, la custodia de
las provisiones de alimentos”.(Wölfel, p 422).
Y no es la única referencia que encontramos en las crónicas: “Estos
eran maestros que iban a enseñar muchachos a los lugares; había nobles y
villanos para enseñar lo que conviniese a los villanos, y si había niños hábiles
los enviaban a Humiaya como a mayor Universidad” (Marín de Cubas,
p 205).
En la misma página encontramos el siguiente comentario:”En el lugar
de Gaete, junto a la casa de los mallorquines había una casa grande pintada por
dentro, que fue Seminario de doncellas hijas de nobles, que de toda la isla venían
allí para aprender como escuela”.
Y continúa la descripción:”Las maestras eran ancianas de buena
vida, hacían loza de barro o greda parda mezclada con arena, platos, gánigos o
barrencillos, pilones o cazolones para echar agua; untaban con almagra los
cuarteroncillos y bruñianlos con guijarros, cocían la loza en un hoyo en el
suelo cubierto de tierra o arena y encima mucho fuego, y salían buenos; sabían
moler a tahonilla la cebada tostada, que es un pan llamado gofio, cernían de
cuero agujerado muy sutilmente a fuego, y sabiendo estos oficios se podían
casar”(Marín de Cubas, p 206).
“Cierta porción
que algunos llamaban diezmos, otros renta o limosna, que se cobraba por cuenta
del Rey en todos los lugares donde había escuela o magua en quien se repartían
y depositaban estos frutos en cuevas, y tenían propósito para años
faltos; guardaban cantidades de higos pasados ensartados en juncos majados, hacían
de ellos pellas mezcladas con gofio y piñones, que cuando hacían sus labores
guardaban en ollas o tinajones”(Marín
de Cubas, p 207).
Pérez Saavedra añade :”No consideramos temerario
pensar que las harimaguadas tuviesen la misión de administrar y
custodiar los granos, frutos y simientes de los silos, que morasen junto a los
mismos y que tales funciones estuviesen relacionadas con el culto y los ritos de
fertilidad agraria” (Pérez Saavedra, p 145).
Bernáldez escribe: “e las mugeres exercitavan tanto el trabajo como
los hombres, e aún más”.
“Las hembras
atendían los animales domésticos próximos al hogar. El ganado tenía
cierto carácter sagrado en el culto a la fecundidad. Sus pieles las curtían y
cosían las mujeres” (Pérez Saavedra, p 138).
“La cerámica,
los tejidos y la pintura eran labores preferentemente femeninas, lo mismo que
las tareas domésticas, como la molturación del cereal (gofio), en molinos de
mano o en morteros de piedra” (Pérez
Saavedra, p 138).
Y añade Pérez Saavedra: “La pintura estaba íntimamente
relacionada con la cerámica a mano, con las pintaderas, el tejido y los
adornos, actividades eminentemente femeninas y con las que se plasman muchos
simbolismos de la magia y de la religión”.
Que bien acertado el siguiente comentario de Torriani:”La tela
tejida con hojas de palmera fue tan admirada por aquellos que la vieron, que su
inventora -que según dicen ellos...fue una mujer- merecía ser
celebrada...como...otra Aracne, famosa entre los poetas” (Torriani. Cap.
XXXIV).
Escribe Abreu Galindo acerca de la pesca: “Echábanse a nado hombres
y mujeres y muchachos...Si iban mujeres con sus hijos, tanta parte daban al hijo
como a la madre. Y si estaba la mujer preñada, le daban su parte a la
criatura que estaba en el vientre” (Abreu Galindo, p 160).
No nos dejemos engañar, no eran unos semisalvajes medio desnudos: en
nuestras playas y costas, en épocas estivales sobre todo, estaban en traje de
baño, igual que ahora, que desde luego parece más apropiado que aparecer en
nuestras playas vestidos con una armazón metálica.
En el Ovetense encontramos el siguiente comentario”Las mujeres hacían
esteras de junco majados para se cubrir y para colchones. Hacían también ollas
de barro grandes y pequeñas cazuelas y otras cosas en que comían. Sacaban
lumbre con dos palillos, bruñendo el uno con el otro. Tenían por toda la
tierra cosas proveídas con cebada y molinos pequeños de mano en que molerla”
(Ovetense, p 163, en Canarias: Crónicas de su Conquista).
“En
Las citas y referencias bibliográficas serían interminables. Para
abundar más en el tema remitimos al libro de Pérez Saavedra
Todo ello nos lleva a la conclusión, sobradamente conocida y vivida por
todos nosotros, de que en Canarias la mujeres siempre han sido, son y serán las
administradoras. Nuestras
mujeres deben recuperar el protagonismo, merecidamente ganado, que siempre
tuvieron en nuestra historia.

Bibliografía:
Abreu
Galindo, J. Historia de
Bonnet,
Revista El Museo Canario, 8, 1936.
Bernáldez,
A. Memorias del Reino de los Reyes Católicos. B.A. Españoles. Los capítulos
referentes a Canarias los recoge Morales Padrán, F en Canarias...Sevilla,
1978.
Bethencourt
Alfonso, J Costumbres Canarias de Nacimiento, Matrimonio y Muerte.
A.
C. T. 1985.
Canarias: Crónicas de su Conquista. Ed.
Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria(1978). Ovetense, pp 109-183.
Espinosa,
A. Del Origen y Milagros de
Marín
de Cubas, T. Historia de las Siete Islas de Canaria. Ed. Globo.1993.
Pérez
Saavedra, F.La Mujer en
Pérez
Vidal, J Estudios de Etnofgrafía y Folklore Canario. A. C. T. Cabildo
I de Tenerife. 1985. Sosa, J Topografía de
Tenerife(1884)
y Nueva Edición del Cabildo I. De Gran Canaria(1994).
Torriani.
L. Descripción de las Islas Canarias. Goya, Ed.S/C de Tenerife, 1959.
Wölfel,
en “Torriani...”, p 121. Nota J. Álvarez Delgado. Teide, p 58.
Wölfel,
Revista de Historia, Nº 105/8, 1954.