Ideología
Juan Manuel
García Ramos
Muchas veces nos preocupamos en exceso por
definir el concepto de ideología sin apenas reparar en que con esa palabra
sólo nos referimos a un catálogo de objetivos políticos aún no cumplidos y por
los que una organización está dispuesta a trabajar.
Bien es verdad que las etapas de crisis económicas como la que vivimos en la
actualidad -yo personalmente no me acuerdo de una crisis de las dimensiones de
la que padecemos desde hace algunos meses, lo digo con mucho pesar, pero lo
creo así, y lo peor está por llegar-, no son muy propicias para aventar
ideales, principios y valores demasiado gaseosos, y se prestan más a que
hablemos de cuándo bajará de verdad el petróleo, cuándo el euríbor
regresará a los ventajosos dígitos de hace un par de años, cuándo le cambiará
el semblante al jefe de departamento de hipotecas de cualquier entidad
bancaria, cuándo los productos básicos de nuestra alimentación entrarán en
cintura, cuándo cesará la desconfianza empresarial, cuándo los emprendedores,
no los logreros, encontrarán financiación para sus sabidurías, cuándo nos
acostumbraremos a manejar el euro con la facilidad y resultas con que nos
movíamos con la peseta, cuándo el derecho al trabajo será el derecho
constitucional que es.
Es decir, los tiempos no están para bromas, aunque en estas Canarias nuestras
todavía queden algunos ciudadanos empeñados en seguir hablando de asuntos como
el autogobierno de las islas y de las graduaciones que podría ir adquiriendo
esa modalidad de conducir un pueblo en vísperas de inminentes reformas
estatutarias o constitucionales.
Se trataría, ni más ni menos, de modernizar, de poner a punto, el régimen de
autogobierno de Canarias en un Estado español y en una Unión Europea
cambiantes.
Una modernización del autogobierno que se ha visto frenada la pasada
legislatura con la devolución de la propuesta del nuevo Estatuto del
Archipiélago por parte de las Cortes Generales españolas, y enrarecida por los
recelos entre los tres partidos con representación en el Parlamento de
Canarias, en cuanto a la nueva propuesta de texto a elevar en el futuro.
Reforma electoral incluida o no incluida en esa norma en retramitación.
Esta vez dependemos de los nuevos rumbos federales o confederales
de
Y dependemos también de la puesta en práctica del Tratado de Lisboa y de lo que
supondrá en el futuro esa denominación de región ultraperiférica aplicada a
Canarias.
Y, ¿por qué no?, con lo que nos depare, por cercanía y geopolítica, el
contencioso entre Marruecos y el Sáhara Occidental.
Tres marcos de referencia: España, Europa y el África vecina, que determinarán
buena parte de nuestro nuevo estatus.
¿Qué hacer en un momento tan trascendental como éste? ¿Esperar acontecimientos
o pensar por nosotros mismos y si es posible con algo de anticipación
inteligente?
El debate de nuestro futuro régimen de autogobierno está abierto y no hay que
tenerle miedo ni ponerle puertas al campo de la discusión responsable.
En principio, el trabajo realizado por los redactores del Estatuto de Autonomía
reformado que llegó a Madrid la pasada legislatura y volvió de Madrid sin su
tramitación correspondiente, merece una lectura atenta, aparte de las ya
aludidas suspicacias socialistas sobre el nuevo modelo electoral.
Desde el Preámbulo del nuevo texto, donde se ahonda con rigor en nuestras
características geográficas, históricas y culturales, hasta la reorganización
judicial que incluye convertir al Tribunal Superior de Justicia de Canarias en
la última instancia jurisdiccional y la creación del Consejo de Justicia de
Canarias, la previsión dentro del Régimen Económico y Fiscal de Canarias de
mecanismos de financiación que garanticen la inversión estatal sin
improvisaciones, la creación de
Novedades todas ellas de una norma institucional básica que nos permitiría
acercarnos a la comunidades autónomas peninsulares que hoy gozan de mayores
libertades para enfrentar sus asuntos directamente, sin la tutela estatal.
Canarias no debe aceptar, en cuanto a su ámbito
competencial, que se le trate por debajo de ninguna otra comunidad autónoma
peninsular, ya sea todo lo histórica que sea.
No podemos resignarnos a lo que ocurrió en 1978 al elaborar
Todas estas incertidumbres son las que han propiciado semanas atrás un debate
que sigue en los medios de comunicación y que ha de suscitarse en las
organizaciones políticas canarias, en especial en las organizaciones
nacionalistas.
La legislación española y los legisladores españoles han concebido a Canarias a
lo largo de la historia de muy distintas maneras. Primero como una serie de
islas, unas de realengo y otras de señorío; después de las Cortes de Cádiz,
como una provincia única con capitalidad en permanente litigio; en la frustrada
constitución de
¿Dejamos que nos sigan definiendo los otros o intentamos definirnos nosotros
mismos?
¿Cuál es la hoja de ruta en estos momentos para las fuerzas nacionalistas
canarias? ¿Están o no están en su derecho de intentar conocer otras
posibilidades para una modernización del autogobierno de las islas? Por poner
sólo un ejemplo: ¿Es descabellado pensar en una interlocución directa con
Europa? ¿Qué méritos geográficos, históricos y culturales tienen otros
territorios como Malta para gozar de ese estatus en la actualidad sin
traumatismos políticos de ningún tipo?
¿Por qué negarnos a hablar de estas cosas?
Si el Estado español se interroga sobre su futuro político, si