La independencia de Kosovo
Ramón Castilla Moreno
Aplicando ese viejo
refrán "climatológico" vemos que, efectivamente, "después de
aquellas lluvias han venido estos lodos"… Que es lo que ha pasado con la
proclamación de independencia de Kosovo. ¡Y no será
porque voces autorizadas de la escena internacional no lo hayan advertido!
Recuérdese que en el año 1989 tuvo lugar en Budapest (Hungría) la celebración
de un importante foro mundial, en el que participaron destacadas personalidades
en diversas materias como: politólogos, analistas internacionales, expertos en
prospectiva mundial, estrategas, etcétera.
Pues bien, entre las
conclusiones a las que llegaron estos "sabios" se hizo especial
énfasis en que el gran reto para la humanidad en este siglo XXI, lo
constituirían tres cuestiones capitales: las reivindicaciones territoriales,
como consecuencia de la cohesión artificiosa de los Estados (y ahí están los ejemplos
de la antigua URSS y de la ex Yugoslavia, ¡y de la misma España!); la eclosión
de los nacionalismos, como consecuencia de lo anterior, y la obtención y
posesión del "oro blanco", el agua. Y no les faltaba razón a estas
celebridades, como hemos constatado en todo este tiempo. Sobre todo en esa
Europa de los 27, en la que estamos "incluidos" (¡habrá alguna
"incorporación territorial" más artificiosa y anacrónica que
Canarias!), donde el reciente caso de Kosovo -que no
es otra cosa- proclamando su independencia (unilateralmente, claro), es un
claro e inequívoco exponente de aquellos acertados vaticinios.
Pero como la memoria
histórica es tan frágil y quebradiza, y ahora que cada cual cuenta de la fiesta
según le va (sobre todo Serbia y Rusia), conviene hacer algunas precisiones al
respecto para no obviar algunos acontecimientos que han incidido decididamente
en el proceso kosovar. En efecto, la espinosa
cuestión de Kosovo, no resuelta en casi una década,
se instaló nuevamente en el centro neurálgico de la política internacional,
cuando el 10 de junio de 2007, embriagado sin duda por el recibimiento triunfal
en Tirana (Albania), el presidente de los Estados Unidos, George
W. Bush, alarmó a las cancillerías al declarar que
era necesario decir "¡basta!" cuando las negociaciones se prolongan
demasiado. Según el mandatario norteamericano, Kosovo
debía proclamar su independencia de manera unilateral, "status" que
Washington reconocería de inmediato, sin esperar al veredicto del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas (The Internacional Herald Tribune, 11 de junio de
2007). ¡Como así ha sido!
En ese contexto
geopolítico, donde las potencias hegemónicas hacen una interpretación "sui
generis" (como en otras situaciones) del Derecho Internacional, cabe
preguntarse por qué razones en Palestina -por ejemplo- cincuenta años no han
sido suficientes para crear un Estado independiente (con las trágicas
consecuencias conocidas), y por qué, en cambio, debía resolverse la cuestión de
Kosovo cuanto antes. En los Balcanes está ampliamente
demostrado que precipitación diplomática es sinónimo de catástrofe. Recordemos
lo mucho que la prisa de Alemania y el Vaticano por reconocer en 1991 la
secesión de Croacia favoreció la dislocación de la antigua Yugoslavia y el
inicio de la guerra serbo-croata, seguida por la guerra de Bosnia.
Sin minimizar en
absoluto el nefasto papel del ex presidente Slobodan Milosevic y de los extremistas partidarios de la "Gran
Serbia", debe admitirse que ciertas potencias europeas tienen una gran
responsabilidad en estos enfrentamientos, los más sanguinarios y mortíferos
-con diferencia- en el Viejo Continente desde
La independencia será
tal vez la solución inevitable para Kosovo, tan
enormes son los obstáculos en el engranaje administrativo de Serbia. Pero esa
vía sólo se consolidará en el marco de una concertación estrecha y prolongada
con Belgrado, preocupado, por otra parte, en la protección de la minoría serbia
que permanece en Kosovo. De ahí que el Parlamento kosovar se haya apresurado a aprobar una declaración que
consagra el carácter "multiétnico" de la
nueva república.
Una independencia por
demás precipitada, como reclamara el presidente Bush,
no negociada en el marco de