Desvergüenza y ’huertos eólicos’

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Ya tenemos al primer afroamericano, Barack Obama, como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, en medio de una aparente unidad de los demócratas, gracias al matrimonio Clinton. Su objetivo es "restaurar el liderazgo estadounidense en el mundo" y terminar con los ocho años de desastrosa gestión política, militar, económica y social de George W. Bush. ¿Podrá Obama romper el fuerte sentimiento racista de la conservadora sociedad norteamericana?


El golpe de mano de Putin contra Georgia se ha consolidado. Rusia ha reconocido como Estados las zonas georgianas separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, en medio de la incapacidad e inutilidad de la ONU, la Unión Europea o el G-7, que no han pasado de expresar débiles amenazas sobre un cambio en las relaciones o una nueva Guerra Fría. La meliflua visita de Sarkozy o las amenazas del Gobierno Bush, enviando ayuda humanitaria en buques de guerra, no significan nada para un personaje como Putin, que no solo ha acusado a Bush, de alentar a Georgia para que atacara la región autónoma de Osetia del Sur, sino también de organizar el conflicto para beneficiar la triste candidatura del republicano John McCain, acusado de apoyar todos los desaguisados de Bush.


En los últimos decenios, una gran mayoría de países desarrollados o en desarrollo vienen intentando la búsqueda de energías alternativas que alivien su excesiva dependencia económica de los países productores del petróleo y de las grandes empresas multinacionales, que controlan la producción y, cada vez más, especulan con los precios de los productos derivados del crudo con subidas injustificadas, ocasionando graves perjuicios a millones de ciudadanos de todo el mundo.


La caducidad en el tiempo de la explotación de los productos del petróleo, el elevado costo y difícil almacenamiento del hidrógeno líquido y los temores ciudadanos a la alternativa nuclear, con tristes experiencias de riesgo real y miles de víctimas -los frecuentes accidentes que se producen, por falta de inversión en seguridad, vertidos incontrolados o radiaciones nocivas, todo ello unido a las dificultades para la destrucción de los residuos o su almacenaje, con negativas consecuencias medioambientales-, nos están obligando a la búsqueda de nuevas alternativas, más duraderas y menos peligrosas y nocivas.

 

Las energías eólica y solar se consolidan como las más adecuadas para los desafíos y necesidades energéticas futuras, retrasar el cambio climático y proteger el medio ambiente. Todavía en mantillas, la energía eólica y solar generará este año más de 3.600 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 55% respecto al ejercicio anterior. Quizás por esto, como en el resto de las energías, los intentos de acumulación, el favoritismo, las presiones, la información privilegiada, el nepotismo, el amiguismo, el pago de comisiones y la corrupción política comienzan a socavar el deseado interés general que debiera fundamentar la concesión de licencias por parte de los poderes públicos. Pero me temo que son otros intereses los que presiden las concesiones.


Pese al silencio de la prensa cercana al PP y de la que pretende controlarlo y dirigirlo, hemos logrado saber que seis altos cargos del Gobierno de Castilla y León, del Partido Popular, se han visto obligados a dimitir, mientras siete funcionarios son investigados, por la concesión irregular de los denominados "huertos solares". Una auténtica trama que pretendía repartirse, entre sus familiares y amigos, el sustancioso negocio de la autorización o implantación de plantas de energía solar en León, Zamora y Valladolid. Decenas de concesiones se otorgaron a cargos del PP y sus familiares. León Javier Lasarte, cuyo apellido comienza a dar titularidad al caso, ha confesado que vendió siete de las múltiples concesiones conseguidas a una empresa alemana.


Esta fiebre fotovoltaica se inició hace cuatro años, cuando Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León y hombre de confianza de Mariano Rajoy, aprobó una nueva legislación que concedía sustanciosas subvenciones públicas a los titulares de los "huertos solares" y obligaba a las compañías eléctricas a comprar la energía producida en ellos. Esperando a la actuación de la Justicia, hemos de reconocer que la corrupción, en todas sus variantes, producidas en Castilla y León no es mérito de los líderes del Partido Popular. Simplemente, han copiado lo sucedido en Canarias con anterioridad.


Hace unos años, desde la Consejería de Industria, a cuyo frente estaba Luis Soria, hermano del presidente del PP de Canarias y actual vicepresidente del Gobierno canario, José Manuel Soria, se enviaron varios faxes a conocidos empresarios, cercanos al PP, facilitándoles las condiciones del concurso público para la concesión de parques eólicos meses antes de convocarse. Tuve acceso a alguno de los faxes y los enseñé y leí en el programa de televisió Denuncia pública, en Canal 8. Todavía los conservo.


La suspensión de un magistrado y las sospechas generalizadas sobre las irregularidades, tráfico de influencias e información privilegiada que rodeó el concurso eólico culminó con la detención de siete cargos públicos del PP, varios empresarios y la petición de una comisión de investigación parlamentaria, mientras se elevaba el tono de las acusaciones entre los dirigentes políticos de CC y PP, socios en el Gobierno, hasta unos meses antes. Poco después, el PP, con la intención de anular la acción de esa comisión, pidió la constitución de otra comisión parlamentaria para investigar las 29 irregularidades denunciadas en la gestión de la Agencia Tributaria.


Poco después, los canarios tuvimos que ser testigos del vergonzante pacto entre PP y CC que, sin disimulos, negociaron la disolución de las dos comisiones de investigación parlamentaria, para tapar sus respectivas responsabilidades, en ambos casos de corrupción, conocidas como el caso Amorós, que afectaba al núcleo de poder del Gobierno de Coalición Canaria, y la denominada trama eólica, diseñada, preparada y ejecutada desde la propia Consejería de Industria para beneficiar a empresarios cercanos al PP, a cambio de suculentas comisiones. El escándalo alcanzó el Parlamento canario, donde CC y PP escenificaron su mayoría para concluir un acuerdo bochornoso y vergonzante. Cuatro años después, todavía esperamos alguna decisión judicial.


Canarias, años después, con el mayor número de horas de sol, no tiene una estructura de aprovechamiento destacable. Es más, según el PSC, el Gobierno canario ha perdido 79 millones de euros, concedidos por el Estado, para la instalación de energía eólica, por culpa de la desidia, incapacidad e ineficacia, después de once meses sin resolver el nuevo concurso. ¿Qué ocurre, existen dificultades para gobernar con objetividad y honestidad?