(A propósito del 40 aniversario del Mayo
´68)
Me
llegó hace pocos días una amable invitación para asistir a una mesa redonda
sobre el ‘Mayo
Obviamente no iré. No sólo por la imposibilidad del desplazamiento, sino porque también he sido toda la vida un militante de base, nunca hablé en el Claustro como representante, tampoco estuve en la comitiva que se reunió con Román Rodríguez en aquellos años de engañifa presidencial del que fuera líder estudiantil devenido en mariachi politiquero, y en suma, no me veo sentado en un acto institucional charlando sobre la revolución frustrada que aconteció hace 40 años, eso queda mejor para especialistas en ciencias políticas y demás figurines de verborrea progresista que acostumbran a llenarse la boca con los manjares caducados del pasado.
De todas formas, he rescatado del disco duro
algunos párrafos ahora revisados aquí a propósito del aniversario “sesentayochesco” y la vez en que conocí personalmente a una
de las figuras más carismáticas en la historia del Mayo francés, Daniel Cohn Bendit, que visitó nuestras
islas hace algún tiempo para debatir sobre temas tan recurrentes hoy en día
como la inmigración y el ecologismo, todo ello en calidad de su escaño como
eurodiputado verde, aunque a decir verdad, su presencia mediática siempre puede
y debe llevarnos a una reflexión sobre el estado actual del movimiento
estudiantil en cualquier parte del globo.
Bajo el eslogan vociferado al unísono de “la
imaginación al poder” se construyeron los pasajes más reverenciados del
movimiento estudiantil moderno, allá por el mítico año 68, cuando un 15 de Mayo
fue ocupado por los estudiantes el Teatro Odeón y la prensa internacional
ofrecía la disputa entre el General De Gaulle y las
vanguardias progresistas de la sociedad francesa, que como buena parte de
Europa, resultaban conmocionadas por los seísmos de la independencia de
Argelia, la revolución cubana y la guerra imperialista en Vietnam.
Con todo, estos episodios de revueltas
estudiantiles en las universidades de “Berkeley” y “
Y fíjense que ya ha llovido mucho desde
entonces, cuarenta años nada menos, pero sin lugar a dudas, se podrían rescatar
varias interrogantes sobre la proyección de aquellos acontecimientos, tanto la
vigencia de los valores del 68, que aún perduran en los coletazos de toda
protesta estudiantil, como el papel generacional adquirido por quienes han
sucumbido a los vicios profesionales de la política oficial y las peyorativas
revisiones socialdemócratas del capitalismo con vaselina.
Cuando ya han pasado a nivel de reseñas
periodísticas las manifestaciones contra
Más aún cuando ahora, la desmemoria reinante
en los pasillos de muchas facultades y el cerco perenne sobre los centros
públicos de enseñanzas medias nos lleva a una terrible amnesia, superada en
algo con los conatos de las últimas protestas contra el nuevo calendario
académico impulsado por Eduardo Domenech, un
reconocido pediatra con aires de grandeza metido a rector de tres al cuarto,
con pinta de espantapájaros ilustre apalancado en medio de la patética finca “for sale” que es hoy en día
Precisamente, en las últimas décadas se ha
sucedido un repetido círculo constatado generacionalmente, con el detonante
impositivo de una ley educativa española (por ejemplo
Todo ello, con la peculiaridad sociológica
de que en Canarias las cosas son doblemente retorcidas, ya que la utilización
de la universidad como trampolín electoral se ha dado con buena parte de la
clase política y las carencias estructurales para el mundo de la enseñanza
(tanto para profesores, como para estudiantes) se ven agraviadas por la falta
de soberanía educativa y las raquíticas competencias autonómicas ante la lógica
europea neoliberal, algo que hipoteca aún más si cabe, la realidad social y el
porvenir educativo de nuestro pueblo.
Sin lugar a dudas, el movimiento estudiantil
canario, en cursiva y en negrita con su espiral histórica de auges y retrocesos,
tiene una importante fuente de inspiración sobre sus errores y aciertos del
pasado que debe ser estudiado sesudamente desde la praxis permanente.
Además que
tiene unos retos inexpugnables para su supervivencia en ese futuro inmediato
marcado por la implantación del Plan Bolonia, que nos será impuesto con tachas
y a lo bestia desde Bruselas, siendo la retahíla del 68 con eso de “la
imaginación al poder” una referencia simbólica aún repleta de contenido
revolucionario ante los factores de la desmovilización en las aulas, la
burocracia sindical en los profesores y la dictadura administrativa del
Ministerio español que se jacta por su viejo complejo de inferioridad ante los
gabachos franceses con una mediocre europeidad bien ejemplificada en la gran payasada
del chiquilicuatre.
Eso sí, aprovechando las experiencias
vivenciadas por muchos de nosotros años atrás, tras la memorable ocupación de
Y es
que para colmo de males, después de bastantes años de militancia muchos de
nosotros hemos visto como otros han sabido coger la ola más chachi, con total
descaro demagógico sacándole una buena tajada a la rentabilidad del movimiento
estudiantil, como la conocida estudiante isleña que se sumó a última hora
contra
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