Independentismo
e individualismo
Altahay
Santana
Nadie puede negar el factor individualista de esta
sociedad capitalizada. Individualista no es solo aquel que consume, viste o se
comporta según las modas y clichés que la globalización nos va definiendo, sino
aquel que exporta este comportamiento, incluso desde su conciencia antineoliberalista, en la lucha política. Difícil se hace
romper con los moldes en los que el ser humano – o más bien deshumano – está
sumido desde que nace, por el simple hecho de vivir en un planeta donde manda
más el capital que las personas y donde el desarraigo no es solo cultural, sino
humano.
Desde esta concepción materialista, es lógico que
seamos otro producto más dentro de la sociedad de consumo, hasta tal punto, que
en la mayoría de ocasiones perderemos la capacidad de raciocinio -que
supuestamente nos diferenciaba del resto de animales- y la cambiaremos
por una lucha individual por las cosas que “consideramos” nos hacen falta, como
prendas, artículos tecnológicos o productos alimenticios con mejor marketing
que sabor o propiedades, por poner algunos ejemplos. Y todo esto, ¿para qué?
¿Para quién? ¿Para hacerlo colectivo? ¿Por qué es una verdadera necesidad? No. Más
bien porque el capitalismo necesita seres individualistas que consuman lo
propio. La interacción entre individuos no es factible a no ser que conlleve un
trasfondo mercantilista.
En la vida política, o en lo que queda vivo de la
política, la globalización neoliberal necesita las mismas estrategias. Ya no es
peligrosa una persona que piense contra el sistema, ya no es necesario
acercarse a su casa, detenerla en público y llevarla a un campo de
concentración. El individuo por si mismo ya no es tan peligroso, porque las
cosas están mejor atadas. Por muchas ideas de izquierdas que tengamos metidas
en la cabeza, nuestro comportamiento día a día sigue siendo, como bien le
interesa al sistema, individual. Lo que hacemos, lo hacemos sobre todo, por
nuestro propio bien, y no por el conjunto de la sociedad. Nuestras
aspiraciones, por mucha conciencia que nos apliquemos, no van mucho más allá de
coche, casa y trabajo (moto, piva y fiesta los fines
de semana en otros casos).
Hemos llegado a un punto, en el que las personas se
conforman con tener las que creen son sus “propias ideas”, como si el hecho de autoafirmar que uno dispone de la razón fuera a cambiar el
mundo. Pero desde luego que no sirve tener ideas propias, si éstas no se
colectivizan, no se comparten, debaten, extienden y mejoran a través de la
comunicación y participación colectiva.
Afloran hoy en día, por poner un ejemplo, los blogs independentistas. Digamos que haciendo una
exageración, aunque tampoco demasiado alejada de la realidad, pueden haber más blogs independentistas que militantes trabajan en una
organización. La era tecnológica de la información nos acerca a la comunicación
on-line, pero
paralelamente, y a no ser que pongamos remedio, nos aleja de la comunicación in
situ. Con esto no quiero obviar el importante papel que desde el desarrollo
intelectual y comunicativo se potencia desde la blogsfera,
pero si hacer constatar la rápida capacidad que tenemos para construir
proyectos personales y la facilidad para poner peros
a la creación colectiva.
Tenemos en Canarias proyectos editoriales, medios de
comunicación, organizaciones políticas, juveniles, culturales, ecologistas,
sociales y sindicales. No es que tengamos lo que nos han dado, sino que tenemos
lo que hemos querido tener. Pero sin embargo, siempre habrá lugar para un “es
que no tenemos un referente” o un “nos falta un medio de comunicación”, “yo me
sumaré cuando haya un solo partido” o incluso el más egoísta de todos:
“no tengo tiempo” – como si el resto de los mortales tuvieran por descontado 4
horas al día destinadas al trabajo político -.
La suma del tiempo que se empleará en escribir este
artículo, en leerlo, alabarlo o criticarlo, supone el suficiente como para
iniciar, debatir y construir una acción colectiva capaz de llegar a mucha más gente
que un simple texto que será colgado en tres o cuatro webs
bajo la sección de “opinión”. Pero claro que aun estamos verdes en muchas
cosas, y el trabajo colectivo sigue siendo para muchos aun un desconocido.
Los referentes no aparecen por arte de magia, los
referentes se tienen que construir. Y esto no es factible si no es desde una
perspectiva colectiva, porque no nos hará más fuertes tener más voces, sino
tener voces organizadas. Jamás podremos medir el nivel del independentismo en
base al número de webs que aparecen y seguirán
apareciendo hablando de la necesidad de la independencia, sino de la capacidad
de articular y/o apoyar los proyectos colectivos de
trabajo, análisis y difusión de nuestras ideas.
Seguro que cada uno de nosotrøs
conoce a más de uno que se declara independentista, y a más de uno que opina
sobre la situación del independentismo y sus múltiples organizaciones y
proyectos, pero ¿a cuantos conocemos que financien o apoyen uno de ellos? Y si
el problema es falta de tiempo (no confundir tiempo con ganas), siempre
quedarán alternativas, como la colaboración puntual –que no es solo ir a los
actos– o la colaboración económica -guarda un euro cada vez que nombras la
palabra independencia en un bar con una cerveza en la mano-.
Todos podemos ser conscientes de las carencias y
necesidades del independentismo, pero pocos son capaces de apostar por ser
parte de la solución. Desde luego que aun tenemos que superar muchos problemas,
pero no nos hagamos los locos, porque la cosa sí va con nosotros. No basta con
participar en un foro, crear un blog, colgar un video en youtube
o apuntarse a la actividad de la semana, hay que meterse
en el agua y mojarse, porque sequitos no conseguimos nada.
* Miembro de Alternativa Nacionalista Canaria